La Princesa-Княжна (Poema de Taras Schevchenko)

Un poema escrito en 1847 (entre fines de  junio y diciembre) por el gran escritor, poeta y pintor ucraniano durante su prisión en Orsk, tras su encarcelamiento y exilio debido al poema “Sueño” el 8 de junio de ese año. (enlace)

El zar había prohibido expresamente que el poeta tuviese acceso a papel y lápiz o algún otro medio para escribir.

S. Kruchakov. Oleo de 1939. “Tarás Schevchenko en la fortaleza de Orsk”

Sin embargo, el gran Taras Schevchenko logró evadir este mandato y esconder dentro de su bota un pequeño cuaderno, en el que escribió varios poemas, incluído este. (Fuente-pdf descargable)

Cuando Tarás tuvo finalmente acceso libre a medios de escritura, pasó a su “Pequeño libro” este y los otros poemas escritos durante la época de su prisión, como por ejemplo “El Fugitivo”.

Entre el 21 y el 24 de febrero de 1858, Schevchenko trasladó los escritos del “Pequeño libro”, realizando algunas modificaciones. Se ve que dató “Княжна” el 21 de Febrero de 1858.

Las líneas 1 a 32 fuefon agregadas en 1860 a modo de introducción.


Esta historia supuestamente fue narrada al escritor por una monja de Orsk que conoció a la princesa quien se recluyó en el monasterio por vergüenza al haber sido violada por su padre; según describe la narración, ella había estado ausente tras la muerte de su madre, pues fue enviada a Kyiv a estudiar, por lo que era prácticamente una desconocida para su padre.

La monja también muestra a Tarás Schevchenko la tumba de la princesa.

El poeta estuvo interesado durante su estancia en Orsk en la vida de los kazajos, y paseaba por el castillo, aprendiendo también sus canciones y leyendas y pintó escenas de su vida.

La fortaleza de Orsk fue fundada en agosto de 1735 por Ivan K. Kirilov; también se le conoce como “Orenburg”.

 

LA PRINCESA 

¡Lucero de la noche,
Lucero mío!
¡Sobre los montes álzate!
Hablemos despacito,
Aunque estoy prisionero.
Dime cómo, dímelo,
Se extingue el sol detrás del monte,
Con su brillo;
Cómo el agua del Dnipro
La bebe el arcoíris, dímelo;
Cómo el alto chopo extendió
Sus ramas en prodigio…
Cómo se inclinó el sauce
Sobre las aguas y dime asimismo
Cómo sobre ellas extendió
La enramada que en su verde enredijo
Está meciendo, está acunando 
No bautizados niños;
Cómo, dentro de un túmulo, en el campo
Pasa sus noches el vampiro;
Cómo en el bosque gritan las cornejas
(Presentirán algo maligno);
Dime cómo la hierba del sueño, por la noche,
Florece ya en el valle, dilo.
Háblame de la gente…
Pero no, no es preciso.
¿Quién, quién no la conoce? ¡Yo,
bien que la conozco!
¡Mi lucero, único amigo mío!
Ve a saber lo que pasa allá en Ucrania…
Lo que yo se, hoy quiero referírtelo.
No dormiré esta noche. Tú, mañana, temprano,
A Dios has de contárselo despacio, despacito…

¡El poblado! ¡Se acabaron ya las penas!..
¡Un poblado, ya, por fin, de nuestra Ucrania!
¡Un pascual huevo pintado, se diría
— Zambullido en su pequeña y verde algaba—,
Con sus huertos florecientes!
Reverbera la blancura de las jatas.
Sobre el monte, los palacios señoriales,
Maravilla que nos pasma.
Chopos, chopos en redor,
Con sus copas ya rizadas;
Más allá, bosques y bosques y más valles.
Tras el Dnipro azulean las alcarrias.
Tiene Dios, el mismo Dios, sobre el poblado
Su morada.

