El Viy – Novela de Mykola Hóhol

Esta leyenda es la que les contaré ahora tal como la he oído, intentando hasta donde me sea posible no cambiar nada de la ingenua sencillez con que la escuché contar.

Cuando por las mañanas tocaba la sonora campana que colgaba sobre la puerta cochera del seminario de Kyiv, todos los estudiantes y los seminaristas acudían en tropel desde los distintos barrios de la ciudad. Aquel monasterio tenía alumnos de todas las clases: gramáticos, retóricos, filósofos y teólogos, llamados así según el nombre del curso en que estaban. Todos llevaban libros y cuadernos. Los gramáticos, que correspondían a las clases elementales, eran en su mayor parte chiquillos; siempre entraban corriendo, dándose empujones, y gritando con sus voces atipladas. Iban muy mal vestidos, y en los bolsillos de sus muy harapientos trajes llevaban todo tipo de fruslerías, como silbatos de pluma hechos por ellos mismos, huesos de cordero con las que jugaban muy a menudo a la taba, restos de empanadas o de cualquier otro alimento, y algún infeliz gorrión que muchas veces, de manera inesperada, rompía con su piar el silencio de la clase, siendo la causa de que su dueño recibiera un severo castigo, ya en forma de palmetazos, o de unos buenos azotes con una vara de cerezo.

Los retóricos eran un poco mayores que los gramáticos, y vestían de un modo más decente, puesto que llevaban trajes en mejor estado y a veces muy limpios. Sin embargo, sus rostros no carecían de adornos en forma de símbolo victorioso, ya fuera un ojo morado, algunos arañazos o algunos hinchazones de la misma procedencia. Las voces de los retóricos eran ya más de tenores.

Por lo que respecta a los filósofos, hablaban con voz de bajo. En sus bolsillos solamente se podía encontrar tabaco, pues no solían guardar restos de alimentos, ya que se los comían ávidamente en cuanto los tenían a su alcance. De ellos emanaba un olor característico a pipa y aguardiente; era un olor que se notaba desde tal distancia que los artesanos, cuando se cruzaban con ellos, olfateaban de igual modo que los perros de caza.

En aquella hora tan temprana comenzaban a abrirse las puertas del mercado, y las vendedoras de buñuelos, de panecillos y toda clase de golosinas, jalaban a los estudiantes del vestido; como es de suponer, importunaban más a los que iban mejor vestidos.

-¡Señoritos, señoritos, vengan aquí! ¡Vean qué ricos buñuelos, qué tortas, qué pasteles! ¡Son de miel! ¡Una delicia! ¡Yo misma los he hecho! -pregonaba una de aquellas vendedoras.

-¡Aquí están los buenos caramelos! -exclamaba otra, ofreciendo algo parecido a lo que pregonaba.

-No le haga caso, señorito -intervenía una tercera-. No le compre nada a esa mujerzuela. Fíjese usted en sus manos sucias y en su nariz manchada. ¡Venga aquí, señorito!

Claro que estas bravatas sólo las dirigían a los más pequeños. No se atrevían con los filósofos ni con los teólogos, que sólo se acercaban “a probar” la mercancía, lo que por cierto lo hacían a manos llenas, sin el menor escrúpulo. Al entrar en el seminario cada uno se dirigía a su salón de clase. Eran aulas amplias, de techo bajo, pequeñas ventanas, grandes puertas y bancos llenos de manchas y marcas. En seguida se animaban con un extraño murmullo, y los estudiantes de años superiores comenzaban a preguntar a los alumnos. Por un lado, algunas vidrieras vibraban por la voz de tiple de un gramático; por otra, vibraban por la voz de bajo de un filósofo o de un teólogo que llenaba la clase con su monótono “bu, bu, bu…”, al mismo tiempo que el cuidador, escuchando con indolencia la tarea, miraba de reojo para ver si algo asomaba por debajo de la mesa del bolsillo del alumno; un pedazo de buñuelo, de empanadilla, o de un simple panecillo.

En las ocasiones en que todo aquel ilustre alumnado llegaba a las clases ante que sus maestros o sabía que comparecían más tarde de lo normal, se entablaba en las aulas un combate general en el que intervenían no sólo la totalidad de los estudiantes, sino también los mismos cuidadores, a los que se suponía encargados de garantizar en el seminario el orden y la moral de los estudiantes. Casi siempre eran dos teólogos los que se dedicaban a organizar los combates, resolviendo si cada clase peleaba por su cuenta o sí el combate se haría en dos grupos: los mayores contra los menores, los colegiales contra los seminaristas.

Los gramáticos eran siempre los que iniciaban la lucha, pero apenas entraban en acción los retóricos, abandonaban el campo y se limitaban a seguir la pelea como simples espectadores desde algún sitio elevado.

Después entraban a la batalla los filósofos, en cuyos rostros apuntaba ya la barba, y finalmente los teólogos, de cuellos fuertes y musculosos como los de un toro, que llevaban pantalón bombacho. Por regla general el combate concluía con la derrota de los filósofos, quienes abandonaban el campo frotándose sus adoloridas espaldas, para ir a refugiarse en su salón y sentarse en sus bancos a reponer fuerzas.

Cuando entraba el maestro, que en su juventud también había participado en iguales peleas, en seguida deducía por las caras de los alumnos que el combate había sido tremebundo, y de inmediato procedía a
castigarlos dándoles a los filósofos palmetazos en los dedos, mientras en otro salón un colega golpeaba a los retóricos en la palma de las manos. A los teólogos se les daba un tratamiento diferente: recibían una buena ración de guisantes, que así llamaban a los látigos que en la punta tenían bolitas de cuero.

Los días festivos casi todos los estudiantes los pasaban en distintos antros de la ciudad, divirtiendo al público con representaciones no siempre muy convenientes, en las que aparecían personajes como Herodías o Pentefría, la virtuosa esposa de algún faraón. Por esos trabajos recibían un saco de mijo, medio ganso asado o unos cuantos metros de tela. Toda aquella docta gente, tanto los del colegio como los del seminario, que convivían en un tradicional ambiente de implacable antagonismo, era tan pobre que carecía de medios para alimentarse como es debido, y, en cambio, poseía un hambre feroz, no siendo posible, por lo tanto, calcular la cantidad de panecillos, buñuelos, o cualquier otra clase de alimento que serían capaces de comerse en un sólo día.

De ahí que muchas veces la generosidad de algunos mecenas no fuera suficiente para evitar que soportaran un hambre canina.

Cuando se encontraban en tal apuro se reunía el senado, compuesto de teólogos y filósofos, y decidían enviar varios grupos de retóricos y gramáticos, capitaneados por un filósofo y provistos todos de sus correspondientes bolsas, a hacer una incursión por los huertos próximos, y cuando regresaban, abundaban los pepinos, las calabazas y otras muchas hortalizas. Los senadores se hinchaban hasta tal punto de melones y sandías, que los profesores notaban ruidos anormales al día siguiente, los que provenían de las saturadas panzas de aquellos senadores. Tanto los busarcos como los seminaristas usaban unas levitas tan largas que al caminar casi se las pisaban.

No obstante, lo más curioso de la vida de los discípulos eran las vacaciones, es decir, el tiempo que transcurre desde el mes de junio hasta el final del verano. Al llegar estas fechas los seminaristas regresaban a sus casas y los caminos se llenaban de teólogos, filósofos, retóricos y gramáticos.

Los que no tenían familia se las arreglaban para pasar el verano en la casa de alguno de sus compañeros. Los teólogos y los filósofos, cuyos procedimientos e instrucción eran más elevados, se valían de ello para pasar las vacaciones como preceptores en la casa de alguna familia adinerada, recibiendo como remuneración final un par de zapatos o una levita nueva.

Todos salían juntos del seminario en tumultuoso tropel; comían y dormían en pleno campo y llevaban un saco como todo equipaje; dentro de él había una camisa y unos cuantos pares de calcetines. Los teólogos economizaban más que sus compañeros, por lo que andaban descalzos y con las botas al hombro, sobre todo si el camino era pantanoso; en este caso se subían los pantalones hasta las rodillas y caminaban así a través de los caminos llenos de lodo. Si durante su larga caminata encontraban alguna finca, iban hasta ella, se situaban debajo de las ventanas y entonaban una canción. Generalmente el propietario, que por lo común era un kozako o un terrateniente, los escuchaba conmovido y después le decía a su esposa:

Oye, mujer, no tengo la menor duda de que eso que han cantado debe ser algo muy sabio. Dales algo de comer.

Los sacos de los seminaristas se llenaban entonces de tocino, empanadas, incluso pollos asados, sin tener en cuenta que en los sacos había camisas y calcetines. Reforzados así de provisiones, reanudaban su camino. El tropel iba disminuyendo poco a poco, hasta que sólo quedaban los estudiantes cuyos hogares estaban más lejos. En una de estas ocasiones, durante una peregrinación de este tipo, tres busarcos se extraviaron al salirse de la carretera principal, y después de una larga caminata encontraron una apartada finca, a donde se dirigieron en busca de alimentos. Los sacos los tenían totalmente vacíos, y desde hacía bastante tiempo no probaban bocado. Los tres compañeros eran el teólogo Khaliava, el filósofo Jomá Brut y el retórico Tiberi Gorobez.

..-gritó el filósofo. Y lo era. Ante ellos había una finca de sólo dos casitas

El teólogo era un muchacho de anchos hombros, fuerte, y con una costumbre bastante extraña; le era imposible ver cualquier cosa que tuviera al alcance de su mano sin metérsela al bolsillo. Se mostraba siempre taciturno y huraño, en especial cuando bebía más de la cuenta: entonces se escondía entre los matorrales, y era casi imposible que sus compañeros lo encontrasen. Jomá Brut, por el contrario, tenía un carácter alegre y afable. Le gustaba mucho fumar en pipa, y cuando se emborrachaba invitaba a los músicos y se ponía a bailar. En el seminario pertenecía al grupo que probaba a menudo una buena ración de guisantes, pero lo soportaba estoicamente, diciendo que nadie puede evitar lo que tiene predestinado.

El retórico Tiberi Gorobez todavía no alcanzaba el permiso para beber aguardiente, fumar en pipa y tener bigote. Aún llevaba el oseledez (una trenza en medio de la cabeza afeitada) y se consideraba que su carácter no estaba formado, a pesar de que por los cardenales y moretones con que aparecía en las clases, prometía ser un buen kozako. El teólogo Khaliava y el filósofo Jomá Brut le daban frecuentemente unas buenas palizas como prueba de su protección, y lo utilizaban como mensajero. Comenzaba a oscurecer cuando los tres estudiantes se alejaron de la carretera principal. El sol había desaparecido en el horizonte y el aire conservaba todavía su calor estival. El teólogo y el filósofo fumaban sus pipas y Tiberi se dedicaba a tronchar con el bastón las flores que bordeaban el sendero, el cual serpenteaba entre los nogales y los robles que cubrían la llanura y su monotonía solo era rota por alguna colina redonda como las cúpulas de las iglesias. Algunos terrenos sembrados de trigo indicaban que en las cercanías había alguna aldea o por lo menos una hacienda.

Pero ya llevaban más de media hora caminando sin ver señales de algún pueblo. Entretanto, la noche había avanzado con tal rapidez que únicamente se veía en la lejanía una estrecha franja de cielo iluminada por una débil luz crepuscular.

-¡Qué extraño es todo esto! -dijo el filósofo Jomá Brut-. Me imaginé que estábamos cerca de una finca o de una aldea, pero no se ve nada que se lo parezca.

El teólogo, al escuchar a su compañero, miró hacia el horizonte, y siguió fumando tranquilamente.

Al rato el filósofo sentenció:
-Juraría por todos los demonios que no hay nada a la vista que parezca una aldea.
Ahora el teólogo respondió secamente sin quitarse la pipa de la boca:
-Si seguimos caminando, a algún sitio llegaremos.
La noche había cerrado ya por completo; debe decirse que era una de las más oscuras, y las nubes, apiñadas en el cielo, no daban la menor esperanza de que brillara la luna o las estrellas. Sólo en ese momento los tres compañeros reconocieron haber perdido el camino y estar totalmente perdidos. El filósofo, después de mirar detenidamente alrededor, dijo:

-No logro ver el camino.
Al cabo de un rato, como si lo hubiera estado pensando, el teólogo repuso:
-Es muy fácil perderlo en una noche tan oscura como esta.
El retórico subió a una pequeña cuesta con el fin de encontrarlo, pero a pesar de que se puso a gatas buscando con mucho cuidado, sus manos sólo tropezaban con madrigueras de zorros o con arbustos. Se hallaban en medio de la inmensa estepa, por donde parecía que jamás hubiera pasado alguien. Cansados, caminaron otras leguas más, sin encontrar las huellas del camino. El filósofo comenzó a lanzar gritos, pero su voz se perdía en la inmensa llanura. Al cabo de un rato oyeron un lejano gemido muy parecido al aullido de un lobo.

-¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntó el filósofo.

-¿Qué otra cosa podemos hacer si no es pasar la noche en medio del campo? -contestó el teólogo, volviendo a encender su pipa.

Pero su decisión no fue del agrado del filosofo, acostumbrado a comer cuando menos un buen pedazo de tocino y medio kilo de pan antes de acostarse; ahora tenía el estómago terriblemente vacío y haciendo toda clase de ruidos. Por otra parte, a pesar de su carácter alegre, estaba aterrado por su miedo a los lobos.

-No, amigo Khaliavna; eso no es posible -repuso-. No estoy de acuerdo en que nos tumbemos en el suelo como si fuéramos perros sin comer algo antes. Sigamos un poco más y tal vez encontremos alguna finca en la que podamos beber un vaso de vino antes de dormirnos.

Al oír la palabra vino, el teólogo, escupiendo, dijo:
-Por supuesto, eso es lo que necesitamos. Resulta muy despreciable pasar la noche en medio del campo.
Y los tres siguieron andando. Por suerte para ellos, no transcurrió mucho tiempo antes de que oyeran el lejano ladrido de unos perros, y dirigiéndose hacia allí no tardaron en ver unas luces.

-¡Una finca, les juro que es una finca! -gritó el filósofo.

Y lo era. Ante ellos había una finca de sólo dos casitas, rodeada toda ella por una cerca. Las ventanas tenían luz y frente a ellas había una docena de melocotoneros y un patio lleno de carros, que los tres viajeros miraron a través de las estacas de la cerca. Mientras tanto, el cielo se había despejado un poco y se veían brillar algunas estrellas.

