Sueño – Сон

El poema 《Sueño》escrito el 8 de julio de 1844 por Tarás  Shevchenko, es realmente una sátira sobre el régimen despótico de Nicolás I.

Taras Schevchenko por Nairobi Prahl

Hemos leído un poco en artículos anteriores, como por ejemplo el de “¿Braman los bueyes si los comederos están llenos?” , sobre la esclavitud y opresión que vivía el pueblo ucraniano durante la época que sufrió la invasión por el Imperio ruso. 

En marzo de 1845, Tarás Schevchenko viajó a Ucrania para encontrarse con Nikolay Kostomarov, historiador, y otros miembros de la sociedad clandestina “La hermandad de San Cirilo y San Metodio”, conocida también como “La sociedad Ucraniano-Eslávica”, que luchaba por la transformación de las naciones eslavas a un modelo “tipo federación”, y sobre todo la liberación de la esclavitud que el imperio ruso les imponía. 

Ante la supresión sobre la sociedad por las autoridades del imperio, Schevchenko escribió este poema, conocido en ucraniano como “Сон” (Sueño en su traducción también al español). El escrito fue confiscado por los miembros de la sociedad, pero igualmente se convirtió en una de las causas principales del escándalo. 

El poeta fue arrestado debido a este poema el 4 de abril de 1847, junto con otros miembros de la sociedad, y el zar Nicolás I leyó frente a ellos el poema “Sueño”. 

Vissarion Belinsky escribió en sus memorias que Nicolás I, quien hablaba bastante bien el ucraniano, leyó con risas la parte en la que Schevchenko lo describía; pero su humor se tornó amargo cuando pasó a la parte en la que el poeta describia a su esposa.
Schevchenko se burlaba de los tics faciales y la apariencia “perniflaca” de la escuálida zarina, que ella había desarrollado en su temor al 《levantamiento decembrista》 y los planes de éste para asesinar a su familia. 

El zar se dirigió a Tarás y le dijo: 《yo supongo que él tuvo razones para no estar de acuerdo conmigo, pero ¿qué hizo ella para merecer esto?》 

Orlov Schevchenko anotó que en el reporte oficial: 《 utilizó el lenguaje de la pequeña rusia, de contenido escandaloso, en lugar de mostrar gratitud por haberlo liberado de la servidumbre》Reclamaba también que Tarás Schevchenko 《estaba expresándose con un grito de protesta contra la esclavitud y desastre de Ucrania, glorificando el hetmanato Kozako y las libertades Kozakas y que “con increíble audacia calumnió e insultó a personas de la Casa Imperial》. 

Mientras que estaba bajo investigación, el poeta estuvo en prisión en San Petersburgo en las carceletas del tercer departamento de la Cancilleria Imperial, en la Calle Panteleimonovskaya. Luego fue trasladado a Orenburg, cerca de los montes urales. El zar Nicolas I incluso añadió a la sentencia que 《deberá estar bajo estricta vigilancia, sin el derecho de escribir o pintar》. 

Taras Schevchenko por Nairobi Prahl

Taras Schevchenko finalmente regresó del exilio en 1857, pero bajo prohibición de retornar a San Petersburgo o mucho menos a Ucrania, su patria. Hasta mayo de 1859 obtuvo permiso de viajar a su tierra natal. En julio de ese mismo año, fue arrestado de nuevo por “blasfemia”  , pero luego liberado y obligado a regresar a San Petersburgo. 

 Falleció el 10 de marzo de 1861, cansado y enfermo por sus años en el exilio, un dia después de su cumpleaños #47. Además murió siete días antes de que se declarara finalmente la emancipación de la servidumbre. 

Ilustramos el poema con pinturas del propio escritor, quien también pintó una gran cantidad de obras de arte, de las que 853 sobreviven. También incluimos otras obras de pintores de ese siglo, y algunos de la artista Nairobi Prahl, inspirada en el poema. 

SUEÑO

Cada quién tiene su sino,
También su camino ancho.
Construye el uno y destruye
El otro. Va escudriñando
Aquél, con ávidos ojos,
Los confines, por si acaso
Hay más mundo que apandar
Para consigo enterrarlo.
A su consuegro, un tercero
Despluma, naipes en mano.


