Anna Ajmátova – Анна Ахматова

Anna Andréyevna Górenko fue una poetisa ucraniana nacida el ​11 de julio de 1889 en Odesa, Ucrania. Utilizó el pseudónimo de Anna Ajmátova, pues su padre no quería que 《manchara》 su apellido con su poesía, que inició a los 11 años de edad. 

Anna utilizó entonces el apellido de su bisabuela tàrtara como nombre artístico. 

Es muy importante aclarar que Anna Ajmátova nació en Odesa, en la actual Ucrania; en ese entonces todo el terrirotio actual ucraniano (incluida Odesa) eran parte del Inperio ruso,  por lo que la catalogan como una poetisa rusa, pero actualmente es Ucrania, por lo que fue una escritora ucraniana, no rusa. 

Yo no sé si vosotros estáis vivos o muertos

Anna Andréyevna vivió bajo la terrible sombra del estalinismo; su trabajo fue censurado, prohibido, y sus seres queridos fueron encarcelados o ejecutados; y a pesar de todo, escogió seguir viviendo en Rusia, con valentía, bajo el régimen que la torturó de una forma indecible. Ucrania, su tierra natal, sufría ese mismo despotismo.

El sufrimiento que vivieron las personas durante ese período es reflejado a la perfección en su poesía, aunque como ha sucedido con la mayoría de las grandes personalidades de la literatura, artes plásticas, música, ciencias, y muchos aspectos más de la cultura y el saber, además de elementos del folclore, durante la historia, fue tergiversado a propósito su origen ucraniano, plasmándolo en los libros de texto bajo una nacionalidad falsa. 

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Fue la hija de una familia de la nobleza, cuyo jefe de familia era Andréi Antónovich Górenko, de origen eslavo, mientras su madre era tártara.

Cuando tenía 16 años de edad, sus padres se separaron. Estudió derecho en la Universidad de Kyiv; también latín, historia y literatura, y luego viajó a San Petersburgo, en donde conoció y contrajo matrimonio con Nikolai Gumiliov en 1910. 

De este matrimonio nació el único hijo de Anna, Lev, quien luego fuera conocido como un gran historiador neoeurasianista. 

Quien fuera el esposo de Anna Ajmátova desde 1910 hasta 1918, fue uno de los máximos expositores de una escuela literaria llamada “acmeísmo”:

Hasta fines del siglo XIX, tanto la poesía como las letras de canciones folclóricas utilizaban mucho simbolismo, como hemos visto en varias piezas musicales (ejemplo). La escuela acmeísta, a principios del siglo XX, intenta romper este simbolismo en cada elemento de los poemas, y trata de darle de nuevo el carácter semántico; de esta forma, si el poema habla de un roble, ya no se está refiriendo a la masculinidad o a la fuerza que simboliza el roble, sino al árbol en sí. 

Anna llevaba 5 años cultivando su carrera en su residencia, de grandes hacendados (pues lo eran sus padres), en donde Nikolai también residía; se dice que el joven quedó enamorado de ella, y la pretendía sin ser correspondido, hasta el punto de amenazar cometer suicidio si ella no lo aceptaba; ella lo aceptó finalmente “por cansancio” de tanta insistencia, afirma el experto Nathanson.

ANNA Y AMEDEO MODIGLIANI

Anna y su esposo fueron de luna de miel a Paris, y la bella muchacha ucraniana de 21 años fue la sensación de esa gran ciudad. Al ser ambos poetas ya reconocidos, se entremezclaron inmediatamente con la sociedad artística parisina. 

Dentro de este cerrado grupo estaba el joven italiano recién venido (4 años) a Paris Amedeo Modigliani; de quijada fuerte, nariz respingada romana y carácter fuerte, Anna se sintió atraída por el joven italiano, y ambos se volvieron “amigos inseparables”.

Se juntaron corazones y mentes 

Dice Richard Nathanson, quien afirma que Amedeo dibujó a Anna en 16 ocasiones y en 28 obras, de las cuales se sabe que 3 sobrevivieron a las inclemencias del tiempo y están en exhibiciones públicas. 

Una vez que uno nota la conexión (entre ambos), se le puede ver en casi todas las pinturas.

Anna se escapaba a ver a Modigliani al ir su marido a visitar antiguos amigos en Paris; escribió:

Aun cuando llovía (a menudo en Paris), Modigliani tomaba un viejo y gigante paraguas. Nos sentariamos juntos bajo este paraguas en una banca del “Jardin du Luxembourg” bajo la tibia lluvia del verano. Recitaríamos a Verlaine a dos voces, a quien conocíamos de corazón, y nos alegraríamos por compartir intereses.