-Tenemos que avivarnos, compañeros, y sea como sea conseguir un lugar donde pasar la noche -ordenó el filósofo.

Acto seguido los doctos varones llamaron a la puerta, golpeándola con todas sus fuerzas.

-¡Eh, abran, abran!
Al abrirse la puerta de una de las casitas, vieron parada en el umbral una vieja envuelta en un grueso abrigo.
-¿Quién anda ahí? -preguntó tosiendo.
-Somos tres caminantes que en esta noche tan oscura nos hemos perdido. Déjenos entrar. Sólo queremos pasar aquí la noche.

-¿Pero quienes son? –volvió a preguntar la anciana.

-Gente de paz y honrada: el teólogo Khaliava, el filósofo Brut y el retórico Gorobez;
-No, no es posible -refunfuñó la vieja-; el patio está lleno de gente y todos los rincones de la casa están ocupados. No me queda sitio donde se puedan meter, y al ser los tres tan grandes podrían derrumbarme la casa. Además sé que todos los colegiales son unos borrachos y no quiero recibir a esa clase de gente. De modo que ¡fuera de aquí!

-Por Dios, abuelita, ten piedad de nosotros. No dejes morir a unos buenos cristianos libres de toda culpa. Que nos castigue Dios si hacemos algo malo.

La anciana pareció conmoverse un poco, y después de un rato les dijo:

-Bueno, está bien, los dejaré entrar. Pero que conste que los separaré y los pondré en distintos sitios para así estar más tranquila.

-Haz lo que creas mejor. Tú mandas y nosotros te obedecemos.

Les abrió el portón del cerco y los tres colegiales entraron en el patio.
-Escucha, abuela -dijo el filósofo desde atrás de la anciana-; no sé cómo explicarlo, pero sucede que a nuestros estómagos les ocurre algo muy raro. Desde ayer no hemos probado el menor bocado, y ellos se han dedicado a hacer ruidos y parecen estar completamente vacíos…

-Eso ya es mucho pedir -gruñó la vieja-. No hay nada preparado y no me voy a poner a estas horas a prender el horno.

-Nosotros te lo pagaríamos mañana en dinero constante y sonante -dijo el filósofo, añadiendo en voz baja:

“Te juro que nada recibirás, vieja del cuerno”.
-Está bien, está bien, pasen, pero confórmense con lo que se les da y después que el diablo se los lleve.
Sus palabras entristecieron al filósofo Jomá, pero de repente se animó grandemente pues su fino olfato había percibido olor a pescado salado. Inquieto miró por todos lados y de pronto vio salir la cola de un pescado por uno de los bolsillos del anchísimo pantalón del teólogo. Al astuto Khaliava le habría sobrado tiempo y ocasión para extraer de un carro del patio una magnífica parca. Y como eso lo había hecho siguiendo su inveterada costumbre, se olvidó de él y se puso a buscar algo que poder meterse al otro bolsillo, aunque sólo fuese un trozo de rueda abandonada. Y conociendo esa distracción, el filósofo Jomá pudo sacarle el pescado del bolsillo sin el menor remordimiento y tan fácil como si hubiera sido unos de sus propios bolsillos. La vieja fue enseñando a cada uno su lugar; al más joven lo metió en una casucha; al teólogo en una despensa, y al filósofo, llevándolo al corral, en uno de los establos.

Apenas quedó solo, el filosofo se tragó con un gran gusto la parca, revisó casi en oscuras las paredes del establo y le dio una patada a un cerdo que se había despertado y que andaba perezosamente. El muchacho se había echado ya sobre la paja tratando de dormir, cuando se abrió la puerta y apareció la vieja.

-¿Qué buscas, abuelita? -le preguntó sorprendido el filósofo.
Como única respuesta, la vieja, abriendo los brazos se acercó a él con claras intenciones con un ademán que descubría claramente sus intenciones sexuales.

-Óyeme, abuelita -dijo el filósofo rechazándola-, estamos en la Santa Cuaresma, y, aunque me entregaran mil monedas de oro, no sería capaz de cometer un pecado.

Pero el brillo de los ojos de aquella vieja demostraba que su explicación no la detendría. El filósofo sintió miedo.

-¡Márchate! -gritó-. ¡Vete de aquí y déjame en paz!

Y al decir esto se levantó de un salto a fin de escapar del establo, pero la vieja le cerraba el paso. Intentó atropellarla con su carrera, y de pronto sintió aterrorizado pues ni sus brazos ni sus pies le obedecían; incluso la voz se le ahogaba en la garganta. El corazón le latía con tal fuerza que parecía a punto de estallarle dentro del pecho.

Se quedó asombrado y en el acto vio que la vieja cogía una escoba a manera de látigo; después le saltó a los hombros y lo obligó a llevarla como si fuese un caballo. Todo esto ocurrió con la rapidez del rayo. El filósofo se sujetó las rodillas intentando detener sus piernas, pero resultó inútil: no le obedecían, y comenzaron a saltar y a correr a la misma velocidad que el mejor caballo circasiano. En menos tiempo del que se tarda en decirlo, se hallaron en el exterior de la finca; después galoparon a campo abierto y luego por un bosque tan negro como el carbón. Sólo entonces entendió lo que le sucedía: ¡estaba en poder de una bruja!

Apareció la luna, y con su plateada y misteriosa luz comenzó a iluminar la campiña, apareciendo ante sus ojos los bosques, el campo, las colinas, como paisajes de sueños. Las sombras que los arbustos y los árboles proyectaban parecían colas de negros cometas abalanzándose sobre la tierra. Pero lo más sorprendente era que el filósofo no notaba el azote del viento, como habría sido lógico sentirlo dada su fuerza. La noche era cálida, casi asfixiante. Jomá Brut, al soportar sobre sus espaldas el peso de tan extraño jinete, experimentaba un agobio desconocido hasta entonces y una rara sensación de languidez. Si miraba a sus pies, veía la hierba totalmente cubierta por una capa de rocío de una maravillosa transparencia, co- mo si la tierra fuera el fondo del mar; su tersa superficie reflejaba la imagen del filósofo con la bruja sobre sus hombros.

En aquella límpida superficie aparecía también reflejado el luminoso disco de la luna, e incluso creía oír sonidos emitidos por las silvestres campanillas azules al agitarse. Finalmente vio deslizándose sobre las aguas a una esbelta y hermosísima rusalka, de cuerpo marmóreo, como si estuviera formado por los rayos de la luna. La rusalka lo miraba con ojos brillantes y profundos, con una mirada que penetraba en su corazón como un finísimo dardo, y otra ondina también se deslizaba por la superficie, cantando, y otra se alejaba sonriéndole.

¿Era sueño lo que sus ojos contemplaban o era realidad? Una dulce y extraña melodía, penetrante como un silbido, llegaba hasta sus oídos.

“¿Pero qué me está ocurriendo?”, se preguntaba el filósofo sin dejar de galopar.

Jomá Brut sudaba y al mismo tiempo sentía un indecible placer. Su corazón latía con inusitada violencia, que él intentaba mitigar apretándose el pecho con las manos. Después tuvo miedo. Comenzó a recordar las oraciones que había aprendido, y procuró escoger las que creía más eficaces para alejar a los demonios.

Después de haberlas recitado sintió un gran alivio, como si un reconfortable frescor le hubiera recorrido todo el cuerpo. Le parecía que sus piernas se movían con menos agilidad y que la vieja estaba menos segura sentada sobre sus hombros. La misma tierra iba aproximándose, y al igual que la luna y las estrellas, recobraba su aspecto natural. “Espera, maldita vieja, vas a ver ahora”, se dijo el filósofo comenzando a recitar una plegaria.

Gracias a esto, y aprovechando el momento más conveniente, consiguió liberarse de la vieja y, sin perder tiempo, saltar sobre su espalda. Y ahora le tocó a la vieja galopar con tanta velocidad que al filósofo le costaba mucho sujetarse, y respiraba con gran dificultad. La tierra corría bajo sus pies, pero todo con aspecto bien visible y natural, como si la tuviera en la palma de la mano. Cabalgando sin detenerse sobre la bruja, agarró un leño que vio en el camino y golpeó a la vieja con todas sus fuerzas. Ella lanzó horrendos gritos, furiosos y amenazadores; después se convirtieron en gemidos más débiles, más amables, mas puros, y finalmente calmados, apenas audibles, que paulatinamente se fueron convirtiendo en una melodía que ablandaba el alma, con extrañas notas, como entremezcladas con argentinos sonidos de campanillas de plata. Al filósofo le parecía imposible que una voz como aquella pudiera salir de la garganta de una vieja.

Finalmente vio deslizándose sobre las aguas a una esbelta y hermosísima rusalka,

-¡Oh, ya no aguanto más! -exclamó al fin, y cayó rendida al suelo.
Los primeros rayos de la aurora empezaban a aparecer y allá a lo lejos se oía el tañido de las campanas de la iglesia de Kyiv, la de doradas cúpulas. El filósofo se incorporó y al buscar con la vista para tratar de saber dónde se encontraba, se dio cuenta, con extraordinaria sorpresa, de que a sus pies, en el suelo, yacía una hermosa joven con los exuberantes cabellos en desorden; de bellos y grandes ojos con pestañas tan largas como flechas. La joven gemía de un modo apenas perceptible, y tendió hacia él sus blancos y torneados brazos, y lo miraba con los ojos arrasados en llanto. Jomá Brut comenzó a temblar y a hablar sin saber lo que decía, y se sintió invadido por una extraña emoción y timidez que nunca había sentido. Después tuvo miedo y el impulso a alejarse con rapidez de ahí. Como loco, corrió velozmente, con toda la rapidez que deban sus piernas, hacia la ciudad de Kyiv, que veía a lo lejos, y en pocos minutos ya estaba en ella. Su corazón latía como loco y él no podía explicarse el nuevo sentimiento que lo había embargado. En la ciudad no quedaba un solo estudiante, todos se habían marchado, dispersándose por las granjas y las aldeas vecinas, puesto que en ellas podían encontrar siempre, y sin que les costará un centavo, alimentos de toda clase: pasteles, empanadas, queso, mantequilla… En cambio, en el viejo seminario, también vacío de estudiantes, el filósofo no consiguió ni un mísero mendrugo, ni un pedazo de tocino, ni nada que poder llevarse a la boca, a pesar de que buscó y rebuscó por todas partes, hasta en los más ocultos rincones, allí donde los estudiantes solían esconder sus provisiones.

Sabía que no podía perder ni un segundo, y que le era necesario espabilarse. Jomá Brut, sin pensarlo dos veces, se dirigió de inmediato al mercado, donde comenzó a pasear y después a dar vueltas en torno a una joven viuda a la que hacía guiños y bromas. La viuda vendía perdigones, pólvora, ruedecillas, cintas…

Nuestro joven filósofo se vio aquel mismo día ante una mesa muy bien provista de pollo, empanadillas y cuanto podía imaginar. Gracias a la amabilidad de la amable viuda que lo atendía en un jardín rodeado de cerezos. Al anochecer lo vieron en la taberna. Echado sobre un banco, descansaba fumando en su pipa como de costumbre, y ante la mirada de todos los presentes le pago al viejo judío dueño de la bodega, con una moneda de oro. Antes se había bebido el buen filósofo una botella del mejor vino y contemplaba alegremente a los que entraban y salían. Al parecer había olvidado por completo la aventura que acababa de vivir.

Mientras tanto, por la ciudad había comenzado a circular el comentario de que la joven hija del centurión más rico de la comarca, que tenía su finca a cincuenta leguas de Kyiv, había regresado de un paseo por el campo totalmente golpeada, destrozada a golpes; no se sabía quién la había maltratado de esa manera. La joven sólo logró reunir fuerzas a fin de regresar a su casa para morir en ella. Cuando ya sospechaba que la muerte se acercaba, la pobre muchacha tuvo tiempo de expresar su última voluntad: quería que cuando muriese, durante tres días y tres noches seguidas rezara ante su ataúd un seminarista de Kyiv llamado Jomá Brut.

Fue el mismo rector del seminario quien se interesó en informar del caso al filósofo; lo mandó llamar y después de recibirlo en sus oficinas, le ordenó que sin pérdida de tiempo se pusiera a las órdenes del centurión, quien lo llamaba con urgencia a su casa y ya había enviado a buscarlo a unos criados y un coche.

El filósofo lanzó un profundo suspiro; tenía un fatal presentimiento, aunque le habría sido imposible explicarlo, y contestó que se negaba rotundamente a ir.

-Escúcheme, dómine Jomá -dijo el rector, que a veces trataba a sus alumnos con mucha amabilidad-: aquí nadie le está preguntando si quiere o no quiere ir. El caso es que si no obedece en el acto le haré dar una paliza con una vara verde de abedul como para que no se levante en una semana.

Cuando escuchó estas palabras, el filósofo bajó la cabeza sin decir una palabra y confiando en la velocidad de sus piernas por si encontraba una oportunidad para escaparse del problema en que se encontraba. Bajó las escaleras cabizbajo y meditabundo, y al llegar al patio, bordeado de grandes álamos, se detuvo bajo las ventanas de la oficina del rector al oír las últimas órdenes que éste daba a su secretario y a uno de los emisarios enviados por el centurión:

Dele las gracias de mi parte por los huevos y la harina, y dígale que los libros que me ha pedido se los enviaré cuando mis escribientes hayan terminado de copiarlos. Dígale también que he sabido que por su finca pasa un río en el que se pescan muy buenos peces, abundando el sabroso esturión. Que me envíe alguno pues los que venden en el mercado son muy malos y caros… Entonces, espero… Y tú, Evtuj, invita a los emisarios del centurión unas cuantas copas de horilka. Ah, y no se olviden de amarrar muy bien al filósofo, que a la menor oportunidad tratará de escaparse.

-¡Diablos -pensó Jomá Brut-, este viejo no tiene un pelo de tonto!

En seguida vio el carro que le esperaba: era tan grande que lo comparó con un cobertizo sobre ruedas, pues tenía aproximadamente las dimensiones de un horno de cocer ladrillos. Sin embargo, aquel tipo de carro era muy común entre los judíos que en grupos de cincuenta llegaban de Cracovia en busca de ferias donde vender sus mercancías. Al lado del carromato estaban seis o siete corpulentos kozakos. Por sus vestimentas dejaban saber que su amo era un hombre muy rico. Las singulares cicatrices que tenían en la cara probaban que habían participado en algún combate, y seguramente de forma gloriosa.

“Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Lo que está escrito tiene que cumplirse”, se resignó el filósofo. Después se encaminó a donde estaban los kozakos:

-Buenos días, compañeros.

-Buenos días, señor filósofo.
-¿De modo que haremos el viaje juntos? Este es un magnifico coche; aquí dentro cabría una banda de música, y hasta hay sitio para ponerse a bailar –comentó el filósofo mientras se sentaba.

-Sí, es cierto –le contestó uno de los kozakos, sentándose en el pescante, al lado del cochero, quien, al sobrarle el tiempo para empeñar su sombrero en la taberna, se cubría la cabeza con un trapo. Los otros kozakos se sentaron al lado del filósofo, acomodándose encima de los sacos llenos de las mercancías compradas en el mercado.

-Sería interesante saber –trató de conversar el joven filósofo- cuántos caballos son necesarios para tirar de un carro como éste, cargado, por ejemplo, de sal o de clavos.

-Supongo que varios -contestó uno de los kozakos después de pensar un poco y suponer que con su respuesta ya no tendría ninguna obligación de hablar con el filósofo a lo largo de todo el camino.

Lo que quería el filósofo era que le diesen detalles sobre la personalidad del centurión hacia cuya casa se dirigían. Quería saber sobre su carácter, sus costumbres y, sobre todo, algunos detalles de aquella hija que agonizaba después de regresar toda golpeada de un paseo por el campo y con cuya vida y muerte se entrecruzaba ahora su destino. Pero ningún kozako se tomó la molestia de responderle, callados como piedras, con la pipa en la boca y durmiendo a ratos.

Sólo uno de ellos le habló a gritos al cochero:
-Oye, Overko, no te vayas a olvidar de parar y despertarnos a todos cuando lleguemos a esa taberna que hay en el camino.

Y apenas acababa de decir esto cuando sus ronquidos retumbaron en todo el coche. Pero no había la menor necesidad de hacer esta advertencia, pues unos metros antes de llegar frente a la taberna, todos despertaron y gritaron a coro:

-¡Alto!
Pero hasta los mismos caballos estaban ya tan acostumbrados que, sin que tuvieran que ordenárselo, se paraban en cuanto olfateaban que estaban frente a una taberna. Este era un día del mes de julio y caía un sol a plomo, pero ninguno de los kozakos flojeó en el momento de saltar del carro para entrar en el pequeño y mísero tabernucho, cuyo dueño, un viejo judío, se puso muy contento al verlos, pues ya los conocía de anteriores visitas. De inmediato les sirvió en una de las mesas unas enormes salchichas, y desapareció en el acto por evitar presenciar la manera en que se comían la carne de cerdo, prohibida rigurosamente por el Talmud. Cuando todos estuvieron sentados, les pusieron delante grandes vasos de aguardiente y comenzó la gran fiesta, a la que ni tonto ni perezoso se agregó también el filósofo. Y siguiendo la costumbre ucraniana de llorar, besar y abrazarse unos a otros al beber, llegó un momento en que parecía que las cuatro paredes de la taberna lloraban y bebían con ellos.

-Oye, Spirid, ven aquí, que quiero darte un beso.
-Ven acá, Doroch, que tengo ganas de abrazarte.
Y uno de los kozakos, el de más edad, un individuo con mucha barba y un bigote gris muy espeso, se llevó los brazos a la cabeza y empezó a llorar desesperadamente porque era huérfano y no tenía a nadie en el mundo.

El compañero que tenía al lado lo consolaba diciéndole:

-No llores, camarada; ¡qué le vamos a hacer! Sólo Dios sabe lo que nos conviene.
Jomá Brut tenía al lado al kozako llamado Doroch, que como era muy pero muy curioso, empezó a hacerle preguntas, demostrando un especial interés por la filosofía.

-Me gustaría saber qué les enseñan en el seminario y si es lo mismo a lo que el sacristán nos lee siempre en la iglesia.

-No me hagas esas preguntas –le respondió el filósofo-. Únicamente Dios lo sabe todo, y siempre sucede lo que Dios quiere.

-No, no espera. Quiero saber lo que dicen esos libros que ustedes estudian. Quizá no sea igual a lo que nos leen el sacristán y el diácono.

-Por Dios, déjame tranquilo. ¿Qué necesidad tenemos de hablar de todo esto, si ya te digo que es imposible que podamos cambiar algo? Siempre sucederá lo que tenga que suceder.

-Pues yo quiero saberlo. Y además quiero ingresar en el seminario. ¿Qué te parece? ¿Crees que me enseñarán todo?

-Déjalo tranquilo de una vez -le dijo el kozako que tenía cerca, mientras dejaba caer la cabeza pues ya no se podía sostener sobre los hombros-¿Es que no entiendes lo que te dicen…?

Los demás kozakos estaban ya más que borrachos y discutían entre ellos, criticaban a sus amos, y cada uno exponía sus razones sobre el brillo y el caminar de la luna.

Al darse cuenta de cuál era la situación y del estado en que se encontraban sus custodios, el filósofo empezó a preparar su fuga. Lo primero que hizo fue hablar con el viejo kozako que lloraba porque era huérfano y estaba solo en el mundo:

-¿Qué necesidad hay de llorar, amigo? También yo soy huérfano, los dos somos igual de desdichados. Déjame que me vaya. ¿Para qué me quieren aquí?

-Por supuesto -contestaron los otros-. Dejemos que el muchacho se vaya a donde quiera.

Ya tenía el permiso de los kozakos para escaparse e incluso querían acompañarlo un trecho del camino, cuando el kozako interesado en la filosofía se opuso rotundamente a que se vaya, diciéndole a sus amigos:

-De ninguna manera. Tengo mucho de que hablar con él sobre el seminario; quiero ir a estudiar.

De todas maneras le hubiera sido imposible huir al filosofo, aún si no se hubiera opuesto el kozako que quería estudiar en el seminario, pues le parecía que la taberna tenía tantas puertas que hubiera sido incapaz de elegir la correcta por donde salir. Sólo cuando anocheció se dieron cuenta aquellas buenas gentes de que debían continuar su camino. Subieron al carro y mientras el cochero trataba de ir con la máxima velocidad, los kozakos se pusieron a cantar sin que hubiera manera de saber qué es lo que cantaban. Durante horas tuvieron que empeñarse en reencontrar el camino, pues a pesar de que lo conocían como si fuera la palma de su mano, se perdieron. Al encontrarlo, después de bajar por una acentuada pendiente, entraron a un valle. El filósofo vio entonces una larga empalizada a ambos lados del camino y dentro de la cerca, algo tapadas por los árboles, los techos de un buen número de casas. Era la aldea propiedad del centurión.

Muy avanzada ya la noche, en el cielo se predominaban las nubes, y sólo en algunos claros se veía el brillo de las estrellas. En ninguna de las casas había luz. Al entrar en un gran patio rodeado de casitas y pajares, fueron recibidos por los ensordecedores ladridos de una manada de perros. En el centro, justo al frente mismo de una gran puerta cochera, y de mejor apariencia y tamaño que las demás, había una casa que debía de ser la del centurión. El carro se detuvo frente a una casucha medio desmoronada que quizá fuese un granero o un pajar. Los kozakos, cada uno por su lado, se fueron a dormir. El filósofo quiso recorrerlo todo, ir por los alrededores y examinar la casa señorial, pero su estado de ánimo le hizo desistir. Tenía la sensación de que la casa era un enorme oso, y el humo negro que salía de la chimenea le recordaba al rector del seminario. Haciendo un gesto de fastidio, decidió irse también a dormir en el lugar que le habían señalado.

Al día siguiente, al despertarse, vio un inusitado movimiento de gente: durante la noche, la hija del centurión había fallecido.

Los criados corrían abrumados de trabajo de un lado a otro del pueblo, y fuera de la cerca se apiñaban los curiosos que querían enterarse de lo que estaba ocurriendo. El filósofo se dedicó a ver cómo era y qué había en la propiedad donde había pasado la noche. Primero examinó la casa del dueño, no muy grande e igual a las que en otros tiempos se construían en Ucrania. El tejado tenía un sobretecho de paja y en lo alto de la fachada había una ventana; varias enredaderas con flores de colores muy vivos subían por las paredes. Los cimientos de la casa estaban construidos con troncos de roble. Y unos peldaños subían hasta la puerta, la cual tenía un banco a cada lado.

Algo más lejos se levantaban unos cobertizos y, delante de la casa, un peral, cuya sombra llegaba hasta la entrada. Desde la casa hasta las cocheras había graneros y cobertizos donde se guardaban los instrumentos de labranza. En una pared estaba pintado un kozako bebiendo a caballo, con un letrero que decía: “Yo sólo me lo beberé todo”. En las paredes restantes se habían pintado pipas, tambores, caballos y diversas frases alusivas al vino y a los kozakos. “El vino es la alegría de los cosacos”.

Junto a las puertas cocheras, dos viejos cañones montaban la guardia. Según todos los indicios, el propietario era muy amante de las juergas, y el patio se llenaba con frecuencia de grandes bebedores. En el exterior del patio, dos molinos tendían sus aspas al cielo. Al otro lado de la casa había un jardín, y más allá de los árboles seguramente varias casitas, por el humo de chimeneas que se veía elevar en el horizonte. El poblado estaba en la falda de una colina hasta cuyo pie llegaba el límite de la finca del centurión. En una ladera de la colina había dos casitas, una de ellas casi oculta por las ramas de un manzano, cuyos frutos, cuando caían, rodaban hasta el patio del centurión. Un estrecho sendero que pasaba por la finca serpenteaba desde la cumbre hasta la casa. Y ahora, al examinar en pleno día el angosto y abrupto camino por donde habían llegado, el filósofo se dijo que los caballos del dueño debían ser muy inteligentes o los kozakos que lo llevaron tendrían el cerebro de hierro para no tener miedo de rompérselo en un viaje tan peligroso como el que hicieron, y todos borrachos al máximo, y pasando por lugares muy propicios para que un carro se despeñase con todos sus ocupantes dentro.

Al mirar en dirección contraria, un risueño paisaje tuvo ante él. Desde donde estaba se veía casi todo el poblado, que aún parecía estar durmiendo a pesar de que el sol lo acariciaba ya, y podía distinguir en la lejanía varias fincas y alguna aldea, dando la impresión de que se encontraban muy cerca unas de otras, a pesar de que entre ellas mediaban leguas de estepa. Una colina descendía hasta el Dnipró, cuya tersa y refulgente superficie se destacaba en la lejanía como si fuera una faja de plata.

“Qué sitio tan agradable -pensaba el filósofo mientras contemplaba aquel panorama-. Cómo me gustaría vivir aquí, pasar el tiempo pescando en el río o en esos estanques y lagos tan azules, o cazando en el bosque vecino o en la pradera, donde es probable que abunden las perdices. ¡Qué bonitos huertos! Cómo disfrutaría dedicándome a recoger frutos, secarlos y preparar aguardiente, pues no tengo dudas de que sería muchísimo mejor que el que venden en las tabernas… Y sin embargo tengo la obligación de hacer lo imposible para escaparme de aquí cuanto antes…”

Mientras se entretenía con estos pensamientos, su mirada se fijo en un sendero que había más allá de la cerca, escondido entre los matorrales que la rodeaban. Se dirigió hasta allí con mucha cautela, saltó la cerca y empezó a andar como si fuese de paseo, pero con el propósito de llegar hasta las primeras casas del poblado. Y sólo dio unos pocos cuando sintió que caía sobre sus hombros una pesada mano; al volverse vio que era el viejo kozako que había llorado en la taberna porque era huérfano.

-Estás en un gran error, señor filósofo, si piensas que vas a poder huir de aquí. Nosotros nos encargaremos de impedirlo. Además todos los caminos están vigilados. Regresa a la casa y anda a saludar a nuestro amo, que te está esperando.

-De acuerdo –contestó Jomá Brut resignado-. Llévame allá y con mucho gusto lo saludaré.
Acompañado por el kozako, entró en una estancia en cuyo centro había una tosca mesa y varias sillas. Allí estaba sentado el centurión, con los codos sobre la mesa y la cabeza apoyada en las manos. Se le veía muy triste y abatido. Tendría alrededor de cincuenta años, pero se habría podido calcular muchos más; la profunda tristeza que reflejaba su palidez era un claro anuncio que para él se habían acabado las diversiones. Cuando los dos visitantes entraron en la habitación, el centurión alzó la cabeza, se levantó y correspondió con un breve saludo a las corteses reverencias del filósofo y del kozako.

-¿Quién eres tú, de dónde vienes, cuál es tu profesión, buen hombre? -preguntó con amabilidad el centurión.

-Soy un seminarista de Kyiv y me llamo Jomá Brut.

-¿Quién es tu padre?
-No lo sé, excelentísimo señor.
-¿Y tu madre?
-También lo ignoro, excelencia; tampoco sé su nombre aunque lógicamente tendría que llamarse de algún modo.

El viejo centurión se quedó un momento pensativo, y después preguntó:

-¿Dónde y cuándo conociste a mi hija?
-No la conozco, no hablé nunca con ella, ni con ninguna de esta aldea, y si he de decirle la verdad, y sin intención de ofenderle, le aseguro que tampoco está entre mis deseos conocerla.

-Entonces, ¿qué explicación puede haber para que mi hija, antes que a cualquier otro, te nombrara precisamente a ti para rezar ante su ataúd?

-No existe la más mínima explicación -contestó el joven filósofo encogiéndose de hombros-. Sin embargo, tengo entendido que es normal que las personas de elevada alcurnia sean bastante caprichosas y que algunos de sus deseos sean a veces tan difíciles de explicar. El proverbio dice: “A tus amos les debes obediencia”, y yo estoy dispuesto a obedecer sin más comentarios ni explicaciones.

-Señor filósofo -dijo el centurión levantando la voz-, creo que no dices la verdad.

