Cuentos ucranianos – 《El lobo de Hierro》

Hubo una vez un párroco que tenía un sirviente, y cuando éste lo había servido fielmente por doce años, y más, se acercó a su empleador, y le dijo:

-“Hagamos cuentas, maestro, y págadme lo que me debáis. Ya os he servido el suficiente tiempo, y quisiera conseguirme un lugarcito en este mundo, todo para mi”.

-“¡Bien!” le dijo el pàrroco. “Te diré que te otorgaré como indemnización por tu fiel servicio. Te daré este huevo. Llévalo a casa pero, cuando estés en ella, constrúyete un corral, y hazlo grande y fuerte; luego rompe el huevo en el medio del corral, y ya vas a ver. Pero, hagas lo que hagas, no lo rompas de camino a casa, o toda tu suerte se irá allí.”.

Y asi fue. El sirviente partió feliz a su casa, con el misterioso huevo. Andó y andó y, a medio camino, se pusi a reflexionar, “Vamos, ¡veamos lo que hay dentro de este misterioso huevo!”.

De forma que lo rompió a la mitad del camino, y de él salió todo tipo de ganado, en tal cantidad y número, que la amplia estepa parecía el campo de una feria. El sirviente quedó atónito y, sin saber qué hacer, pensó para sus adentros, “¿Cómo, en el nombre de Dios, podré arrear todo ese ganado de nuevo adentro?”.

Apenas había pronunciado esas palabras, cuando llegó corriendo a él el Lobo de Hierro, y le dijo:

“Reuniré a todo este ganado y lo meteré de regreso en el huevo, y sellaré el huevo de forma que quede intacto. Pero, a cambio de eso, ” continuó el Lobo de Hierro, “cuando sea que te sientes en la banca nupcial, llegaré y te comeré”.

–“Bien,” pensó el sirviente para si, “una cantidad de cosas van a suceder antes que tome asiento en una banca nupcial y él pueda venir a comerme y, mientras tanto, tendré todo este ganado”. Por lo que asintió, diciendo “estoy de acuerdo”.

Y entonces el Lobo de Hierro recolectó todo el ganado, lo arreó hasta el huevo, lo metió y lo parchó, de forma que quedó como antes, intacto.

El sirviente regresó a la aldea en la que vivía, construyó un corral más fuerte que la fuerza, ingresó y rompió el huevo de nuevo allá adentro, e inmediatamente el corral rebosó de ganado, que ya no cabía. Y entonces se comenzó a dedicar a crianza de ganado y como granjero, y se volvió tan rico, que en todo el mundo no había nadie tan rico como él. Conservó sus cosas sabiamente, y sus bienes aumentaron y se multiplicaron en exceso.

Lo único que le faltaba para lograr su felicidad completa era una esposa, pero tenía miedo de tomar alguna mujer.

Cerca de donde vivía, había un general, que tenía una hija tan amorosa y bella, y esa muchacha quedó prendada del millonario. Entonces, el general vino a su casa, y le dijo, “Ven, ¿Porqué no os casáis? Te daré a mi hija y una enorme dote.”

–“¿Cómo será posible que me case?”, respondió el hombre, “tan pronto como me siente en la banca nupcial, el Lobo de Hierro vendrá por mi y me comerá.”, y le contó al general todo lo que le había sucedido.

–“Oh, ¡tonterías!” dijo el General, “no temas. Tengo una hueste muy poderosa, y cuando sea el momento que te sientes en la banca nupcial, rodearemos tu casa con tres hileras de fuertes soldados, y ellos no dejarán que el Lobo de Hierro se acerque a ti, eso te lo aseguro.”

Y de esa forma hablaron del asunto, hasta que finalmente lo persuadió, y comenzaron a hacer grandes preparativos para el gran banquete de bodas. Todo caminó excelentemente bien, y la boda transcurrió de maravilla, hasta que llegó la hora que la novia y el prometido iban a tomar asiento en la banca nupcial. Entonces llegó el momento que el general ordenara a sus hombres a colocarse en tres apretadas filas alrededor de la banca nupcial pues, con seguridad, el lobo de hierro aparecería.