Son las jatas, a primera vista, alegres.
Suena arriba, en los palacios, algazara.
¡Ojalá, todos, cubiertos de zarzales os veáis!
¡De vosotros, nadie pueda hallar la traza!
A este plácido poblado llegó un día,
De la muy hermosa Ucrania,
Un desenfrenado príncipe con su princesa.
No eran viejos y vivían a sus anchas
En la paz y en la fortuna.
Sobre el monte, sus mansiones bien holgadas;
En el prado, una laguna caudalosa;
En la muy verde ribera, una ruzafa,
Chopos, sauces, y molinos ruidosos, y del río
A lo largo, del poblado la ancha franja.

Opulento era el festín, de cuando en cuando.
En invierno, en el estío, buena música sonaba;
Sin cesar, vinos corrían. A los huéspedes,
De beber continuamente se les daba…
De invitado en invitado, el señor príncipe
Marcha, marcha,
Va llenándoles las copas a los tímidos,
“Vivas” lanza.
Se divierte el señor príncipe, se divierten los señores.
Ya hay beodos en el suelo. Igual cuadro habrá mañana.

Alborotan,
Se solazan.
Día tras otro,
Días pasan.
Campesinos gimen, gimen en los pueblos…
Van los jueces elevando a Dios plegarias…
Entretanto, los juerguistas vociferan:
“¡Viva, viva nuestro principe, porque mucho ama a la
patria
Y es hermano de los pobres!”. Y el patriota tan amigo
De los pobres, le arrebata,
Con la hija, la ternera al lugareño.
Pero Dios no sabe nada
O lo sabe
Y se lo calla.

En su alcoba, la princesa
Está encerrada.
El hermano de los pobres no consiente
Que ella salga hasta el zaguán. Por tu culpa, por tu falta:
Tú, con él, bien te escapaste y te casaste,
Bien tus padres se negaban:
“¿Para qué subir tan alto?”. Por el príncipe,
Sin embargo, más y más empecinada,
¡Ahora, míralo, ahí lo tienes!
¡Te saliste con la tuya! ¡Buen provecho que te haga!

¡Morirás en el desierto tú, querida!
Tal como una campanilla de las nieves, agostada
En los días de primavera, sin saber qué es regocijo;
Tú los días habrás vivido sin gozarla,
Sin saber por qué se quieren con ardor hombre y mujer.
¡Y, Señor, ella quería vivir mucho, ella soñaba
Con la entrega más cabal, con darse toda,
Una hora por lo menos, al amor! ¡Y, embelesada,
Sólo un año, sólo un año tan siquiera ver el mundo!
Pero nunca pudo ser, aunque nada le faltara.
Ya la madre le dio todo,
La hermosura, a su hija bienamada.
Por lo menos, hija, reza ante tu imagen
Cual se reza ante la imagen de una santa…
¡Hermosura mía, joven,
Cuánto eres desgraciada!
Vivir bien, un buen vivir con buenas obras
Que de Dios son alabanza,
Para que las gentes queden, de unos ojos juveniles,
Admiradas…
Pero no: los ojos pardos su destino ya lo tienen
Señalado: en soledad ellos se apagan.

¿Voluntad de Dios? ¡Dios mío!
Voluntad, razón, beldad tú nos regalas
Y también un corazón que puro es. ¡Ah, pero, luego,
A ese mismo corazón le pones trabas!
No le dejarás que viva, que contemple, jubiloso,
El edén, el mundo inmenso, y que admire y rece hasta
Que, de puro fatigado, uno tiéndase a dormir
Ese sueño que ya nunca más se acaba.

En el mundo falta alegría
Si el corazón no tiene a quién amar.
A mi joven princesa, desde ahora
Se le comienzan a secar
La hermosura y el corazón.
Ella, como en el yermo, se comienza a agostar
En vano. ¿Acaso esto no asusta?
Reza y reza, la vida pide a Dios, al rezar

.