-Le juro, excelencia, que no miento.
-¡Ah, si mi hija no hubiera muerto tan pronto…! Con tiempo ella podría haberme explicado todo, pero no tuvo tiempo. Sólo pudo decirme con apagada voz de agonizante: “Haz que busquen en Kyiv a un seminarista llamado Jomá Brut. Él es quien debe rezar ante mi ataúd durante tres días y tres noches y rogar por el eterno descanso de mi alma.” Y agregó: “Él es el único que conoce mi pecado.” Y acto seguido mi querida palomita dejó de existir. Esta es la causa de que no pueda hasta ahora entender lo que me quiso decir con esas sus últimas palabras. ¿Será, acaso, buen hombre, que tú eres famoso por tus buenas obras y por tu piedad, y ella las conocía?

-¿Quién? ¿Yo? -exclamó sorprendido el seminarista-. ¿Yo, un santo? Si precisamente hace pocas horas he cometido un gran pecado al comer dulces en las vísperas del Jueves Santo. Sólo soy un miserable pecador…

-Pues aún lo comprendo menos… Pero sea como sea, deberás cumplir al pie de la letra la última voluntad de mi pobre hija. Prepárate para cumplir tu tarea y satisfacerla.

-Excelencia, si me lo permite, voy a hacer una objeción -repuso el filósofo-. Es evidente de que cualquiera que sepa leer es capaz de cumplir fielmente esos deseos. Pero pienso que sería más conveniente que esta misión la llevase a cabo un sacerdote, o al menos un diácono, pero no un simple seminarista como yo. Ellos están preparados para cumplir con esos oficios. Además, por otra parte, yo tengo muy mala voz y mi aspecto…

-Podrás decir lo que quieras y hasta es posible que tengas razón, pero es obligatorio que cumplas la última voluntad de mi desdichada hija. Si la cumples exacta y escrupulosamente, te daré una espléndida recompensa, pero si te lo haces mal o con desgana, tendrás que sufrir las consecuencias de tus actos. Te aconsejo que no me desobedezcas.

Estas últimas palabras las dijo en un tono que el infeliz seminarista comprendió muy bien.

-¡Vamos! -exclamó el centurión.
Entraron en la cámara mortuoria, pero antes, Jomá Brut se detuvo un momento para sonarse con su colorido pañuelo, y después siguió adelante con firme resolución. El aposento estaba bellamente adornado con un tapiz chino de color carmesí. Debajo de los iconos, en un rincón, estaba el cadáver, cubierto con terciopelo azul bordado de oro. Cuatro antorchas cuya luz se confundía con la del sol alumbraban su rostro. Al principio el joven filósofo no logró ver su cara porque el padre estaba inclinado sobre ella. El viejo centurión, como si su hija pudiera oírle, le dijo:

-Por mucho que sienta tu muerte, mi querida palomita, más doloroso me resulta no saber quién ha sido el culpable, quién es el que ha truncado tu vida justo en el momento en que deberías comenzar a disfrutar de tu juventud y conocer las delicias que tendrías. Si supiera quién es el autor de tan miserable villanía, te aseguro que nunca más volvería a ver a sus padres ni a sus hijos: ordenaría su muerte y haría arrojar su cadáver en medio del campo para que se lo comieran los buitres y los perros. ¡Cómo me duele y me atormenta pensar que mientras yo soportaré lo que me queda de vida llorando con desesperación hasta perder la vista, mi enemigo disfrutará de la vida y se burlará de mi infortunio!

Luego calló, ahogándose su voz en conmovedores sollozos que enternecían a los que lo rodeaban. Después de un largo silencio, el filosofo tosió como preparando la voz, y el viejo centurión le indicó el sitio en el debería estar, en la cabecera del túmulo, donde ya estaba instalado un atril con varios libros.

“Bueno -pensó el filósofo, resignándose-, tres días pasarán en seguida, y quizá recibiré unas cuantas monedas de oro.”

Volvió a toser, y situándose frente al atril, comenzó la lectura sagrada sin preocuparse de lo que pudiera suceder en torno suyo y menos aún de la difunta. Al poco tiempo el padre salió del aposento, y el filósofo aprovechó el momento para dejar el libro y mirar el rostro de la muerta.

Una horrible impresión le estremeció: delante de él yacía una mujer de una deslumbrante belleza, una belleza como nunca habría podido imaginar que existiera. La muchacha yacía como si estuviera viva. La muerte no había desfigurado los finos trazos de su rostro. Su cutis era lozano y blanco como la nieve, y sus cejas, negras como la noche, estaban suavemente delineadas sobre sus ojos cerrados. Sus finas y largas pestañas se inclinaban sobre sus pómulos y se hubiese dicho que ocultaban indefinibles anhelos. Incluso sus labios conservaban todavía el color del rubí; parecía que quisieran sonreír, que prometiesen una inefable felicidad.

Sin embargo, algo extraño e inexplicable se notaba en aquel rostro. Era algo que atravesaba el corazón como una flecha, algo que hería en lo más profundo del alma, que producía la misma sensación que si de repente alguien entonara en una alegre fiesta un canto fúnebre. De repente creyó reconocer a esa mujer tan bella; pero, ¿dónde y cuándo la había visto?

“¡Ah!… –casi grito el filósofo, palideciendo-. ¡Es la bruja…!

Y temblando de pies a cabeza empezó a recitar sus oraciones.
Ya no le cabía la menor duda. Tenía ante él a la bruja, y además fue él quien la mató al golpearla tan fuerte con el leño. Al atardecer se llevaron el cadáver a la iglesia. El filósofo tuvo que agregarse al cortejo fúnebre, siendo de los que llevaban a hombros el ataúd cubierto de terciopelo y con cintas negras. Delante de él iba el centurión, quien también ayudaba a llevar a su querida hija a su última morada. La iglesia, toda de madera, se veía en un estado ruinoso, a pesar de que para esta ocasión la habían recubierto de musgo y ramas verdes; el triste edificio estaba en las afueras del poblado y elevaba hacía el cielo sus tres cúpulas.

Debido a su total abandono, hacía ya mucho tiempo que no se oficiaba en ella, pero ahora todos los altares estaban alumbrados con cirios. El féretro fue colocado en el centro de la nave, delante del altar mayor. El centurión se arrodilló devotamente y durante un tiempo estuvo rezando; luego besó la fría frente de su hija y salió del templo con toda la servidumbre, habiendo previamente encargado al mayordomo que el filósofo fuera bien atendido y que después de la cena se le volviera a llevar al lado del féretro.

Al llegar a la casa, todos los criados pusieron las manos sobre la estufa, siguiendo la antigua tradición de los ucranianos cuando han visto a un muerto. El feroz apetito que tenía el filósofo le permitió olvidar durante un largo tiempo todo lo referente al entierro, incluso la insoslayable obligación de tener que pasar tres noches seguidas en la iglesia. La servidumbre no tardó en reunirse en la cocina, que en la casa del centurión era como si fuese el aposento principal, como un centro en el que sobre todo a la hora de comer se reunían todos los habitantes de la finca, incluyendo incluso a los perros, que iban a la caza de huesos y mendrugos.

Siempre que un nuevo personaje entraba o salía de la finca, no podía faltar la obligada visita a la cocina, pues era el sitio más adecuado para conversar un rato, enterarse de alguna novedad, fumar una pipa y descansar en un banco. Los criados solteros, la mayoría de ellos kozakos, pasaban en la cocina todo el tiempo que podían, ya fuera echados sobre los bancos, y a veces también debajo, o en cualquier otro sitio en donde pudieran dormir a pierna suelta sin que nadie los molestara.

Todos eran muy despreocupados y solían olvidar algo en la cocina: el gorro, el látigo, o bien el perro que les seguía. Pero cuando la cocina estaba más concurrida era a la hora de la cena. Entonces aparecían, además de los habituales, todos los que debido a sus ocupaciones, como cocheros, pastores, etc., no podían acudir durante el día a conversar. Era en esas reuniones cuando más se soltaban los ánimos, e incluso los más serios y taciturnos se mostraban locuaces y comunicativos. Casi siempre el tema giraba sobre lo más trivial de la vida: el abrigo que se había comprado Fulano, el gorro que había perdido Mengano, y otros chismes similares.

Pero también alguna vez les daba por temas de más serios, como, por ejemplo, sobre lo que hay debajo de la tierra, o sobre la temporada en la que aparecen los lobos, etc. Todas las conversaciones eran alegradas con bromas y juegos de palabras, a las que la lengua ucraniana se presta de un modo tan admirable.

Jomá Brut se sentó con los demás alrededor de la mesa que, por ser verano, la habían situado al aire libre, enfrente de la puerta de la cocina. Al rato llegó una mujer con la cabeza cubierta con un pañuelo rojo, llevando una enorme cazuela que la puso en medio de la mesa. De inmediato, por turno, cada quien sacaba del bolsillo una cuchara de madera o unos palillos, y se servía lo que se le antojaba. Satisfecho el hambre, comenzó la conversación de todas las noches, que esta vez como es de suponer, se dedicó a la difunta hija del amo.

-Pero, ¿es verdad que la señorita se relacionaba con el mismísimo diablo en persona? -preguntó un pastor que llevaba un camisón tan profusamente adornado con medallas y botones que parecía un tenderete de chucherías.

-¿De quién hablas? ¡Ah, de la hija del amo! -dijo Doroch, un kozako ya conocido por el filósofo-. Pues sí, era una bruja de carne y hueso, puedo jurarlo.

-Vamos, hombre; no te pongas a decir tonterías –contestó un kozako que acostumbraba suavizar las situaciones tirantes-. Además, este no es un asunto nuestro y no debemos meternos en lo que no nos importa.

Pero Doroch tenía ganas de hablar y no quiso darse por vencido, sobre todo por haber estado en la bodega, acompañando al que tenía las llaves, y haber probado el contenido de varias cubas.

-¿Cómo van a ser tonterías si yo mismo le serví de cabalgadura en muchas ocasiones. ¡Juro que es cierto!

-Dime –volvió a preguntar el pastor, que estaba muy interesado en el tema-, ¿hay alguna señal que permita saber si alguien es o no es una bruja?

-Ninguna, y cualquier cosa que se haga es inútil; ni las oraciones sirven.

-Estás equivocado, amigo mío -dijo el que siempre quería calmar los ánimos-. Hay ciertos sabios, a quienes Dios les ha concebido especiales dotes de inteligencia, que han dicho que las brujas se distinguen porque tienen un pequeño rabo.

-Para mí, todas las mujeres viejas son brujas -dijo un kozako.

-¡Idiota! -gritó la vieja que en aquel momento ponía otra cazuela sobre la mesa.
El viejo kozako llamado Yavtuj y apodado Plica, sonrió satisfecho al ver que había herido la vanidad de aquella mujer. El pastor, celebrando la broma, soltó una carcajada tan estruendosa que pareció el mugido de cualquiera de sus vacas.

La conversación le interesó a Jomá Brut, y le preguntó al kozako que tenía al lado:

-Me gustaría saber por qué sospechan que la señorita era una bruja. ¿Alguna vez le hizo daño a alguien?
-De todo hubo en su vida –le contestó uno que tenía la cara tan aplastada que parecía una pala-. Nadie se ha olvidado de lo que le ocurrió al pobre Mikita.

-¿Qué le ocurrió? -preguntó el filósofo.

-Espera, yo te lo contaré -exclamó Doroch.
-No, no, lo contaré yo –intervino uno que se llamaba Spirid.
-¡Bien, bien, que sea Spirid el encargado de contarlo! –aprobaron todos.
-Tú, señor filósofo -comenzó diciendo Spirid.-, probablemente no has conocido a nuestro Mikita. ¡Qué hombre era Mikita! Era el encargado de cuidar los perros de caza. En eso era un maestro; conocía a sus perros mejor que a su mismo padre. El que después ocupó su puesto, Nicolás, ese que está allí sentado, no vale absolutamente nada comparado con él. Sí, es verdad que algo sabe, pero no le llega a Mikita ni a la suela de sus zapatos.

-Empiezas bien, Spirid -interrumpió Doroch, aprobando con la cabeza.
-Mikita -continuó Spirid-, descubría a las liebres en menos tiempo que el necesario para encender una pipa.
Lanzaba al caballo y gritando “¡eh, “Valiente!” o “¡aquí, “Veloz”!, las alcanzaba siempre en un instante.
-¡Y qué buen bebedor era! Se bebía una cubeta de un solo trago.
-Pero en un día comenzó a mirar a la señorita de una manera especial. No se sabe si él fue quien de forma natural se enamoró de ella, o si fue ella la que lo embrujó valiéndose de diabólicas artes. Lo cierto es que de un día para otro, Mikita sólo vivía para ella, sólo pensaba en ella, y estaba tan loco que daba pena.

-¿Y qué pasó? -preguntó Doroch, impaciente.
-Espérate, hombre -continuó Spirid-. Siempre que la señorita le miraba, parecía un verdadero pelele. Las riendas de los caballos se le caían de la mano, se equivocaba de nombre al llamar a los perros, y ya ni podía montar bien a caballo. Un día que estaba en la cuadra limando los cascos de los caballos, la señorita se le acercó y le dijo:

-Mikita, permíteme poner mi piececito sobre tu cabeza.
-No sólo un pie, señorita –le respondió feliz y aún arrodillado-, si se sube sobre mis hombros seré el hombres más feliz del mundo.

Entonces ella se le subió a los hombros, y apenas él pudo ver sus pies, pequeñitos, bien torneados y blancos, ya estaba embrujado.

Con cada mano agarró las piernas desnudas de la joven, se levantó y de inmediato se sintió transformado en caballo. Sin poder hacer nada por evitarlo, salió corriendo al campo y tardó bastante tiempo en regresar.

Nadie sabe dónde estuvieron ni qué hicieron, y ni el mismo Mikita pudo explicarlo. Lo único que se sabe es que volvió cansadísimo y con los ánimos por los suelos. Desde entonces comenzó a adelgazar y quedó como una espátula. Un día entraron en el establo varios de nuestros compañeros buscándolo, y no lo encontraron.

En lugar del desgraciado Mikita, encontraron un montón de cenizas y un cubo de agua. Así desapareció el pobre… ¡Y qué hombre que era! Al terminar Spirid la historia, todos se pusieron a comentar el suceso y pusieron a Mikita por las nubes, alabando cada uno de sus méritos.

-¿Y no has oído hablar de lo que le pasó a una tal Chepchija? –le preguntó Doroch a Jomá Brut.
-No, nunca.
-Ya veo que en el seminario no les enseñan gran cosa. Bueno, te lo contaré yo. En nuestra aldea vive un kozako llamado Cheptun; es un buen kozako, a pesar de que tiene la mala costumbre de robar y de mentir sin razón alguna. Vive muy cerca de aquí. Bien, pues una vez nuestro buen kozako se sentó a cenar con su mujer, la Chepchija, como la llamaban todos. Al terminar fueron a acostarse, pero como era en pleno verano y hacía mucho calor, ella se quedó a dormir en el patio, y él se tumbó en un banco, dentro de la casa… No, no; fue al revés: ella en la casa y él en el patio.