“Todos sus sueños se encarnaron en esta dama” dice Nathanson, “no era de este mundo y presentaba belleza física y gracia”. 

Luego regresaron Anna y su esposo a su vivienda, lo que fue seguido con un torrente de correspondencia nunca antes ni después visto con respecto a Modigliani y sus amores. Pero era recíproco, pues Anna regresó a los pocos meses, esta vez sola; ella escribió luego: “¿Porqué, oh porqué, te encuentro mejor a ti que a aquel al que escogí?”.

Palabras de Anna Akhmatova sobre Amedeo Modigliani

《Creo a quienes lo describen diferente a como lo conocí, porque, en primer lugar, sólo pude percibir algunos aspectos de su esencia luminosa. Además, yo era sencillamente una extraña y, tal vez en su momento una mujer incomprensible de veinte años y extranjera.

En segundo lugar, pude notar en él un gran cambio cuando volvimos a encontrarnos en 1911. En cierta medida, él lucía más delgado y moreno.

Amedeo Modigliani

En 1910 lo vi tan solo algunas veces. Sin embargo, él me escribió durante todo el invierno. No me dijo que escribía poesía.

Ahora entiendo que, más que todo, le impresionó mi facultad de adivinar pensamientos, ver sueños ajenos y otras menudencias a las cuales, los que me conocen se habían acostumbrado hace tiempo. Él repetía constantemente: On communique. Con frecuencia decía: In n’y a que vous pour realiser cela.

Seguramente ninguno de nosotros dos comprendía algo esencial: todo lo sucedido hasta entonces, era la prehistoria de nuestras vidas, la de él muy corta y la mía muy larga. El aliento del arte no había transfigurado aún nuestras existencias. Este era un momento ligero, claro, crepuscular. Pero el futuro, el cual, como es sabido, arroja su sombra mucho antes de salir, tocó la ventana, se escondió tras los faroles, atravesó los sueños y sorprendió con el terrible París baudeleriano que se ocultaba en algún lugar cercano. Todo lo divino en Modigliani se escondía en una especie de tiniebla. Él no se parecía a nadie de este mundo. Su voz se quedó para siempre en mi memoria.

Lo conocí miserable. Inexplicablemente subsistía. Como artista no tenía ni la sombra de la fama. 

Vivía entonces (en 1911) en Impasse Falguiére. Era tan pobre que en el Jardín de Luxemburgo nos sentábamos siempre en banco y no en las sillas alquiladas, como era costumbre. No se quejaba en lo más mínimo, ni de su evidente situación precaria, ni de su igualmente evidente falta de reconocimiento público.

Sólo una vez, en 1911, dijo que en el invierno anterior había estado tan mal, que ni siquiera había podido pensar en lo más valioso para él. A mí me parecía que lo rodeaba un fuerte anillo de soledad. No recuerdo que se haya inclinado ante nadie en el Jardín de Luxemburgo, ni en el Barrio Latino, donde todos se conocían. No le escuché pronunciar el nombre de ningún amigo, conocido o pintor. Tampoco una broma. Nunca lo vi ebrio, ni exhalaba olor a vino.

Evidentemente se dio a la bebida más tarde, pero el hachís ya figuraba en sus cuentos. No se le conocía por entonces ninguna compañera de vida. Jamás contó historias sobre algún romance anterior (cosa que, ¡ay!, hacen todos). Conmigo no hablaba de nada terrenal. Era cortés, pero no como consecuencia de la
educación del hogar, sino por la elevación de su espíritu.

En ese tiempo él trabajaba una escultura en el patiecito situado junto a su taller. En el callejón ciego y desolado se escuchaban los golpes de su martillo. Las paredes del taller estaban llenas de retratos de gran dimensión. A mí me parece ahora que eran tan altos como las paredes.

No he visto reproducciones de ellos, ¿Sobrevivirían? Llamaba a su escultura «la chose». Creo que fue expuesta en Independants en 1911. Me pidió que fuera a verla, pero en la exposición no se acercó a mí, porque yo no estaba sola, sino con algunos amigos. En los tiempos de mis grandes pérdidas desapareció hasta la fotografía que él me regaló junto a su obra.