El animal vio a toda la hueste parada en torno a la casa, en tres fuertes filas, pero logró saltar de un solo impulso todas las tres filas, y se dirigió directo a la casa. Pero el hombre, tan pronto vio al lobo de hierro, saltó por la ventana, montó su caballo y salió galopando, con el lobo tras de si.

Galopó y galopó, lejos y más lejos, y tras él venía el lobo pero, intentando por todas las maneras, no lograba capturarlo.

Finalmente, ya casi de noche, se detuvo el hombre y vio a su alrededor, pero notó que se encontraba, solo, en un bosque, y frente a él, una choza. Se dirigió a la cabaña, y miró a un anciano, y también a una anciana, sentados frente a ella, y les dijo, “¿Me dejaríais descansar un poco con vosotros, buena gente?”–

-“¡A como de lugar!”, dijeron ellos.

–“¡Sólo hay una cosa más, buena gente!”, dijo él, “no dejéis que el lobo de hierro me capture mientras descanso en vuestra casa”.

–“¡No tengas miedo por ello!” respondió la pareja anciana, “Tenemos un perro, llamado Chutko, quien puede escuchar a un lobo a una milla de distsncia, y esté seguro que nos avisará.

Entonces se recostó a dormir, y estaba ya cabeceando, cuando escuchó a Chutko ladrar. Entonces los ancianos lo despertaron, y dijeron, “¡Vete!, ¡Lárgate! Ya viene el lobo de hierro.” Y le dieron el perro y un pastel de trigo como provisión para el camino.

Entonces partió a caballo, y el perro Chutko tras él, hasta que todo se puso oscuro, cuando percibió otra choza en otro bosque. Se dirigió a ella y, en el frente, se encontraban sentados un anciano y una anciana. Les pidió alojamiento por una noche.

-“Solo”, dijo él, “¡cuidad que el Lobo de Hierro no me atrape!”.

–“No tengas miedo”, dijeron ellos, “tenemos un perro aquí, que se llama Vazhko, y puede detectar a un lobo a nueve millas a la redonda.”

Entonces se recostó y se quedó dormido. Justo antes del amanecer, comenzó Vazhko a ladrar. Inmediatamente lo despertaron, “¡corre!”, le dijeron, “el lobo de hierro ya viene.” Y entonces le dieron el perro y un pastel de centeno como provisión para el camino.

Entonces él tomó el pastel, montó a su caballo y partió, esta vez con dos perros corriendo tras él.

Cabalgó y cabalgó. Cabalgó hasta que llegó la noche, y se detuvo; y se encontró en un bosque, con otra cabaña frente a si. Y entró a la casa, y había una pareja de ancianos sentados.

“¿Me permitiríais pasar la noche aquí, buena gente?“ , dijo él, “¡sólamente tened cuidado que el lobo de hierro no me atrape!”

–“¡No tengas miedo!” dijeron, “tenemos un perro llamado Bary, que puede detectar a un lobo a doce millas de distancia. Él nos hará saber.”.

Entonces se recostó a domir y, temprano por la mañana, Bary les avisó a todos que el lobo de hierro se estaba acercando. Inmediatamente lo despertaton,

-“¡Ya es tiempo, ya debes irte!”, dijeron, y le entregaron el perro y un pastel de trigo sarraceno para el camino.

Él tomó el pastel, montó a su caballo y partió. Entonces, ahora ya tenía tres perros, y los tres iban corriendo tras él y su caballo.

Cabalgó y cabalgó y, ya entrando la noche, se encontró al frente de otra choza. Entró, y no habia nadie. Encontró una habitación y se acostó, y sus perros también se echaron, Chutko bajo el dintel de la puerta de la habitación, Vazhko bajo el dintel de la casa, y Bary bajo el dintel del portón de la propiedad.

Pronto apareció el lobo de hierro, trotando. Inmediatamente, Chutko dio la alarma, Vazhko lo clavó a la tierra y Bary lo descuartizó. Entonces el hombre reunió a sus fieles canes en torno a si, montó a su caballo, y cabalgó de regreso a casa.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.