Este la navaja afila,
Oculto, contra su hermano.
Con sigilo, ése tan sobrio,
Tan circunspecto y beato,
Paciente espera que llegue
Para ti un momento malo;
Repta que repta, en el hígado
Las uñas te habrá clavado.


¡Y ocioso será implorarle
Por tu mujer y tus vástagos!
Pródigo, levanta templos
Aquel otro, lucha tanto
Por la fe y ama a la patria
Tanto, que él en su arrebato,
Lo mismo que si agua fuese,
La sangre le está chupando…
¡Y todos, como corderos,
Atónitos y callados!


“Bueno — dicen solamente —,
Así debe ser, acaso”.
¡No habiendo en el cielo Dios,
Así debe ser, es claro!
Gemís, morís bajo el yugo,
El paraíso esperando
Después de la muerte, mas
No hay nada, esperáis en vano.



Entrad en razón, ya todos
Sois hijos de Adán. Miradlo:
Niños príncipes o niños
Que van el pan mendigando.

El zar Nicolás I por Nairobi Prahl


Ése… Y aquél… Y yo, ¿qué?
Yo, buenas gentes, lo que hago
Es holgarme, banquetear,
Y no sólo en días feriados:
¡En todos! ¿Qué, me envidiáis?
¿Os quejáis? ¡Yo, ni escucharos!
¡No insultéis! ¡Mi sangre bebo,
Que no la de los extraños!
Así monologaba
Yo anoche, al regresar
Ebrio, de mi tertulia, bordeando los setos,
Por mi senda habitual
Hasta que al domicilio
Pude llegar.


Sin llorones bebés ni mujer que me riña,
Yo vivo en un edén: tranquilidad,
Así en el alma como en la cabaña…
Con la cabeza sobre el cabezal,
Ya se sabe, si uno está borracho,
Ni aunque truene el cañón se inmutará.


Aquella noche tuve un sueño.
Y era tan estupendo el tal soñar
Que hasta un abstemio se emborracharía
Y el más tacaño bien quisiera dar
Un céntimo por ver tal maravilla,
Por una ojeadita nada más…


Empero, ¡nada de eso!
Estoy viendo: algo va
Volando, parecido a una lechuza,
Por sobre la quebrada, el lago y el pradal,
Por sobre el barranco y la zanja,
Por sobre las estepas vastas de más allá,
Sobre los descampados.


Yo me elevo a mi vez, le voy detrás.
Volando, de mi tierra me despido.
¡Adiós, mi tierra natal,
La de dolor y plañido!
Yo en las nubes guardaré
Mi gran sufrir, mi martirio.


¡Ucrania, tú estás llorando
Como viuda sin arrimo!
Volaré en la medianoche
Nublada, hasta dar contigo,
Para que hablemos los dos
Con tristeza y muy quedito.
Caeré a la medianoche,
Tal como cae el rocío.
Hablaremos, tristes, hasta
Que llegue el día y tus hijos
Aun pequeños se levanten
Todos contra el enemigo.
¡Adiós, mi tierra natal,
Que ya me espera el camino!
¡Dios mantiene la verdad!
¡Tú cría a tus parvulillos!

El zar Nicolás I por Nairobi Prahl

Vuelo… Ya, ya amanece,
El horizonte arde.
Saluda el ruiseñor
Al sol en el boscaje
Umbroso. Las estepas
Sueñan, azuleándose.
De barranco en barranco
Sopla un viento suave,
Cual sobre las lagunas
Ya verdean los sauces.

Amplios huertos espesos.
En campo abierto álzanse,
Centinelas, los álamos,
Con el campo departen
En plena libertad.


En belleza se expande
Mi Ucrania natal, toda
Reverdece lavándose
Con matinal rocío
Antes que el sol se alce.
¡Su ámbito espacioso
Es inconmensurable!
¡Nada podrá matarla
Ni doblegarla! ¡Nadie!…
¡Alma mía! ¿Por qué
Has vuelto a acongojarte?
¿Por qué, por qué, alma mía,
Llorar así, a raudales?