En esa época Modigliani deliraba por Egipto. Él me llevó al Louvre a ver el salón egipcio. Aseguraba que el resto [tout le reste] no era digno de atención. Dibujó mi cabeza con adornos de reinas y bailarinas egipcias. Parecía cautivado por el arte egipcio antiguo. Evidentemente, Egipto fue su última pasión. Ya muy pronto él se haría tan original, que no quisiera recordar nada más al mirar sus lienzos.Ahora a esta etapa de Modigliani la llaman Période nègre.

El decía de mis collares africanos: Les bijoux doivent etre sauvages y me dibujaba con ellos puestos. Me llevaba por las noches a ver el vieux París derriere Pantheón a la luz de la luna.
Conocía bien la ciudad, sin embargo, una vez nos extraviamos. Él dijo: J`ai oublié qu`il y a une ile au milieu. Me estaba mostrando el París auténtico.

En cuanto a la Venus de Milo, decía que las mujeres perfectamente proporcionales, a las cuales vale la pena pintar, siempre parecen torpes cuando están vestidas.

En una monografía americana leí que probablemente Beatriz X, la misma que lo llamara «perla y cerdo», había ejercido una 1gran influencia sobre Modigliani. Puedo y considero imprescindible testimoniar que Modigliani era igualmente culto mucho antes de conocer a Beatriz X, es decir, en el año 1910. Y dudosamente una dama que llame cerdo a un gran pintor, sea capaz de ilustrar a alguien.

La gente mayor nos mostraba por cuál vereda del Jardín de Luxemburgo paseaba Verlaine, con un séquito de admiradores desde «su café», donde él declamaba diariamente, para después
almorzar en «su restaurante»》

Más sobre “Las Voces del Silencio” de Anna Akhmatova en este enlace

Modigliani influyó tremendamente sobre la poesía de Anna; pero lo que más la formó, fue la forma tan cruel como la trató el régimen político que predominaba en el pais donde vivía, el Bolchevique.

Tras su regreso a San Petersburgo, la poetisa tuvo a su primer y único hijo, Lev, y se divorció de su esposo en 1918. Luego Gumilev fue ejecutado por “Actividades contrarrevolucionarias” en 1921. 

Ya de adulto, Lev pasó años en prisión en Siberia, mientras su madre rogaba continuamente por su liberación, aun poniendo su propia vida en peligro. 

Y su próximo amor, quien fuera arrestado también en repetidas ocasiones, murió en el gulag en 1953

Lo más devastador de todo fue su silencio. Para una dama que vivía para escribir poesía, la prohibición de Stalin a cada aspecto de la vida que no 《cuadrara》 dentro del régimen – eventualmente prohibió la totalidad de su trabajo – fue muy doloroso.

 Durante estos años, cuando el delatarse entre vecinos era una actividad que el gobierno fomentaba, Ajmátova tuvo que  confiar en sus amigos más íntimos para que se memorizaran su poesía.

Chukovskaya recordó.

Ella quedaba en silencio….tomaba un trozo de papel y un lápiz…cubría el pedazo de papel a prisa y me lo pasaba en secreto. Yo leía los poemas, y habiéndolos memorizado, le devolvía el papel en silencio.

“El otoño vino antes este año” decía a todo volumen Anna Andréyevna (para engañar a cualquiera que estuviera escuchando furtivamente), y encendiendo un cerillo, incineraba el papel sobre un cenicero.

Anna estuvo casada también con Vladimir Shileiko de 1928 a 1922, un destacado asiriólogo; luego con Nikolái Punin hasta 1938, cuando murió, como dijimos, de hambre y agotamiento en un campo de concentración.

En 1944 fue con su hijo, liberado por fin de varios períodos de tiempo en la cárcel y en Siberia, a Leningrado, en donde se ganó la vida traduciendo a Leopardi y también algunos ensayos de Aleksandr Pushkin. 

En 1945 el británico Isaiah Berlin le hizo una “corta visita” de 20 horas, durante la cual, Anna cometió el error de sincerarse con él con respecto a la prohibición de su poesía, lo que hizo que volvieran a encerrar a su hijo Lev por 10 años. Pero esta vez no calló; siguió adelante con su trabajo 《Réquiem》, en el que explica que en la 《Unión Soviética》 de ese entonces, 《sólo los muertos vivían en paz, pues los vivos se la pasaban de un campo de concentración a otro》.

En noviembre de 1965, fue por fin autorizada para viajar a Inglaterra para recibir un doctorado Honoris causa de la Universidad de Oxford, pero el 5 de marzo de 1966 ella sufrió un infarto al corazón, y falleció.