-Tampoco fue así -dijo entonces la cocinera-. Chepchija no se acostó en un banco; se acostó en el suelo.

Y al decir esto se paró, mirándolos con aire triunfal a todos.
Doroch le dirigió una despectiva mirada, y le dijo:
-No seguirás en esta postura cuando te levante las faldas para darte unos buenos azotes.
Su amenaza surtió efecto, pues la vieja no volvió a abrir la boca en toda la noche, dejando a Doroch seguir con su relato.

-En la cuna que colgaba en el centro de la habitación había un niño de un año. No sé si era un niño o una niña, pero eso es lo de menos. La Chepchija se despertó a medianoche y creyó escuchar algo como si fueran los aullidos de un perro y también como si rascara con las uñas la puerta de la casa. Se asustó mucho, pues era tonta de remate, como todas las mujeres, pero se armó de valor y dijo: “Me levantaré, abriré la puerta y le pegaré un palazo…” Y cogió un palo, abrió la puerta y ya le iba a arrear un golpe al perro, cuando éste la esquivó y de un salto se metió dentro de la cuna. Al darse la vuelta, Chepchija se quedó más pálida que un muerto. En lugar del perro, vio delante de ella a la señorita. Y no habría sido tan horrible si la señorita se le hubiera presentado en su forma natural, tal como nosotros la veíamos. Su rostro era de un color azulado, casi negro, y sus ojos despedían chispas. De inmediato se lanzó sobre el niño, lo sacó de la cuna, le clavó sus dientes de loba en la garganta, y se puso a chuparle la sangre…

Chepchija lanzó un grito desgarrador y quiso huir para pedir auxilio, pero la puerta estaba cerrada. A la pobre no se le ocurrió otra cosa que subir las escaleras hasta la buhardilla, y se encerró allí, llorando a mares. Poco después la bruja entró en la buhardilla y empezó a morderla y arañarla. Cuando clareó el día, el marido regresó y la encontró totalmente desangrada, y en que estado se hallaría que al día siguiente murió.

Ya ves, señor filósofo, qué cosas pasan en nuestro pueblo. No está bien que te contemos estas cosas de nuestros amos, pero tampoco estaría bien que calláramos la verdad.

Y sonriendo, miró orgulloso a todos y encendió con parsimonia su pipa.
Sin perder un segundo, todos comenzaron a hablar del suceso, cambiando detalles y añadiendo otras; uno aseguraba haber visto a la bruja acercándose a su casa y esconderse convertida en un haz de heno; otro que decía que un día le robó una pipa o un gorro; otro que juraba que sabía de muchos casos en que la bruja les había cortado las trenzas a las muchachas, o les chupó la sangre hasta dejarlas medio muertas. Después de tanto hablar, alguno comentó que ya era muy tarde y todos comprendieron que había llegado la hora de acostarse y dormir. Unos se acomodaron en la cocina, otros en el granero o en el patio…

-Nosotros, señor filósofo, tenemos que acompañarte hasta la iglesia.

Y los cuatro, es decir, el kozako interesado en las brujas, Doroch, Spirid y el seminarista, salieron rumbo a la iglesia, y en el camino tuvieron que asustar a muchos perros que intentaron atacarles.

Jomá Brut, a pesar de sentirse ligeramente animado gracias a unos cuantos tragos de aguardiente que había tomado, notaba que aumentaba su nerviosismo a medida que se acercaban a la iglesia, por cuyas ventanas se lograba ver la débil luz de los cirios. Los relatos que había escuchado durante la cena lo pusieron aún más nervioso y estaba ahora muerto de miedo. No tardaron en llegar a un paraje en que el bosque era más claro, y detrás de la empalizada se veía a la vieja iglesia completa. Jomá Brut se despidió de los kozakos, quienes le preguntaron si la cena no le había resultado muy pesada, le desearon buenas noches y se fueron después de revisar que las puertas de la iglesia quedaran bien cerradas, tal como se les había ordenado. Cuando el filósofo se vio solo, lo primero que hizo fue bostezar, después toser y, antes de empezar el compromiso que le habían impuesto, repasó otra vez el interior de la iglesia.

En el centro estaba el féretro, cubierto de paños negros; al lado había unos cirios que iluminaban tenuemente los iconos cercanos y dejaban al resto de la nave en la más completa oscuridad. Las ennegrecidas paredes demostraban claramente la vejez del templo. Los marcos de los altares y de las hornacinas de los iconos estaban rotos o agrietados, y ya no tenían el primitivo brillo. También las imágenes estaban desfiguradas, y parecía que miraban con tristeza la ruina que había a su alrededor.

“Nada de lo que hay aquí es capaz de aterrorizarme -se dijo el filósofo, intentando vencer el susto y darse ánimos-. De afuera nadie puede venir a molestarme, pues las puertas están cerradas de forma totalmente segura, y en cuanto a los espíritus, me defenderé de ellos con oraciones que les ahuyentarán si tratan de hacerme algún daño.”

Al acercarse al féretro vio que en una mesita lateral había muchos cirios.

“Me vendrán muy bien -pensó. Los encenderé, y así me quedaré aún más tranquilo. Lo único que siento es que en la iglesia no se pueda fumar.”

Encendió los cirios y los distribuyó por todos los rincones y en especial junto a las imágenes sagradas; en un dos por tres, la iglesia quedó totalmente iluminada. Sin embargo, en la parte alta, en vez de disminuir la oscuridad, se sentía más densa, y daba la impresión de que los santos mirasen con más gravedad desde sus viejas hornacinas. Una vez más se acercó al ataúd para contemplar el rostro de la difunta, pero retrocedió y cerró los ojos pues aquella hermosura le fascinaba. Pero una fuerza misteriosa le obligó a abrirlos y, venciendo sus temores, volver a contemplar aquel rostro de sobrenatural belleza. Un nuevo estremecimiento, esta vez más profundo, volvió a recorrer su cuerpo. En aquel rostro no se veía nada que fuera propio de un cadáver: ni la más pequeña mancha, ni la más leve deformación. Y aunque tuviera los ojos cerrados, daba la impresión de que lo estaban mirando… Por un instante se imaginó ver que una lágrima brillando en el ojo izquierdo, detenida por las largas pestañas. Y, en efecto, era una lágrima, que después, al deslizársele por la mejilla, se transformó en una gota de sangre.

Aterrorizado, retrocedió unos pasos, agarró rápidamente el libro de plegarias y comenzó a leer en voz muy alta, casi gritando. El eco de las sagradas palabras era lo único que resonaba en aquel recinto en el que durante tanto tiempo había reinado el silencio. Su propia voz le sorprendía. Al mismo tiempo pensaba, intentando darse ánimos:

“¿Por qué razón debo tener miedo? A ella le es imposible levantarse, puesto que los textos sagrados que recito se lo impiden. Descanse en paz. Y luego, ¿no soy yo también un kozako? Sin duda esas extrañas cosas que se me presentan se deben a que he bebido más de la cuenta.”

Ya más tranquilo, llegó a la conclusión de que si estaba prohibido fumar en la iglesia, no lo estaba disfrutar del rapé. “¡Qué buen tabaco es éste” -se dijo tras un estornudo. Y siguió leyendo pero sin lograr tranquilizarse del todo. Algunas veces miraba de soslayo el féretro pensando, por sus temerosos presentimientos, que la muerta no solo era capaz de levantarse, sino hasta de salir del ataúd. Pero el silencio era total, la difunta seguía inmóvil y los cirios iluminaban la iglesia. A pesar de todo, no podía liberarse de aquel misterioso temor.

Para tranquilizarse empezó a cantar en voz alta los textos sagrados, pero sin dejar de mirar alguna que otra vez el féretro, como si se preguntase cuándo iba a suceder lo que temía, y pensando en la forma en que podría defenderse. Algunas veces interrumpía el rezo y quedaba todo en silencio, pero no había el menor ruido que turbase el silencio. No se escuchaba el correr de las ratas, ni cantaban los grillos, ni el roer de la carcoma en la madera. Lo único que se oía era el continuo gotear de la cera cayendo de los cirios.

“Pero estoy seguro que se levantará…” -pensó Jomá Brut.
Y en ese mismo instante vio horrorizado cómo la muerta levantaba la cabeza. Al seminarista los ojos se le salían de las órbitas, se los restregó, después se los limpió con un pañuelo, pero la visión, en lugar de desvanecerse, era cada vez más terriblemente real. Acto seguido, la muerta se incorporó del todo, salto del ataúd y con rígida solemnidad se puso a caminar con los brazos abiertos, como si fuera a agarrar a alguna persona invisible. Un instante después comenzó a dirigirse hacia él…

El seminarista, temblando de puro miedo, trazó con los dedos un gran círculo sobre el polvo y empezó a decir oraciones que le había enseñado un monje que durante toda su vida estuvo dedicado a ahuyentar espíritus malignos y derrotar a brujas. La difunta llegó hasta el borde del círculo pero, para alivio del seminarista, le resultaba imposible traspasarlo. Por más intentos que realizaba, era evidente que sus esfuerzos eran inútiles.

Incluso Joma tuvo la impresión de que con sus intentos de agarrarlo, el rostro de la difunta se oscurecía, y empezaba a adquirir la apariencia de que llevaba ya muchos días muerta. Su aspecto era cada vez más horrible; abrió desmesuradamente la boca, enseñando sus espantosos dientes, y luego movió los ojos, pero resultaba evidente que sus ojos no veían, que estaban muertos, y finalmente, después de amenazarlo con un dedo, regresó al féretro y se tendió en él. Apenas el filósofo había logrado tranquilizarse, cuando vio que el ataúd se elevaba por sí solo y, con un espantoso silbido, de puso a volar a lo largo y ancho de la iglesia, produciendo un viento huracanado. Varias veces se dirigió hacia él como un bólido, pero siempre se detenía al llegar al círculo sagrado con que Jomá Brut estaba protegido. Sabiéndose seguro, el filósofo siguió rezando.

Después de dar algunas vueltas más, el ataúd regresó a su lugar; ahora el rostro de la muerta tenía una extremada lividez y había adquirido un repugnante tinte verdoso. Y en ese momento se oyó el lejano canto de un gallo, y el paño negro cayó violentamente sobre aquel cuerpo diabólico, cubriéndolo en su totalidad. El corazón de Jomá Brut latía con fuerza y un frío sudor caía de su frente; sin embargo, el canto del gallo le dio ánimos, y decidió continuar rezando hasta que amaneciera totalmente. Cuando asomaron los primeros rayos de la aurora, se abrieron las puertas de la iglesia y entraron a reemplazarle el sacristán y su ayudante, el viejo Javtuj.

Ya en la finca, el filósofo se tendió sobre una cama, pero le costó mucho conciliar el sueño. Sin embargo, rendido de cansancio y nervios, se durmió hasta la hora de comer, quedándose con la impresión de que todo lo que había visto durante la noche no había sido más que una terrible pesadilla. Para ayudarlo a recobrar totalmente sus fuerzas, le sirvieron un vaso de aguardiente, y al sentarse a la mesa tenía tan grande apetito que se comió casi un lechón entero. A pesar de que varias veces los kozakos le hicieron preguntas sobre cómo había pasado la noche, no dijo una palabra de cuanto había sucedido y solo con medias palabras les reveló que había advertido algo raro. El seminarista era uno de esos individuos que cuando tienen el estómago lleno se muestran de lo más eufóricos y optimistas. Se había quedado cómodamente recostado en el banco de la cocina, fumando su pipa y escupiendo a menudo sobre el suelo.

Después se fue a dar un paseo por la aldea, y se hizo amigo del primero que encontró, y tanta era su euforia, que de una casa tuvieron que echarlo y en otra una muchacha le dio unas buenas bofetadas por haber insistido en exceso en saber la calidad de la tela de la blusa. Pero a medida que la noche se iba acercando, el optimismo y la euforia de Jomá Brut aumentaba a galope tendido. Antes de la hora de cenar, la servidumbre solía reunirse en el patio trasero y distraerse con varios juegos, uno de los cuales consistía en que después de competir arrojando palos, el vencedor, el que los lanzaba más lejos, montaba sobre los hombros del vencido, quien debía llevarlo a cuestas como si fuera un caballo.

Este juego era muy divertido, sobre todo para los espectadores, y aún más divertido cuando le tocaba al gordinflón del cochero cabalgar sobre el flaquísimo pastor, quien apenas podía sostener a su voluminoso jinete. Otras veces era Doroch quien se subía a los hombros del gordinflón, y parecía un buey. Los criados de más campanillas contemplaban el espectáculo desde la puerta de la cocina y se mostraban impasibles cuando todos los espectadores se reían a mandíbula suelta por haberse caído alguien al suelo, o por haber soltado Spirid una de sus palabrotas. El filósofo se negó terminantemente a participar en aquel juego. Un solo pensamiento le obsesionaba y, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, no dejaba de torturarle. Ni siquiera en el transcurso de la cena logró vencer o reducir el creciente temor, y la preocupación lo iba invadiendo a medida que la noche seguía su curso.

-Bueno -le dijo al fin un kozako-, ya comienza a ser hora de irnos. Doroch y yo iremos contigo a la iglesia.

Acompañaron al seminarista hasta la iglesia, y lo encerraron como en la noche anterior. Cuando se sintió solo, un espantoso terror se apoderó de él. Examinó todo lo que ya antes había visto; el féretro en el centro de la iglesia, las tristes imágenes de los santos, los oscuros rincones sumidos en un silencio profundo y sepulcral…

“Bien -pensaba, tratando de tranquilizarse-, como todo esto ya lo he visto una vez, supongo que la segunda me sorprenderá menos que la primera. Es muy posible que a fuerza de acostumbrarse llegue uno a perder el miedo.”

Abrió el libro y se puso a leer, no sin antes encerrarse en el círculo mágico para protegerse del poder de las tinieblas. Estaba decidido a continuar rezando, sin prestar atención a cuanto pudiera suceder en torno suyo.