Parecía tener a quien querer:
En sus entrañas iba un niño ya,
Y era su orgullo él, era su amor.
Dios le dé vida hasta que exista más
Alegría en el mundo:
Contemplar y besar
A la hija única
Y su primer grito escuchar.
¡Ay, niños! ¡Niños! ¡Niños!
¡Sois una gran felicidad!
Secáronse las lágrimas,
El sol volvió a brillar
Y la princesa, con su hijita,
Otra mujer parecía ya,
Cual si hubiera vuelto a nacer:
Se la oía cantar,
A su niña cosíale camisillas de seda,
Bañábala, mecíala, de comer le iba a dar.
Como se sabe, las princesas
Dan a luz y no saben más.
Ellas no tienen cuenta
De amamantar ni de cuidar,
Mas se lamentan luego:
“¡Ay, que habrá de olvidarme mi Paul o mi Filat!”.

Pero ¿tan sólo porque le trajiste a la vida
Él te va a recordar?
Ella sí, mi princesa
Bien a su hija la sabía criar
Y al príncipe-marido borrachín
No le dejaba a la cuna llegar.
Como manzana en pomarada
Crecía la niñita y empezó a balbucear.
La princesa empezó a enseñarle
La palabra ‘‘mamá”,
Mas no “papá”. Libros de estampas
Le compró en Romní, en la ciudad,
Y le contó cuentos. La niña
Principió a asimilar
Su abecedario por estampas;
Pronto, a Dios le aprendió a rezar.
A diario la mamá bañábala, acostábala.
Y, a molestarla, nada, nadie pudo llegar.
La mamá casi todas las noches las pasaba
En vela; en contemplar,
Extática, a su linda princesita…
¡Hasta en la boda de ésta dio en pensar!

Con su niña sentíase muy dichosa la madre,
Y lloraba: las trenzas pronto le soltarán…
Y al marido borracho
Como para al dolor tornar,
Lo recordó vestido de uniforme.
Así lo vio y se echó a llorar,
Cerró los ojos. Y la niña,
Como si algo supiera, “no, no llores, mamá
— Semejaba decirle — No habrá que deshacer
Mis prodigiosas trenzas, ya me las cortarán…”
La niña hermosa, cada día,
Mucho gozo le viene a dar
A su dichosa madre.
Como un chopo ya crece, igual.
Deja maravilladas a las gentes.
Crece, mas poco durará
La dicha de la madre: a la princesa
Dios la va a castigar,
Va a fulminarla como un rayo…
Mas ¿por qué? Nadie sabe qué pensar;
Ignoramos por qué se muere el bien,
Por qué revive el mal.
Enferma cayó la princesa
Y hasta el príncipe se hubo de inquietar,
Salió en busca de curanderas
De poblado en poblado, de acá a allá.
Aparecieron muchas. Todo el mundo
Andaba de cabeza: curar y más curar…
Hasta que a la infeliz en su ataúd
Húbola un día que acostar.

No existe la princesa cariñosa.
Suena la música, de nuevo,
Cada noche. Ya la hija única
Se quedó huérfana en el pueblo,
Cual hoja que ha caído de una rama.
Casi hambrienta, descalza, en mucho tiempo
No cambia de camisa, al sol se tuesta,
Las hierbas chupa, son con arena sus juegos,
Se baña en compañía de otros niños…
Lávate bien, tu madre te está viendo,
Amiguita, mas ella no conoce
A su niña entre tantos arrapiezos,
Ella piensa que has desaparecido…
Lávate, recobra tu aspecto,
Reconozca la madre a su hija única…
Para qué bendiga al Eterno
Por ser tan bueno tu destino.
Se lavó. La ayudaron. La vistieron.’
Y la enviaron a un colegio, a Kyiv.
La música suena de nuevo…
El príncipe disfruta con sus huéspedes,
Su palacio retumba de cantos y jaleos
Mientras se mueren de hambre
Las gentes en los pueblos…
Gime, gime por toda Ucrania
El castigo de Dios, el hambre.
Púdrense las hacinas. Mueren
Las gentes, por millares.