Pero su breve unión dejó una imagen duradera en el trabajo de Modigliani; 《conocerla cambió su arte profundamente》 dice Nathanson. 《Más allá de la belleza de los trabajos individuales per se, la fascinación en particular por esta exhibición, revela gradualmente la emergencia de este vocabulario conciso y elegante característico de Modigliani, y todo lo que el mencionado vocabulario tiene todo qie ver con Anna Ajmátova》.

Citamos también a Joseph Brodsky, quien la describe:

Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro,morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la ha dibujado, pintado, esculpido en yeso y mármol, fotografiado un sinnúmero de personas, empezando por Modigliani. Los versos dedicados a ella formarían más volúmenesque su obra entera.

ALGUNOS POEMAS DE ANNA AJMÁTOVA

(Presionar sobre el triángulo con el titulo del poema para expanderlo)
LA TIERRA NATAL


No la llevamos en oscuros amuletos,
ni escribimos arrebatados suspiros
sobre ella,
no perturba nuestro amargo sueño,
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
en objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros es tierra en los
zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los
dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,
y por eso, dichosos, la llamamos
nuestra.



CUANDO ESCUCHES EL TRUENO…..

Cuando escuches el trueno me
recordarás
y tal vez pienses que amaba la
tormenta…
El rayado del cielo se verá fuertemente
carmesí
el corazón, como entonces, estará en
el fuego.
Esto sucederá un día en Moscú
cuando abandone la ciudad para
siempre
y me precipite hacia el puerto deseado
dejando entre ustedes apenas mi
sombra.


CUANDO LA LUNA ES DE MELÓN

Cuando la luna es de melón una tajada
en la ventana
y en redor es la calina cerrada la puerta
y la casa encantada
por las azules ramas de glicinas y en la
fuente de arcilla hay agua fría
y la nieve del paño y arde una bujía de
cera
tal que en la niñez, mariposas zumban
la calma, que no oye mi palabra,
retumba
entonces de lo negro de rincones
rembrandtianos algo se ovilla de pronto
y se esconde allí a mano, pero no me
estremezco, ni me asusto siquiera…
la soledad en sus redes me hizo
prisionera
el gato negro el alma me mira, como
ojos centenarios
y en el espejo mi doble es tal vez mi
contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas
noches, noche.

LA MUSA
Cuando en la noche oscura espero su


llegada,
se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad
incluso,
cuando ella acude presta y toca el
caramillo?

Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado
el velo
y se me queda mirando larga y
Fijamente. Yo digo:
“¿Has sido tú la que le dictó a Dante las
páginas
sobre el infierno?”
Y ella responde: “Yo soy aquella.”

SONETO DE ESTÍO


Más que yo vivirá lo que aquí vive,
hasta los nidos de los estorninos,
y este aire migratorio que cruzó,
aire primaveral, la mar en vuelo.
La voz eternidad de allá nos llama,
del más allá con su invencible fuerza,


y por encima del cerezo en flor,
la luz lunar menguando se derrama.
Parece que blanquea sin estorbo,
a través de las verdes espesuras,
la senda que no digo adónde lleva…
Allí hay más claridad entre los troncos
y todo se asemeja a la arboleda
que circunda el estanque en Tsárkoie
Seló.


Yo sigo adelante buscando –
Buscando y reclamando el adorable mágico jardín
Donde los pastos suavemente
Y las musas hablan.


No hay muerte, cada uno de nosotros lo sabe.

De decir es banal

Dejaré a otros el explicar.



Ningún cielo extranjero me protegió

Ningún ala extranjera cubrió mi rostro,

Permanecí como testigo del lote común,

Sobreviviente de ese tiempo, ese lugar.




Y yo no rezo sólo por mi misma…

Por todos los que estaban del otro lado de las rejas,

En el amargo invierno o el blaze de verano,

Conmigo bajo ese muro rojo y ciego.



Hoy yo tengo mucho que hacer:

Debo matar la memoria de una vez por todas

Debo volver de piedra mi alma,

Debo aprender a vivir de nuevo —

A menos…..


Estos fragmentos de su poesía se encuentran en su libro “Réquiem”  que escribió entre 1935 y 1940, pero que fue publicado hasta 1963 y 1987. 

Más de sus poemas (traducidos al inglés) en este enlace

Más de sus poemas (traducidos al español) tras este enlace

Video Reportaje sobre Anna y Amedeo (en ruso)


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