Durante una hora entera fue lo único que hizo. Después comenzó a sentirse cansado. Constantemente tosía para aclararse la voz. Queriendo agarrar un poco de rapé, se sacó la tabaquera del bolsillo y, sin darse cuenta, miró hacia el ataúd. En ese instante su cuerpo fue bañado por un frío sudor, y su corazón casi dejó de latir. El cadáver estaba ya frente al círculo mágico y lo estaba mirando con sus ojos vidriosos. No atreviéndose a moverse, el joven filósofo volvió la vista al libro y reanudó la sagrada lectura recitando al mismo tiempo varias oraciones contra las brujas. Mientras rezaba, oía el ruido que hacían los dientes del infernal monstruo al temblar de rabia, y se imaginaba los movimientos que estaría haciendo para atraparlo.

Pero al mirarle de refilón, se calmó al comprobar que la muerta lo buscaba por otro sitio, ya que el círculo mágico lo convertía en invisible para la bruja…

El cadáver, enfurecido, rugía sin cesar y gruñía palabras ininteligibles que producían un ruido como el del alquitrán en ebullición. A pesar de no poder comprender el significado exacto de las palabras, sabía que contenían amenazas terribles y que la bruja invocaba a seres extraños. En seguida, como resultado de aquellas palabras, la iglesia fue invadida por un gran torbellino, parecido al que causaría una bandada de aves persiguiéndose. Jomá Brut vio cómo muchos de aquellos diabólicos monstruos chocaban contra los cristales de las ventanas, mientras otros arañaban las paredes queriendo entrar en la iglesia, pero hasta ese momento no lo habían logrado. El filósofo cerró los ojos y continuo rezando sin detenerse, hasta que oyó en la lejanía el aleteo de un gallo y al poco rato su sonoro canto matutino. Jomá Brut interrumpió sus rezos y dio un suspiro de alivio.

Los que fueron a buscarle aquella mañana lo encontraron medio muerto, apoyado contra un muro y la mirada llena de miedo. Lo levantaron y agarrándolo por las axilas lo ayudaron a caminar pues apenas lograba mantenerse en pie. Al llegar a la finca pidió una copa de aguardiente, se lo bebió de un trago y después de arreglarse con la mano el cabello en desorden, miró a todos y dijo:

-Es horrible que en nuestra tierra sucedan este tipo de cosas. Hasta es posible que… –y haciendo una mueca de desesperación dejó la frase sin concluir.

Todos los que lo rodeaban lo miraban sorprendidos y escuchaban sus palabras con temor. Incluso un infeliz muchacho a quien los kozakos lo mandaban a realizar toda clase de faenas para ahorrarse ellos la molestia de hacerlas, lo miraba atónito.

Pasó entonces cerca de ellos una mujer aún joven que siempre iba vestida con unas ropas tan ceñidas y una falda tan estrecha que eran una constante provocación para todos. Empeñosamente coqueta, solía adornarse los cabellos con los adornos más extravagantes, a veces, incluso, hasta se colocaba papelitos pintados en varios colores. Era la ayudante de la cocinera.

-Buenos días, Jomá –le dijo al filósofo, con una amable sonrisa, pero después, con una mueca de terror, le dijo-: Pero, ¿qué te ha ocurrido? Tienes los cabellos completamente blancos.

-¡Pues es verdad! –repitieron todos los presentes-. ¿Cómo es posible que no nos hubiéramos dado cuenta antes? Si tienes la cabeza igual a la del viejo Javtuj.

Al escuchar estos comentarios, el seminarista corrió a la cocina, donde había visto un espejo muy sucio y manchado por las moscas, pero adornado con una guirnalda de flores, demostración de que era el utilizado por la coqueta ayudante de la cocinera.

Al lograr verse en el destartalado espejo, se horrorizó al verse con los cabellos tan blancos como los de un anciano. Jomá Brut anonadado pensó: “Hasta aquí hemos llegado! Ahora mismo voy donde el centurión para decirle toda la verdad, y comunicarle que me niego rotundamente a continuar los rezos en la iglesia y que me envíe en ese mismo instante a Kyiv.” Y, sin volver a pensarlo, se dirigió casi a las carreras a la casa del centurión.

Lo encontró, igual que la vez anterior, sentado frente a la mesa, con la cabeza hundida entre las manos. Su aspecto era mucho más triste y deprimido, y estaba tan demacrado y pálido (sin duda por no comer nada durante aquellos días) que el seminarista se quedó muy impresionado.

Buenos días, señor filósofo -le dijo el centurión al verle aparecer y detenerse en la puerta con el gorro en la mano-. ¿Cómo te va tu trabajo? Supongo que lo cumples al pie de la letra.

-No sé cómo podría decirlo, excelencia, pero he visto allí tantas cosas…, cosas diabólicas…, que poco ha faltado para agarrar el gorro y salir corriendo de la iglesia.

-¿Qué estás diciendo?

-Es la pura verdad, señor. La hija de su excelencia era una… Por supuesto que analizando las cosas con lógica es preciso tener en cuenta que era de noble estirpe. Sin embargo…

-¡Termina de una vez! ¿Qué pretendes decirme?

-Pues por lo visto, resulta que tenía tratos con el mismísimo diablo… Y ésta es la razón de que se produzcan tan extraños fenómenos cuando leo ante su féretro los textos sagrados.

-Esto es un motivo más para que continúes leyendo. Ahora comprendo mejor porque mi querida palomita tenía tanta preocupación por la salvación de su alma.

-Como quiera su excelencia, pero yo ya no puedo aguantar más.

-¿Qué dices? Tú continuaras con la lectura tal como te lo he ordenado. Además, piensa en que ya sólo te queda una noche, y al rezar y leer los textos sagrados estás cumpliendo con tu deber de buen cristiano, y además recuerda que serás espléndidamente recompensado.

-Aunque me prometiera montañas de oro -contestó el seminarista en tono firme-, me negaría rotundamente a seguir leyendo y rezando en la iglesia.

Al oír esta respuesta el centurión contesto con mayor severidad:

-Mira, señor filósofo, jamás tolero que alguien me hable así. En el seminario quizá te estén permitidas estas faltas de respeto, pero aquí no. Puedes tener la seguridad de que si resuelvo castigarte lo haré mil veces mejor que el rector. ¿Conoces un látigo que tiene unas bolitas de cuero?

-Lo conozco señor, y sé que en grandes dosis no tiene nada de agradable.
-Lo que no sabes es que ese látigo lo manejan muchísimo mejor mis servidores que los del seminario -concluyó el centurión, con voz enfurecida-. Cuando mi gente lo emplea, después de una buena tanda recurren al aguardiente, y si el azotado aún se resiste, reanudan el trabajo hasta cantar victoria. Conque ve con Dios y acaba de cumplir con tu deber. Si no lo haces así, te aseguro que en tu vida volverás a dar un paso. Pero si cumples tu deber como es de ley, te daré mil monedas de oro.

“Esto sí que es hablar claro -pensó el seminarista al salir-. Está visto que este hombre no admite bromas. Pero yo no soy menos listo que él. Mis piernas correrán más que las de sus perros.”

Jomá Brut estaba decidido a huir, costase lo que costase. Para llevar a cabo sus planes, escogió la hora de la siesta, cuando los trabajadores y los criados están en el pajar o en las eras durmiendo a pierna suelta y roncando estruendosamente.

Cuando llegó la tan esperada hora, incluso el reverendo Javtuj se hallaba tumbado en un rincón y roncaba con igual entusiasmo que los demás. El seminarista aprovechó la ocasión para salir al jardín, pues sabía que desde allí le sería mucho más fácil escapar hacia el campo sin que nadie le viera. El jardín se hallaba en el abandono total. Lo cruzaba un único sendero que llegaba hasta un pajar y más allá empezaba una tupida vegetación con algunos árboles frutales, plantas de cereales de varias clases y plantas trepadoras que protegían con una especie de techo verde lo que llamaban el “jardín”. Este se encontraba rodeado por una empalizada y tras ella habían unos matorrales que nunca se habían molestado en levantar y ya no había guadaña que pudiera con ellos.

Cuando Jomá Brut se vio fuera de la empalizada, sintió que el corazón le latía con fuerza; temblaba y respiraba como una liebre que se ve libre del acoso de los perros. Además tenía la sensación de que las matas se le prendían de sus largos faldones impidiéndole todo movimiento. Cuando comenzaba a respirar con cierto sosiego, oyó que alguien le gritaba:

¡Eh, tú! ¿Adónde vas?

El seminarista se escondió entre los matojos y después echó a correr, tropezando con las plantas o con las raíces de los árboles, cayendo y levantándose y asustando en su huida a topos y a más de una alimaña.

Pasando los matorrales había un bosque en el que Jomá Brut creyó que estaría seguro. Según sus cálculos, al otro lado del bosque estaría el camino que lo llevaría a Kyiv. Con esa idea se internó en el bosque, donde abundaban las plantas espinosas, en las que fue dejando trozos de sus ropas como demostración de su osadía. Después llegó a un barranco de fondo arenoso por el que se deslizaba un arroyo de transparentes aguas, en cuyas orillas se bañaban las raíces de los álamos y de los sauces crecidos a los bordes. Agotado, se arrodilló al borde del cauce y bebió largamente. “Qué agua tan buena. Aquí descansaré un rato.”

Pero de inmediato desechó su propósito por considerarlo imprudente. “Es mejor que siga corriendo.”

Sin embargo, apenas se puso de pie vio frente a él al impasible Javtuj. “Vaya con este diablo; siempre me he de tropezar con él. Si pudiera te arrearía unas cuantas trompadas y te tiraría al agua, viejo maldito”, pensó, pero no se atrevió.

-Has dado un gran rodeo, señor filósofo -le dijo Javtuj-. Hubiera resultado mejor para ti venir por el camino por donde he venido yo para alcanzarte. Es mucho más corto y más cómodo, y no te habrías roto el vestido.

Mira. Qué lástima de pantalones… Y seguro que son de buen paño. ¿Cuánto pagaste por ellos?

Y sin esperar respuesta, prosiguió:
-Bueno, ya has dado un buen paseo. Ahora volvamos a casa.
Jomá Brut lo siguió rascándose la cabeza, pensativo, y muy contrariado, se dijo para sus adentros: “Ahora la maldita bruja querrá vengarse de mi -pero en el acto se envalentonó- Pero, ¿acaso no soy kozako? Si he pasado dos noches allí también me será posible pasar otra. Dios me ayudará. Pero seguro que esta maldita bruja ha maquinado mucho para tener a fuerzas diabólicas con ella.”

Aturdido por estos pensamientos, llegó al patio tras Javtuj. Allí encontró a Doroch, que por ser amigo del ama de llaves tenía fácil acceso a la bodega. El filósofo le pidió un poco de aguardiente, Doroch no se negó, y poco después, a la sombra de un almiar, habían bebido como beben los buenos kozakos.

Los efectos no se hicieron esperar. Jomá Brut se levantó y empezó a gritar:
-¡Eh, que vengan aquí los músicos! ¡Quiero que me traigan músicos!
Y sin esperar a que llegasen se puso a bailar y a saltar. Y continuó bailando hasta la hora de almorzar y todos los servidores acuden a la cocina. Al principio lo miraron sorprendidos, pero finalmente se cansaron de sus cabriolas y lo dejaron solo. Jomá Brut terminó cayéndose al suelo y durmiendo hasta la hora de la cena, momento en que lo despertaron arrojándole a la cabeza un cubo de agua fría. Durante la cena reincidió en la verborrea de antes, explicándoles a sus oyentes acerca de las cualidades de que debe estar dotado un buen kozako, y sobre todo encomió su valor, que no debe ceder ante nada ni ante nadie.

-Bueno, bueno –dijo, interrumpiéndolo, Javtuj-, ya está bien. Levantémonos, de la mesa, señor filósofo, que ha llegado la hora de volver a la iglesia.

“¡Ojalá reventaras, maldito viejo!”, pensó el seminarista. Pero se levantó dispuesto a seguirle.

-Está bien, vamos pues.
Salió del patio con Javtuj y Doroch. Durante el camino le consumía la inquietud, y trató de involucrarlos en una conversación, pero no le contestaban, o le decían unas veces que sí y otras que no, y la mayoría de veces ni sí ni no.

La noche era muy oscura. Se oía a lo lejos el aullar de los lobos, y el ladrido de los perros parecía más lúgubre que nunca; signo de mal agüero.

-No creo que esos aullidos sean de lobo; parecen de seres extraños -dijo Doroch.

Javtuj siguió callado y el seminarista no supo qué contestar.
Pronto llegaron a la iglesia, cuyas agrietadas bóvedas de madera demostraban lo poco que se había preocupado por la religión el propietario de la aldea. Como las dos noches anteriores, los dos kozakos se fueron, después de revisar las puertas, dejando solo al filósofo.

Dentro de la iglesia todo continuaba con el mismo aspecto lúgubre y misterioso, amenazador. Jomá Brut se detuvo un momento ante el ataúd del cadáver de la horrible bruja.

-Juro por Dios que esta vez no conseguirás asustarme – le dijo el seminarista en voz alta.

Y en cuanto hubo trazado el círculo mágico, como en las noches anteriores, empezó a recordar todas las oraciones que conocía para ahuyentar a los malos espíritus.

Reinaba un silencio sepulcral. Los cirios iluminaban la iglesia con tenue y temblorosa luz. Jomá Brut abrió el libro, y después de hojear varias páginas, inició la lectura. Pero poco después advirtió horrorizado que lo que leía no era lo mismo que decía el libro. Lleno de terror se puso a cantar, persignándose varias veces, con lo que consiguió tranquilizarse un poco y reanudar la lectura.

Había leído ya algunas páginas cuando de repente… ¡Horror!… ¡Un terrible estallido repercutió de un extremo a otro de la nave y la tapa de hierro del féretro saltó, levantándose en el acto el cadáver de la bruja! Su aspecto era todavía más espantoso que antes. Los dientes le castañeaban y sus repugnantes labios farfullaban horribles invocaciones. Dentro de la iglesia empezó a bramar un viento huracanado que derribó de sus hornacinas las imágenes de los santos, arrancó de sus jambas las ventanas, derribó las puertas, y centenares de diabólicos monstruos irrumpieron en el sagrado recinto. Con batir de alas, castañear los dientes y lanzando mandobles, todos se lanzaron contra el seminarista, a quien los efectos del alcohol desaparecieron en un instante. Se quedó inmovilizado del susto, boquiabierto, persignándose y balbuciendo sus más fervorosas alabanzas a Dios, mientras sentía cómo los infernales monstruos giraban en torno suyo, tocándole casi con sus alas y con sus repugnantes rabos.