Y los señores venden el salvado
A los negociantes;
Rezan a Dios, se regocijan
De que, un año más, el pan falte.
Lo pasarán muy bien nuestros señores
Por doquier, en París o en otra parte.
¿Sabe esto Dios? Seria maravilloso
Que lo oyese, lo viese y no lo condenase.
¡Se ve que su paciencia es demasiada!
Ucrania está pasando años letales.
En su poblado, el príncipe lo ve:
Los siervos de la gleba mueren de hambre,
Las hacinas se pudren
Y él bebe y goza, espera al comerciante
Judío, que no aparece…
Y he aquí que crecen los trigales,
Se alegra el campesino, reza a Dios…
Y, de repente, traen,
Traen de Kyiv a la princesita.
¿Ya por fin el sol sale
Sobre el pueblo expoliado?
Contemplándola, vemos a la princesa madre:
Cejinegra, ojos castaños.
Triste se ve. ¿Triste a nativitate?
¿Por qué suspira tanto?
¿No será que ama a alguien
De todo corazón? Es joven… ¡Nada de eso!
Como a la golondrina, la vida le era amable,
Y amable el mundo visto desde Kyiv.
No vio los pueblos miserables
Sino al volver a casa;
Su alegría perdió desde ese instante.

Como paloma de alas azuladas,
Sobrevoló el poblado,
A todos vio y en casa de todos se la vio,
Y todos se alegraron.
Si para algunos tuvo palabras caricieras,
Con otros al hablar fue preguntando.
Cada día, ayudaba a cada uno
Y a todos, de visita en el poblado.
Hasta en su propia alcoba se hacinaban los huérfanos,

De “madre santa” ya le daban trato.
Y por ella rezaba el pueblo todo.
Entretanto,
Unos judíos con dinero llegan
Al poblado.
Muy contento está el príncipe, les vende
Cereal y salvado.
A quienes sobreviven en la aldea,
Los envía al trabajo.
Y todo queda listo en una hora,
Trillado y aventado.
Y aquella misma noche
Reúne el príncipe invitados
Y bebe, y se divierte con ellos en el parque.
No habrá en la casa escándalos,
Porque la niña duerme
Y despertarla está vedado.

En el parque hay ruido, hay alboroto.
Camorristas entonan
Licenciosas canciones.
Estridente, disuena
La carcajada de una
Mujer que está beoda.
Grita el amo: “¡Diviértanse
Mientras mi hija reposa!”

Solitaria, en su cuarto
La niña está encerrada
Y mira: sobre el monte,
Lenta, la luna anaranjada
Ya sale de las nubes; parecen revivir
Los montes; en el valle, los robles se separan
De los bosques; lentos espectros, buhos,
Lechuzas, en la noche, de los tejados se alzan,
Por todas partes se oye
Croar las ranas…
Lleno el cielo de luces. Ojos, ved que alborea;
Ya la luna se torna grana.
Miradla mientras os calienta
Y los astros el sueño os arrebatan.
Cabeza apoyada en el brazo,
La princesita junto a la ventana
Sentada está…
De mirar cansada,
Prorrumpe en llanto. ¿El corazón
Le avisará alguna desgracia?
¡A la postre, lo mismo da!
Derramó algunas lágrimas;
Luego, fue una sonrisa;
Después, una plegaria.
Se acostó y, muy en breve,
Dormida estaba.

Sembrado estaba el parque
De botellas, de huéspedes: allí donde caían,
Allí quedaban. Y el señor, de pie,
Un vaso lleno a rebosar bebía.
Y andando sin tropiezos
Fue a la alcoba… ¡Asquerosa víbora!
¿Adonde vas? ¡Piénsalo bien!
¡Nada! Llaves sacó, puertas abría
Y se metió en la cama
De su hija…
¡Virgen, despierta, virgen!
¡Va a morderte, mata la víbora!
¡Mátala! ¡Dios perdonará!
¡El puñal coge y a la Cenicienta imita!
¡Ella no teme al cielo,
Después que a su padre acuchilla!
Mas no se despierta la doncella,
Es hondo el sueño de la princesita.
Y Dios, que todo ve, se calla,
Consumar deja grandes ignominias.
En silencio está todo… Pasa el tiempo…
Después de un grito, mucha gritería.
En la mansión se oyeron lloros
Y a los buhos se oyó… Luego, nada se oía.
Mudo todo quedó
Y en esta hora tranquila
Empezó a arder la paja en el granero.
Ya las estrellas extinguidas,
Ni una palabra ni una voz se alzaban.
Roncaban en el parque los juerguistas.
Se agolparon las gentes, contemplando
Cómo el humo a los cielos ascendía…