¿Qué te aflige? ¿Nunca has visto las penas, jamás oíste
El gemir de los humanos? ¡Pues escúchalos, mas yo
Me iré lejos, por las nubes azules, a las alturas.
Allí no hay poder alguno, allí no hay cruel punición,
Allí ninguna desdicha viene a desgarrar el alma,
Mientras que en el paraíso que brilla aquí, bajo el sol,
Al lisiado los harapos le arrancan, y hasta la piel,
Para vestir y calzar a los hijos del señor.
Crucifican a una viuda porque no pagó el tributo,
Y a su hijo (su hijo único), que es su sostén y su amor,
Se lo llevan de soldado. ¡Todo les parece poco!
Ahí, junto a la empalizada, mira que de inanición
Todo hinchado está muriéndose un pobre niño. A su madre
La llevaron a segar los trigales del señor.

Y ¿ves aquello? ¡Ojos, ojos!
¡Abrasados por las lágrimas,
Mejor estuviérais secos!
La moza violada, vaga
Con su chiquitín bastardo.
Sus padres de casa echáronla.
Y ya todos la repudian
Por dondequiera que vaya.
¡Hasta el mendigo la evita!
Y al señorito, ya, nada
Le interesa la vigésima
Sierva por él deshonrada.

¿Verá a través de las nubes
El Señor nuestras desgracias?
Claro que las ve; no obstante,
Ayuda cual las montañas
Seculares, las que están
Húmedas de sangre humana.
¡Mártir, alma mía, es
Nuestra suerte bien aciaga!
Beber amargo veneno,
Dormir bajo la nevada;
Directa, a Dios que entre nubes
Está, nuestra voz ya clama:
¿Cuánto aún los chupasangres
Nos tendrán entre sus garras?

¡Vuela, pensamiento mío, mi colérico tormento!
Toma este enjambre que son los dolores, los corajes
De tus más fieles amigos; tú con ellos te has criado,
Has intimado con ellos; como ellos, en tus pañales
Te enrollaron con sus manos pesadas. ¡Tómalo todo
Vuela y en el cielo ve desparramando el enjambre!

¡Póngase negro y purpúreo,
Como un dragón lance fuego,
Que cadáveres vomite,
La tierra siembre de muertos!
Y hasta que tú vuelvas, yo,
Mi corazón escondiendo,
Recorreré todo el mundo
Por ver si el edén encuentro.

La tierra, una vez más, sobrevuelo
Y otra vez me despido de ella.
Y duele, si a la madre anciana
Sin choza ni hogar se la deja,
Pero más horrible es aún
Ver por doquier llanto y miseria.

Vuelo, vuelo y el viento sopla,
Ante mí la nieve chispea.
Pantanoso confín remoto
Y niebla, vacío y más niebla.
Lugar desierto. Del humano
Pie maligno no se ven huellas.
¡Enemigos míos, adiós,
Y adiós a quienes no lo sean!
Ya nunca más he de ir a veros,
Gozad en vuestras francachelas,
No he de volver a veros más:
Ya para siempre en la campera
Me quedaré a dormir, bien solo…
Y mientras no conozcáis tierras
Donde no corran llanto y sangre,
Yo he de dormir a pierna suelta.
Dormiré…

Mas ¿qué tintinea
De repente? ¿qué subterráneo
Y vago rumor de cadenas?…
Miro… ¡Desventurado pueblo!
¿De dónde…? ¿Qué es esa faena?
¿Qué buscas, di, qué calicatas?
¡Por lo visto, no habrá manera
De que me oculte de vosotros
Ya, ni en el cielo tan siquiera!…
¿Por qué sufrir yo tanto enojo?
¿A quién hice mal? ¿Qué grosera
Mano aherrojó en tu cuerpo el alma,
El pecho te dejó en pavesa
Y dispersó los pensamientos
¿Como una nube de cornejas?
Por qué, no sé, pero condénanme
Y duramente me condenan.
¿Tanto sufrir no ha de acabarse?
¡No lo veo, no sé respuesta!