No lograba verlos con claridad, pero consiguió notar que recostado a un muro había un monstruo de mayor tamaño que los demás, cubierto por una pelambrera larga, de un pelo duro como el alambre, debajo de la cual se veían dos terribles ojos que lanzaban miradas rabiosas, como tramando una venganza. Encima de él había como un globo erizado de garras que parecían tenazas o colas de escorpiones. Y todo, todos lo estaban buscando y no podían encontrarlo gracias al círculo mágico que lo rodeaba.

-¡Que llamen a Viy! ¡Mandad llamar a Viy! -gritaba furiosa la bruja muerta..

Inmediatamente reinó el silencio en la iglesia y sólo se oyó el lejano aullido de los lobos. Pero poco después resonaron los pasos de alguien que andaba pesadamente dentro de la iglesia. Al volverse el seminarista a mirar al sitio de donde llegaba el ruido de los pasos, vio a unos monstruos que conducían a un hombre muy bajo y muy robusto, que caminaba igual que un oso. Estaba totalmente cubierto de tierra negra, dejando sólo al descubierto sus pies y sus manos, semejantes a raíces de viejos árboles, y los pasos que daba parecían de un cojo. Tenía las cejas y las pestañas tan largas que casi las arrastraba por el suelo. Cuando Jomá Brut se fijó en su cara, vio que era de hierro.

Los monstruos lo llevaron hasta el sitio donde empezaba el círculo mágico.

-Levantadme las cejas y las pestañas, pues así no veo nada -gritó.

En el acto los monstruos le obedecieron.

El seminarista escuchó entonces una voz interior que le repetía sin cesar: “¡No lo mires! ¡No lo mires!” Pero el filósofo no pudo contenerse y lo miró…

-¡Ya lo veo, ya lo veo! ¡Está aquí! -rugió Viy con voz de trueno, mientras lo señalaba con un dedo de hierro.

Y toda aquella caterva de monstruos se precipitó sobre Jomá Brut. El infortunado muchacho rodó por los suelos y murió de terror…

¡Que llamen a Viy!

Pero en aquel preciso instante se escuchó en la iglesia el segundo canto del gallo, pues el primero nadie lo había oído. Los monstruos y todos los demás espíritus malignos se abalanzaron hacia las puertas y las ventanas de la iglesia para huir, pero fue demasiado tarde. No les alcanzó el tiempo para protegerse y quedaron apresados dentro de la iglesia..

Unas horas más tarde llegó un sacerdote: el horrible espectáculo que se ofreció a su vista lo dejó aterrorizado, y no atreviéndose a oficiar en el sagrado recinto pues había sido profanado por los espíritus infernales, se marchó rápidamente. La misteriosa iglesia quedo así: con los monstruos encerrados dentro de ella y sin que nadie se atreviese a acercarse. Con el tiempo los árboles, las hierbas y los arbustos lo cubrieron totalmente, con tal espesor de carrasca, de raíces y de matorros, que nunca más se encontró el camino que conducía a aquella iglesia.

Pronto llegó a la ciudad de Kyiv el rumor de este suceso, y lo escuchó el teólogo Khaliava, quien se quedó pensativo mucho tiempo, pero sin decir ni una sola palabra sobre la trágica muerte de su camarada. No obstante, su vida cambió de un modo radical, pues se convirtió en sacristán de la iglesia que tenía el más alto campanario de los alrededores. El puesto lo obtuvo al concluir brillantemente su carrera. La escalera del campanario era de madera y viejísima, por lo que a nadie le asombraba que algunas veces apareciese lleno de chinchones por haberse caído, según decía, por la escalera, pero…

Cierto día se encontró en la calle con Tiberi Gorobez, que en ese tiempo ya era filósofo y llevaba un bigote muy largo.

-¿Te enteraste de lo que le sucedió a nuestro compañero Jomá Brut? -preguntó Gorobez.

-Sí, así lo quiso Dios -repuso Khaliava, evadiendo una respuesta explicativa. Después de un instante agregó-:
Te propongo ir a la taberna y beberemos un trago en memoria suya.

El nuevo filósofo aprobó en seguida, y muy contento, demostrando que estaba dispuesto a disfrutar de sus nuevos privilegios, como se advertía muy bien por el estado de sus pantalones, de su levita y de su gorro, que despedían un fuerte tufo a tabaco y aguardiente.

-Nuestro compañero Jomá era una estupenda persona -dijo el sacristán, cuando el cojo tabernero le puso delante el tercer cubilete-. Sí, era un muchacho que prometía mucho… Su muerte fue muy tonta…

-Yo sé el secreto de porqué murió -dijo Tiberi-. Fue ni más ni menos por tener miedo. Si no hubiera demostrado que estaba asustadísimo, la bruja no habría podido hacer nada contra él. Lo que debió haber hecho era sólo rezar y escupirle en el rabo. Y te diré algo por experiencia propia: aquí, en el mercado, todas las mujeres son brujas…

El sacristán asintió con un leve movimiento de cabeza, pero después, al notar que poco a poco la lengua ya no le obedecía, se levantó pesadamente, y dando traspiés al andar se marchó de la taberna para ir a tumbarse y dormir entre los matorrales, sin olvidar, según tenía por costumbre, de meterse en el bolsillo un trozo de suela vieja que había visto en un banco de la taberna.


Artículo con la historia y análisis literario de esta obra

Estampillas postales de Ucrania – Santa Catalina y San Elías

Зчіпка «Український народний одяг. Херсонщина»

Bloque “Indumentaria tradicional ucraniana – Provincia de Jerson“. Vestimenta para las festividades:

  • Свято Катерини – Santa Catalina
  • Свято Іллі – San Elías

Oleo sobre tela por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - Santa Catalina

Santa Catalina

En Ucrania se celebra el día de Santa Catalina el 7 de diciembre, pues en este país se utiliza el calendario Juliano para las celebraciones religiosas, a diferencia de occidente, en donde se usa el gregoriano (enlace a una explicación).
En occidente es el 25 de noviembre.

Santa Catarina, Caterina o Catalina es considerada símbolo de ternura femenina y de castidad de las muchachas. En griego “Catalina” significa “Alma pura”.

Tradicionalmente, en la víspera de este día, las muchachas “adivinan” sobre con quién contraerán matrimonio, por medio de la realización de varios juegos de adivinación, similar a lo que se hace para el Día de San Andrés (enlace).

La vida de Santa Catalina

Catarina nació en Alejandría como hija de padres adinerados por el año 290; por su mano pelearon los mejores novios de la ciudad.

En el año 304, Catalina se convirtió al cristianismo y comenzó a predicar la fé en Jesucristo.

Era muy inteligente y rápido destacó en una buena cantidad de materias que la situaron al mismo nivel que grandes poetas y filósofos de la época.

Tinta sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

Una noche se le apareció Cristo y decidió, en ese momento, consagrarle su vida, considerándose, desde entonces, su prometida. El tema del matrimonio místico es común en el Este del Mediterráneo y en la espiritualidad católica.

Cuando era la edad de casarse con un mortal, los padres comenzaron a buscarle el esposo, pero ella no hacía caso, y una vez les respondió: “Si insistís, me desposaré. Pero buscadme un joven muchacho que sea como yo en los cuatro talentos que, como vosotros aseguráis, sobrepaso a otras chicas. Buscad un chico superior a mi en nobleza, en belleza, en riquezas y en inteligencia (en mente); si no tiene al menos una habilidad, no es para mi.”.

Los parientes de los padres se pusieron a buscar a alguien, y tras largo tiempo no lograron hallar a nadie con esas virtudes.

Según les fue aconsejado por un anciano que ya conocía las altas cualidades morales de Catalina, decidieron llevarla por el “Camino del conocimiento de Cristo, el Rey del Cielo”

He aquí lo que el anciano respondió a la muchacha: “Yo solo conozco un bello joven que, indudablemente, te sobrepasa en todos los talentos que mencionas. Su belleza supera al brillo del sol. Su sabiduría a todo lo creado: lo viviente y lo inanimado; la riqueza de su tesoro puede ser repartida en todo el mundo, sin disminuir, sino aumentar; su nobleza es indecible”

Cristo

La imagen de este jovencito, tan grandemente representada por el anciano, entusiasmó tanto a Catarina que, desde este momento, sólo pensó en Él y soñó con convertirse en Su esposa.

Oleo sobre tela por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - Girasoles

Y, gracias a su piadosa vida y a sus oraciones, Catalina obtuvo la Gracia de poder ver a este gran joven en una visión, a Jesucristo mismo, quien le entregó un anillo de bodas y le dijo: “A partir de este día te tomo como novia, y para la eternidad;para tí no habrá novio en la tierra de ahora en adelante”.

El emperador Majencio (306-312) fue Alejandría para organizar una fiesta pagana y ordenó que todos los súbditos hicieran sacrificios a los dioses. Catalina entró en el templo pero, en lugar de sacrificar, hizo la señal de la cruz. Y, dirigiéndose al emperador, lo reprendió exhortándolo a conocer al verdadero Dios. Se dice también que el mismo emperador se enamoró de Catalina, pero ella estaba comprometida con Cristo y no lo aceptó.

Conducida a palacio, ella reiteró su negativa a hacer sacrificios pero invitó al emperador a un debate.

En la prueba del debate filosófico, los sabios resultaron convertidos al cristianismo por Catalina, lo que provocó la ira del emperador, que entonces hizo ejecutar a los sabios, no sin proponerle antes a Catalina que se casara con uno de ellos, a lo que ella se negó rotundamente.

Majencio trató de convencerla con promesas pero, al no lograrlo, mandó azotarla y después encerrarla en prisión. Allí fue visitada por la propia emperatriz y un oficial, Porfirio, que terminó por convertirse junto con otros doscientos soldados, según señala “la Passio”.

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El emperador ordenó entonces que torturaran a Catalina utilizando para ello una máquina formada por unas ruedas guarnecidas con cuchillas afiladas. Según la Passio, las ruedas se rompieron al tocar el cuerpo de Catalina, quien salió ilesa. Por esta razón, Santa Catalina es la patrona de todos los oficios que utilicen ruedas, como hilanderas (por la rueca), carreteros, transportistas, molineros, etc. Además es patrona de archivistas, abogados; juristas, bibliotecarios, personas en trance de muerte, educadores, jovencitas, solteras, estudiantes, maestros, afiladores de cuchillos, mecánicos, torneros, enfermeros, filósofos, predicadores, teólogos, secretarias, taquígrafos.

La emperatriz trató de interceder a favor de Catalina, pero fue decapitada, al igual que Porfirio y sus doscientos soldados.

Su tumba se había encontrado al pie del Monte Sinaí, en el monasterio que lleva su nombre, lo que dio motivo a peregrinaciones de todo el mundo, especialmente apreciada por los peregrinos de Tierra Santa. La leyenda narra que los monjes del monasterio construido a los pies del Monte Sinaí descubrieron en una gruta de la montaña el cuerpo intacto de una joven a la que reconocieron como Catalina de Alejandría.

Según la Passio, el cuerpo había sido depositado allí por los ángeles. Así, la Passio se presenta adornada con un conjunto de lugares comunes hagiográficos, no históricos.

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Santa Catalina en la Rus de Kyiv

Durante el reino de Kyiv se le rindió culto a la Gran Mártir, y el rey Yaroslav el Sabio era tan devoto a ella, que construyó un templo en su honor en la calle principal de Kyiv, junto con el de Santa Sofía (la Sabiduría de Dios) y San Jorge, dentro del Dytynets (la antigua muralla que circundaba la ciudad principal) de la ciudad de Kyiv.

Actualmente esta iglesia ya no está, pero según el arqueólogo I. Ivantsov fueron las ruinas que el embajador del imperio alemán Erich Lysota vio en 1594 cerca de Santa Sofia. Se presume que había sido construida por maestros Greco-Bizantinos, quienes llevaron la tradición a la capital de la Rus de Kyiv, actual Ucrania.

En Kyiv existía una gran comunidad de comerciantes griegos, que fue más notoria en el siglo XVII; por parte de este grupo se construyó una capilla de madera cercana a la plaza central, en tierra perteneciente al mercader griego Astamatis Stimati.

En 1739-41, en lugar de la capilla, fue construida una iglesia de ladrillo y, después de 7 años, el monasterio griego dedicado a Santa Catalina. Originalmente, la iglesia principal del monasterio tenía características arquitectónicas típicas ucranianas: de tres naves, tres cúpulas.

A fines del siglo XIX esta iglesia fue reconstruida, dejando únicamente intacta la parte superior. El interior había sido construido con un iconoatasio en estilo rococó. A principios de la década de 1920 el monasterio fue clausurado, como todos los edificios religiosos, a manos de los soviéticos, y sus grandes instalaciones fueron utilizadas como salones de exhibición de productos industriales.

En 1929 fue desmantelada la iglesia, bajo el pretexto que el techo presentaba rajaduras.

Tradiciones en Ucrania

Algunos investigadores de tradiciones religiosas tienen la teoría que, antes de la cristianización, este día se celebraba “la noche del destino de las doncellas”, y que luego apareció la fiesta de Santa Catalina, conectando lo pagano con esta festividad religiosa.

Las celebraciones a Santa Catalina en Ucrania se basan mayormente en “profetizar” el destino de cada chica. Las mujeres casadas preguntan por la felicidad de su familia, las solteras por su futuro matrimonio.

En el día de Catalina, por la mañana antes de la salida del sol, cada chica sale a su jardín y corta una ramilla de su cerezo. En casa, esta ramita es colocada en una botella con agua, esperando a ser leída en la fiesta de Melania (Malanka – 14 de enero). Si el ramito con botones florea, es buena señal, y la chica tendrá un futuro en el que florecerá su amor. Una ramita podrida o sin color es mala señal.

Crayón sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

La ramilla de cereza no es solamente leída por muchachas, sino que también los jovencitos. Si sus respectivos ramitos sacan hojas o hasta flores, significa que su esposa será bella, lo amará, y será hacendosa. Si la ramilla saca hojas, pero no flores, indica que el chico se casará con una mujer simple, que no es notable. Pero si nisiquiera saca hojas, indica que la esposa será haragana.