Despertáronse los huéspedes.
Las cosas andaban mal
Y al príncipe abandonaron
Sin una palabra hablar,
Sin un suspiro… Nosotros
Así le hemos de dejar.
Así le dejará Dios.
A ti no te abandonará
La desdicha desde ahora
Y para siempre jamás,
Princesita sin ventura
Y flor que tronchada está.
Atroz destino en el mundo
El que te vino a tocar:
Los pecados, los pecados
Más horrendos expiar.
¡Los pecados de tu padre!
Tú no la has de abandonar,
Destino bellaco, hasta
Que ya la abrume la edad.
Ni en exilio ni en desierto.
Por doquier la alcanzarás
Si nunca tú la abandonas;
Y si de ella en el sepulcro
No te has de separar,
En él, destino bellaco,
Tú mismo la enterrarás.

Nadie vio ni oyó por dónde
Desapareció: jamás.
Creyeron que en el incendio
La muerte la fue a encontrar.

Muy triste se halla el poblado;
Negros los muros están
Del palacio. Enfermo, el príncipe
No se levantará más.
Nadie acude a visitarle,
Nadie le viene a ayudar;
Viejo pecador, no tiene
Quien lo cuide en su infernal
Palacio. Los campesinos,
Cuando a Dios quieren rezar,
Le piden que la princesa
Pueda al poblado tornar,
Aunque no saben de dónde.
Mas ella no volverá.
¿En dónde se habrá ocultado?
A Kyiv fue a profesar,
Se hizo monja de clausura.

Nacer y vivir, y amar;
Con su virginal belleza,
Fama de santa gozar
Entre pecadores; siempre
Hacer el bien, nunca el mal,
Y, luego, en un monasterio,
La vida así terminar…
Caminando por Ucrania,
A Chiguirín * fui a parar
Una vez, al monasterio.
Tras las arenas está
Escondido, solitario,
Del pantano al matorral.
A una monja muy anciana,
Esto le oí yo contar:
— Del otro lado del Dnipro,
Logró al cenobio llegar
Una princesa. Pasó
Allí la noche, no más,
Pues entregó a Dios el alma
En temprana mocedad.
Muy esbelta era, morena,
Tostada del sol la faz;
Enferma se había sentido
Ya tres semanas atrás.
Aún a la hermana Xenia
Y a mí nos pudo contar
Todo. Se murió. ¡Por dónde
No anduvo!… ¡Cuánto lugar
Sagrado ella vio!… Y, la pobre,
Aquí se vino a acabar…
Allí, al costado, es su tumba…
Todavía sin cruz está.

[Segundo semestre de 1847 

Fortaleza de Orsk

* Chiguirín — antigua ciudad ucraniana (hoy centro administrativo en la región de Cherkasy) En 1648—1654 fue residencia de Bogdán Jmelnitski, relevante estadista y militar, que encabezó la lucha del pueblo ucraniano contra la Polonia feudal.

Щоб марніли в самотині…
Може, Бог так хоче?
Боже! Боже! Даєш волю
І розум на світі,
Красу даєш, серце чисте…
Та не даєш жити.

 

El poema en su idioma original: КНЯЖНА


Fuente

V. Kassian. Acuarela de 1934. Ilustración al poema “La Princesa”

Poema en Ucraniano

VIDEOS

Т.Г.Шевченко-200.Моноспектакль “КНЯЖНА”.Исп.Н.Морозова-Шимада.Ч.2.Киев.

https://m.youtube.com/watch?v=0CfMTAt-XH0

https://m.youtube.com/watch?v=agjXj_f2Oig

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