El desierto, de repente,
Comenzó a moverse. Tal
Que un féretro angosto, abrióse
Y ya al juicio final
Se van alzando los muertos
En busca de la verdad…

¡Muertos no están, a los jueces
No les imploran piedad!
Entre un sonar de cadenas,
Vivientes los hombres van,
De las cuevas sacan su oro
Para con él taponar
La garganta al insaciable.
Son presidiarios. ¿Quizás
Sabe Dios por qué lo son?
¿Por qué, por qué a trabajar
Los destierran a las minas?
¿Ciertamente lo sabrá?

Un ladrón marcado a hierro,
Ruidosa cadena agita;
A los azotes del látigo,
Los dientes otro rechina:
Matar al amigo, con
Sus propias manos, quería.
Y, entre tantos criminales,
En harapos se divisa
Al señor del universo.

En harapos se divisa
Al zar de la libertad:
Al zar, al zar se divisa
Coronado con el hierro.

(Coronado con el hierro — imagen del revolucionario deportado. Entonces  a los forzados se Ies marcaba con hierro.)

¡Allí al zar se le divisa:
Un deportado político!
Las cadenas que lo trincan
No logran que él se lamente
De esta tortura infinita.
¡Aquél que a los hombres ama,
Ya nunca, nunca, se enfría!

¿En dónde tus pensamientos primaverales están?
¿Criados con amor, hijos valerosos? ¿En qué manos,
Amigo mío, dejaste sus destinos? ¿Para siempre
Sepultos te los dejaras en el corazón, acaso?
¡No los entierres! ¡Tú siémbralos, espárcelos por doquier!
¡Brotarán y crecerán, habrán de ser esforzados!

¿Más torturas? o ¿ya bastan?
¡Bastan, bastan, hace frío! Con la helada se despierta
La razón. A volar vuelvo.

Ennegrécese la tierra
Y adormécese la mente, se extasia el corazón.
Miro: en fila, casas, casas… Rematando las iglesias,
Brillan cruces. Como grullas, por las plazas los soldados
Bien calzados maniobran, bien comidos; en cadenas
Apresados fuertemente, ellos desfilan… Y yo miro
Más allá: tal que en un pozo, allá abajo humea, humea
La ciudad entre pantanos.

(La ciudad entre pantanos — se refiere a Petersburgo
fundado en 1703 por Pedro I en la pantanosa orilla del golfo de Finlandia.

Las tinieblas
Van sobre ella en remolino condensándose
Y hasta allá en volandas llego. ¡La ciudad resulta inmensa!
¿Ella es turca, es alemana o tal vez rusa?
¡Hay señores barrigudos, mucha iglesia
Y palacios y palacios! ¡Pero chozas campesinas
No se ve ni una siquiera!
Anocheciendo estaba… Fuego, fuego
Se encendió alrededor
Y miedo tuve… “¡Hurra, hurra!”
La multitud gritó.
“¡Imbéciles, callaos! ¡A ver cuándo
Vais a entrar en razón!
¿Os alegra tal vez, hato de locos,
Estar ardiendo?”
¡“Mira este jojol*!

(*Así les decían a los ucranianos durante esa época)

No sabe ni siquiera
Qué es un desfile. No lo sabe, no.
¡Hay desfile! ¡Y es Él, Él en persona,
Quien pasará revista a los soldados!”.
“¿A ese pez gordo podré verlo?”. “Si,
¿Ves el palacio?”. Allá me fui, veloz.
Tuve suerte, pues un paisano hallé
Con botones dorados.
“¿De dónde sales tú?”, “Yo, pues, de Ucrania
“Mas ¡si no sabes un sólo vocablo
De los que aquí se usan!”.
“Oye, hermano,
Te equivocas: sé hablar, pero no quiero”.
“¡Qué tipo eres más raro!
Yo aquí conozco todas las entradas,
Aquí sirvo; si quieres, en palacio
Procuraré que entres; pero, ¿sabes?,
Esto es la capital, ¡la ilustración, hermano!,
Dame cincuenta kopeks”.
“¿A ti, so chupatintas? ¡Ni pensarlo!…”
Volví de nuevo a ser
Espíritu incorpóreo y al palacio
Entré, invisible. ¡Dios, Dios de los cielos,
Mira aquí el paraíso! ¡Con bordados
De oro andan aquí los lameculos!
Anda por los salones Él, muy alto

(Él, muy alto — aquí se refiera a el zar Nicolás I)

Y muy malhumorado.
Altanero se pasea
Con la escuálida zarina
Perniflaca, a un hongo seco
Parecida.
¡Pobre! Además, su cabeza
Ya tiembla de perlesía.
¿Ésta es, ésta, la diosa?
¡Pobre de ti! No te había
Visto nunca y me engañaron.
¡Yo creía
En tu chato escritorzuelo!
¡Cómo un lila
Yo le hice caso al papel,
A la pluma que se alquila,
A los poetastros! ¡Léelos,
Anda, y créelos hoy día!
Tras el dios y tras la diosa van altivos los séñores.


¡Todos, todos barrigudos como cerdos,
Todos lucen jetas gruesas!
Todos sudan y resoplan, en su esfuerzo
Por poder estar más cerca de los dioses.
¡Un sopapo puede darles en los belfos
O quizá puedan lamer la “higa zarista”!
Aunque sea un poquitito, sólo al sesgo.
Aunque sea media higa nada más.
Aunque sea bajo el morro, el morro mero.
Se alinearon todos los señores,
La sala quedó inmóvil y en silencio.


Sólo un susurro: el zar. La maravilla
De la zarina se iba divirtiendo,
Zancuda garza, a saltos.
De este modo anduvieron
Largo rato, con mucha gravedad.
Tal como los mochuelos;
Algo decían, bajito;
Algo pude ir oyendo
De la patria, de nuevas charreteras,
Franjas, adiestramiento
E instrucción militar…
Luego, vi retirarse a la zarina,
Que fue a tomar en un sillón asiento.
Al señor principal se acercó el zar
Y un puñetazo le atizó de lleno
En los morros. Se relamió el cuitado
¡Y le dio en la barriga a un subalterno!
Se oyó sólo un ruido. Y a su vez
Cerró a diestro y siniestro
El subalterno con sus inferiores.
Al punto, estos cayeron
A golpes contra el personal menudo.
Y éste, que por la puerta va saliendo,
Machacará en la calle, como es lógico,
A los demás cristianos con los que tenga encuentro.
Y estos cristianos gritan,
Lanzan gritos blasfemos.
“¡Disfruta, padre-zar, diviértete!”
— Gritan como posesos —
Y “¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra-a-a!”
Yo me estuve riendo
Y basta. Me zurraron también. Al ser de día,
Todos los golpeados se durmieron…
Los cristianos quejábanse
En las esquinas, mas cada vez menos;
Por la salud del padrecito-zar
Rezaban al Eterno.
¡Dan ganas de reír
Y de llorar! Contemplo
La opulenta ciudad. La noche es blanca
Como el día. Palacios hay sin término,
Mires adonde mires…
Y el malecón de piedra sobre el río sereno.
Miro como un imbécil,
No creo lo que veo,
No, no alcanzo a entender
De dónde salió esto,
Toda esta maravilla…
¡Sin usar del puñal, aquí, de cierto
Mucha sangre corrió! Detrás del río
Hay una fortaleza y un campanario añejo

( Hay una fortaleza y un campanario añejo — la
fortaleza de Pedro y Pablo y la catedral del mismo nombre, asentadas sobre una isla del río Neva frente al Palacio de Invierno en Petersburgo. La fortaleza sirvió de cárcel para los más peligrosos enemigos políticos de la autocracia.)

A una lezna parécese su aguja;
La estoy mirando y, sin querer, me aterro.
Las campanas repican…
En torno miro, veo cómo alza el vuelo
Un caballo, cómo con sus pezuñas
Deja roto un roquedo.
Lleva svitka, diríase
El bien montado caballero.
No usa silla ni gorro. Una corona
De hojas, a sus sienes les da cerco.
El furioso corcel
Parece presto,
¡Presto a saltar el río! Su jinete
La mano extiende, cual si el mundo entero
Quisiera asir. ¿Quién es? Voy acercándome.
En la piedra hay escrito esto que leo:
Al Primero, la Segunda

(Al Primero, la Segunda — inscripción “A Pedro Primero,
de Catalina Segunda” en el monumento a Pedro el Grande, erigido por orden de Catalina II en 1782 Está en ruso y en latín.)
Cosacos en Taberna por Mykola Samokysh

Levantóle este portento.
¡Ah, vamos, vamos, ahora
Ya lo entiendo!
Crucificó a nuestra Ucrania
El Primero;
Pero, con la viuda-huérfana,
La Segunda acabó luego.


¡Nuestra sangre, sangre viva,
La bebieron
Los vampiros, los caníbales!
Mas ¿qué se llevaron ellos
A otro mundo, consigo?
Cual si estuviera leyendo
La historia de Ucrania, mal
Me sentí. Tan mal, que tengo
El corazón oprimido…


Y alguno en este momento,
Despacio, invisible, canta
Sobre mi cabeza esto:
“Fue desde la ciudad de Glújiv

(La ciudad de Glújiv — ciudad donde en el siglo XVIII
tenía su sede central el hetmán de Ucrania. Hoy Glújiv está comprendida én la región de Sumi (Ucrania)

Que los regimientos marcharon,
Con palas, a fijar las líneas.
Hiciéronme, de estos cosacos,
Hetmán provisional.

(Hetmán provisional — se trata del coronel de Cherníhiv,
Pavló Polubótok, designado en 1722 hetmán provisional de Ucrania, quien expresaba los intereses de la cúspide cosaca; por eso solicitaba tenazmente que Pedro I le apliase sus derechos de hetmán, recortados en sumo grado tras la traición de Mazepa. Polubótok estuvo encarcelado en la fortaleza de Pedro y Pablo, donde murió en 1724. Los historiadores ucranianos burgueses le pintaban como defensor de los intereses populares, lo que de hecho, nunca fue cierto.)
Ivan Pokhitonov – Tiempo de Cosecha (1890-1923)

Llegué,
Acaudillando a mis hermanos,
A la capital. ¡Ay, Dios mío!
¡Oh, monstruo inmundo! ¡Oh, zar bellaco!
¡Zar maldito! En tierras desiertas
¿Qué hiciste tú con mis soldados?
Con sus huesos, sus nobles huesos,
Tú rellenaste los pantanos,
¡Tu emporio alzaste sobre sus
Cadáveres ensangrentados
Y de hambre, en oscura cárcel
Me mataste, martirizado
Y encadenado por ti, zar!


¡Inseparable de ti, atado
A tu persona, por los siglos
De los siglos. ¡Cuesta trabajo
Volar sobre el Neva, me cuesta!



Ucrania
ya no existe, acaso…
¡No sé…! Yo volaría a ver…
Dios no me deja. La incendiaron
Entera, a lo mejor, y el Dnipro
También entero al mar lo echaron,
Y las antiguas tumbas — nuestra
Gloria — ultrajaron, profanaron.


¡Oh Dios mío, ten compasión,
Ténnos piedad, Dios Santo!”
Todo, todo enmudeció. Con nieve cubre
Una nube el cielo gris y hasta semeja
Que en la nube va aullando
Una fiera.
Mas la nube sólo es una bandada
De aves blancas, aves que revolotean
Por encima del titán de bronce y chillan,
Van chillándole: “¡Vampiro! Con cadenas,
Para siempre, atados vamos uno a otro.


Cuando el Día del Juicio escuchemos la trompeta,
De tus ojos tan enormes,
De tu ansia insatisfecha,
A Dios mismo ocultaremos.
¡A las nieves, a las más extrañas tierras,
Tú, de Ucrania nos echaste!
Tiritábamos de frío en famélica odisea,
Nos mataste, mas de púrpura te hiciste
El ropaje más triunfal con la piel nuestra,
Bien cosido con los nervios de los muertos.
Y fundaste tu ciudad, luciste en ella
Nuevo manto. ¡Ve y admírate, contempla
Tus palacios y diviértete, verdugo
Iracundo, goza bien! ¡Maldito seas!”

“Boda ucraniana” por Mykola Pymonenko

Echaron a volar las aves,
Fuéronse dispersando.
Sale el sol, mas yo tengo miedo.
Miro y miro, asombrado.


Como hormiguero ya se agita el vulgo,
Camino del trabajo;
Para hacer la instrucción
Ya forman los soldados.
Casi, casi dormidas,
Fatigadas muchachas van pasando.
Van a su casa, van, no vienen de su casa,
Pues su madre las ha mandado
A trabajar de noche para ganar el pan.


Yo pienso, cabizbajo;
Conjeturo, en silencio: ¡el pan de cada día
Es difícil ganarlo!
Al trote van ahí
También los funcionarios
Para volcarse luego
Sobre la entrada del senado
A rasgar con las plumas el papel
Y a desollar al padre y al hermano.


Agiles y corriendo
Pasan entre ellos mis paisanos
Y parlotean a lo moscovita
Riendo, duros blasfemando
Contra el padre que no les enseñó
A parlotear, de niños, tudesco. ¡Y, entretanto,
Aquí púdrete en tinta!
¡Sanguijuela! ¡Tu padre vendió, acaso,
Su última vaca para que el idioma
Capitalino un día tú pudieras hablarlo!



¡Ucrania, Ucrania mía!

¿Son tuyas esas flores jóvenes, de tus campos,
Mas regadas con tinta,
Asfixiadas en invernáculos
Alemanes por los beleños
Del zar?… ¡Ucrania, llora, oh viuda sin amparo!
¿Qué pasa en los salones
Del zar? Vamos a ver…
¿Qué tal andarán? Entro. Barriguda
Gente que espera al zar, y mucha es
La que aceza, medio dormida aún;
Cual pavos inflados se ven;
Hacia las puertas miran de reojo.
Y ellas por fin se abren. He aquí que
Como de su guarida, el oso sale

( El nombre de oso le dio Shevchenko al zar ruso Nicolás I, el que realizaba una política extremadamente reaccionaria, convirtiendo el Imperio Ruso en una verdadera cárcel para el pueblo.)
Mykola Murashko – Paisaje ucraniano (1896)

Alzando a duras penas los dos pies.
Hinchado todo, demacrado, azul.
La resaca maldita lo trae a mal traer.
Súbito, les gritó a los barrigones,
Que se esfumaron en un dos por tres
Como tragados por la tierra.


Desorbitó después
Sus ojos y unos pocos barrigudos restantes
Temblequearon a su vez.
Y luego, a los ventrudos secundarios
Gritó también
Y desaparecieron. Luego
Sobre los ínfimos se fue
Y desaparecieron al instante.
Arremetió contra la grey
Doméstica; cual por encanto, ella
Ya no se dejó ver.


Contra los soldaditos se echó, que gimotearon;
Bajo la tierra se esfumó el tropel…
¡Éste prodigio lo vi yo, señores!
Espero lo que habrá de acontecer,
Lo que mi osito haga. Le estoy viendo
Cabizbajo, tristón. ¡Pobre! ¿Por qué?
¿Dónde está su naturaleza osuna?
Como un gatito… manso se le ve.


Solté la carcajada, chillóme,
Me asusté
Y desperté…
Este sueño que tuve,
Raro y absurdo es.
Cosas así, tan sólo las sueñan los borrachos
Y los iluminados, bien lo sé.
Perdonen por no haberles contado nada mío
Y sí tan sólo aquello que soñé.

8 de julio de 1844
San Petersburgo

Videos

Video en ucraniano con subtítulos en español por el Dr. en Filología Fabián Abdala Marzá

El texto original en ucraniano

Fuente del poema traducido al español. Pdf descargable

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4 thoughts on “Sueño – Сон

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