En las aldeas, Catalina se arregla por las noches. Las chicas preparan juntas un caldo de trigo o más típicamente Borshch, se reunen con los muchachos y van a misa. Antes que canten los gallos, a media noche, se dirigen con una nueva Rushnyk y la comida al “portal del destino”.

Una a una suben con la cena en las manos y llaman tres veces al destino: “Destino, sino, ¡Ven a cenar!”. Si el gallo canta, es la respuesta del destino prediciendo un matrimonio con abundancia y tranquilidad. Si el gallo no canta, el destino “es sordo” a los llamados de esta chica. Pero lo peor de todo es ver una estrella cayendo del cielo luego de la pregunta, pues presagia una seria enfermedad, problemas familiares y una mala fortuna en todo lo que haga.

Tinta sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

En caso que el destino haya sido sordo, la muchacha deberá aplaudir una vez, y si la respuesta es un perro rascándose o alguna vaca mugiendo, es el destino que si la escuchó y que su novio vendrá de ese punto. Si responde el gallo, aunque sea sólo sacudiendo sus plumas, el futuro esposo será fiel y rico; si es el perro el que responde, el esposo será muy fiel, pero no tan rico; si un caballo corre, será un esposo muy trabajador, calmado pero de carácter fuerte.

Se dice que, durante esta adivinación, un año fue una rata la que llegó a comer del caldo (Kulish o Borshch), frente a todas y hasta se limpió las orejas. La chica la vió y echó la carcajada, pues nunca había sucedido y nadie sabía interpretar esa respuesta del destino. Sin embargo, en primavera llegaron extranjeros, desde Francia, a intercambiar conocimiento sobre el cultivo de la remolacha azucarera, y esta chica se enamoró de un francés y pronto se casaron. Se fue a vivir a la casa de sus suegros y escribió a los padres que era muy feliz. Desde entonces, se sabe que una rata comiendo la sopa, es la respuesta del destino diciendo “te casarás con un extranjero”.

Oleo sobre tela por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - Santa Catalina

Otra costumbre es colocar hojas de distintos árboles bajo la almohada, en la víspera de Santa Catalina, cada uno representando un muchacho del gusto de la jovencita. Dentro de estas, se supone que debe haber una sola hoja de manzano. Al ir a la cama, la muchacha recita la oración del Señor y luego, al amanecer, le pide a algún niño pequeño de la casa que saque, sin ver, una de las hojas; según la hoja que identifica a cada muchacho, con él se casará, excepto si es la de manzano, que indica que estará soltera de por vida.

Antiguamente se acostumbraba que la jovencita iba al pozo a ver su reflejo, muy temprano por la mañana del 7 de diciembre; si su reflejo era claro en un agua calma, indicaba un matrimonio inminente y muy feliz; aguas turbias indicaban una mayor espera.

Otro método era que, después de cenar en la víspera, la joven iba a escuchar la conversación de los vecinos. Su destino dependía de ka naturaleza de esa conversación.

Tinta sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

Otro método de adivinación era colocar varios objetos en platos: un pañuelo, un listón, un anillo y una cruz. Una de las muchachas cubría los objetos para que las demás no los vieran, y éstas tenían que venir una por una a sacarlos, sin ver. Si salía el listón, estaría un año más de soltera; si era el anillo, matrimonio este año, si era el pañuelo, indicaba un hijo como madre soltera, y si era la cruz era el mal presagio de muerte. Y para determinar la fortuna de su esposo, se metía un anillo de oro, otro de plata y varias piezas de hierro dentro del cereal, y cada muchacha debía sacar una, sin ver.

Para todas las señoritas que quieran encontrar la felicidad en el matrimonio, es aconsejable ir este día a misa antes de las 11 y poner una vela en el ícono de Santa Catalina, realizando un deseo con todo su corazón.

Tinta sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

Las jovencitas realizan todo este tipo de adivinaciones para saber qué esposo les tiene reservado el destino; sin embargo, los hombres siplemente guardan ayuno en una “cuaresma” dedicada a Santa Catalina, rezando a la santa mártir para que les entregue una buena mujer como esposa: que sea trabajadora (no floja) y que lo trate bien.

Esta columna dedicada a Santa Catalina está ahora en el monasterio de Santa Sava.


Videos

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https://m.youtube.com/watch?v=zm-1nht0mwU

Tinta sobre papel por Artista Nairobi Prahl para Ucrania Fantástica - el día de Santa Catalina en Ucrania

Fiesta del día de San Elías

El 2 de agosto se celebra la fiesta del profeta Elías.

Este santo vivió durante el siglo IX anterior al nacimiento de Cristo, y su nombre significa “El poder de Dios, Mi Dios es Yahveh“, que fue lo que definió toda su vida.

El santo profeta Elías nació en la ciudad de Tesalia en Galilea en el año 900 antes de la Natividad de Cristo. Desde muy joven dedicó su vida a Dios, se asentó en un lugar solitario y vivió en oración y arduo ayuno.

Elías sufrió muchas persecuciones por parte de idólatras. Cuando estaba a punto de morir, supo que Dios lo llevaría vivo hasta el cielo, y fue lo que sucedió, pues él y otros testigos vieron la carroza de fuego con cuatro caballos, en la que los ángeles lo llevaron volando al cielo.

Jesucristo, durante su vida en este mundo, recordaba a menudo los milagros de Elías.

San Elías en Ucrania

Los ancestros de Ucrania honraban a este santo profeta. Se sabe, en particular, por la Crónica de Néstor, que en el período precristiano había una iglesia en Kyiv dedicada a el. Varios íconos durante la historia eclesiástica de Ucrania han sido dedicados a San Elías, con la carroza de fuego representada y el profeta sentado en ella. Fue percibido por el pueblo ucraniano como un intermediario entre el cielo y la tierra.

De acuerdo con una leyenda, él es capaz de predecir sequía y, a la vez, se le puede orar para que traiga nubes de lluvia.

En la imaginación folclórica es representado como un santo formidable, fuerte, severo, cruel, pero al mismo tiempo generoso. Incluso el gran héroe de la Rus de Kyiv, Illya Muromets, debe su nombre al profeta Elías (enlace a artículo)

Como otros elementos paganos, el antiguo dios Perún (leer artículo por este enlace) fue transformado durante la cristianización en Elías, ya que el día del santo caía justo en el “громове свято – el día de los truenos”, una época de fines de verano caracterizada por abundantes tormentas eléctricas. Muchos proverbios folclóricos se asocian con él:

«До Іллі хмари ходять за вітром, а по Іллі – проти вітру»,
«Грім гримить, то Ілля по небесному мосту в огненній колісниці їде».

“Por Elías que se vayan las nubes con el viento, y por Elías – que sople el viento”
“Retumban los truenos, pues Elias va en una carroza de fuego en un puente al cielo”.

Existe una leyenda que dice que cuando los demonios se rebelaron contra Dios, ordenó a Elías que limpiara todo el poder impuro del cielo. Desde entonces, el santo persigue los demonios, lanzándoles flechas de fuego: los rayos y truenos.

Generalmente llueve muy fuerte, con tormenta eléctrica, el 2 de agosto, lo que se conoce como «горобині ночі» – (Noche de gorrión) durante la cual hay que alejarse de perros y gatos, pues estos animales domésticos, este día en especial portan espíritus malignos; se dice que ni las aves pueden dormir, pues San Elias va en su carroza de fuego rumbo al cielo. Esta lluvia, antes que caigan los rayos, es de agua milagrosa, y si uno se baña en ella, se cura de cualquier enfermedad, inclusive lepra.

Si durante una tormenta eléctrica un rayo cae sobre una casa y ésta queda incendiada, los campesinos piensan que es imposible de extinguir, puesto que “¡Si Dios la quemó, el hombre no lo debe apagar!”

En la antigüedad existía la creencia que después del día de San Elías era prohibido nadar: “«Після Ілля купається тільки свиня» – “Después de San Elías sólo un cerdo se baña”. Las personas pensaban que, a partir de este día, el agua se tornaba fría, y era por una razón: Elías iba en su carroza de fuego rumbo al cielo, y a uno de sus caballos se le caía una herradura, directamente al agua, enfriándola.

San Elías no era solamente una deidad castigadora, sino también bueno y generoso patrono de los granjeros que cultivan cereales. Después de todo, el año agrícola acaba este día, y comienza uno nuevo con la cosecha pues, con el invierno, se siembra el trigo y el centeno. De esta manera, los granjeros esperan este día y exclaman “«На Іллі новий хліб на столі» – “En Elías hay un nuevo pan sobre la mesa” por la siembra de un nuevo ciclo de cultivo, y el inicio de la cosecha. Se hornea pan para toda la familia y se reparte desde el hermano mayor hasta el miembro más joven.

Algunas frases populares con respecto a San Elías

  • – Якщо зранку хмарно, то сівба повинна бути рання і можна чекати доброго врожаю, якщо хмарно опівдні – середня сівба, а якщо ввечері – сівба пізня і врожай поганий : Si está nublado por la mañana, la siembra debe ser temprano, y esperarás buena cosecha; si las nubes están a medio día será una siembra promedio y, si es por la noche, la siembra es tardía y la cosecha es mala.
  • – Цілий день сонячно – на недорід – Todo el día soleado – cosecha fallida.
  • – Минув Ілля – чекай гнилля – Se fué (el día de) San Elías, espera pudrición.
  • – З Ілліна дня ніч довга, а вода холодна – – Desde Elías la noche es larga, y el agua es fría.
  • – На Іллі до обіду літо, а після обіду осінь – En el día de Elías, antes de almuerzo es verano y después de cenar es otoño.
  • З днем Ангела Іллю я вітаю – En el día del ángel Elías yo saludo.
  • З хлібом щедрим на столі – Con pan hay abundancia sobre la mesa
  • З добрим словом у душі. Con buenas palabras en el alma

https://m.youtube.com/watch?v=IZwqhmZSRj8

Солом’яний бирів – Figurillas ucranianas de paja

Figurillas de paja en las Kolyadky

Desde tiempos remotos, gracias a los mejores suelos de Europa, llamados “Chernozem” (Tierra negra), por la alta concentración de humus en el horizonte 0, Ucrania ha sido tierra para el cultivo de granos, trigo en particular. (Ver “Agricultura en Ucrania – enlace).

El color de los campos de trigo, amarillo o dorado, contrasta con el color del cielo azul, lo que es representado en la Bandera de Ucrania (enlace).

Ya con el trigo cosechado, los granos separados, queda la paja, que se usa para varios propósitos, como la construcción de Jaty (plural de Jata, Хата – enlace), o para alimentar al ganado (enlace a “Ganadería en Ucrania”), principalmente.

La domesticación del caballo

Pero también se ha utilizado desde la antigüedad como material artístico, para fabricar juguetes o incluso objetos mágicos rituales que, desde tiempos paganos, han servido para desear una buena nueva cosecha, o para albergar a los espíritus de los ancestros.

La paja es, junto con otras hierbas aromáticas y mágicas, material para la construcción de Motanky (plural de motanka – enlace)


Otra gran creación tradicional realizada con paja es el “Diduj” – Дідух – (plural: Didujy – enlace), palabra que combina dos palabras: “Did” que significa “Abuelo”, en referencia a los ancestros, y “duj” que significa “Alma, espíritu”. La creencia ancestral es que, durante días especiales, las almas de los ancestros son autorizadas para bajar a la tierra a visitar a sus familiares vivos; bajan del cielo, ya sea en relámpagos o en aves, a los árboles (ver el simbolismo del roble – enlace), luego a fuentes de agua por medio de las raíces (ver “Rusalka” – enlace), y finalmente pueden llegar a las casas de sus seres queridos, en donde entran en estas figurillas y permanecen cuidando de espíritus malignos y aconsejando a la familia hasta que debían regresar; incluso ayudando en temas como la administración de las finanzas.

Estos didujy representan ancianos con largos bigotes y cejas espesas, y son usados como “oberehy”, es decir, para hechizos o encantos. Se le presentan a la familia para la fiesta de la Santísima Trinidad, o se colocan en el suelo durante la siembra, para que la cosecha sea buena.


Otro uso que se le da a la paja es, junto con otras hierbas aromáticas y medicinales, la fabricación de “Vinok” (enlace) que llevan las muchachas solteras junto también con flores, o coronas que sirven para colocar ollas calientes con comida, no sólo para proteger la mesa sino para que la olla caliente, en contacto con las hierbas, emita deliciosos y medicinales aromas.


Los espíritus de los ancestros bajan a la tierra por medio de los árboles, especialmente robles

Las arañas de paja son otra belleza tradicional, que se cuelgan en los árboles navideños, como símbolo de trabajo arduo pero productivo. Algunos artistas fabrican erizos de arcilla con sus púas de paja, también símbolos de trabajo.

Bello “Nacimiento” o “Belén” navideño

Las muchachas se reúnen secretamente y recolectan paja, teniendo cuidado que los chicos no las vean, y la atan y la enlazan para formar cuadrados y triángulos de distintos tamaños.

En nochebuena, estas ‘arañas’ son colgadas de la lámpara principal del techo, suspendidas por medio de un mechón de pelo tomada de la crin de un caballo y que, según la creencia popular, gira y se mueve dando la impresión que es un ser vivo.

Además de las ‘arañas’, las personas también hacen ‘puercoespines’ o ‘erizos’ con masa de arcilla a la que, aún fresca, se le colocan pajitas finas semejando las esquinas, y dos gruesas semejando las orejas. Luego se deja secar a temperatura ambiente.

Sin embargo, las arañas son las favoritas. Los cuadrados o triángulos simulan ser las telarañas, y la pieza central es la araña que protege el hogar.

Diduj en el campo

Se creía que el mundo había sido obra de una gran araña y, por lo tanto, cualquiera que matara una tendría mala suerte el resto de su vida.

Otra creencia dice que si hay una araña a la par tuya, esperes grandes próximas noticias.

Además de eso, las arañas simbolizan la persistencia y el trabajo arduo. Con todos los elementos juntos, ya podemos asumir que, puesto que las arañas traen buenas noticias, estas colgadas de un símbolo de la natividad de Cristo, la anuncian por de si.

Existe otra leyenda también que dice que, tras el nacimiento de Cristo, cuando Herodes ordenó a sus soldados matar a todos los recién nacidos, una araña hizo una enorme telaraña en la casa donde José y María se ocultaban con el bebé, cubriendo la entrada de ésta y haciéndola invisible para los asesinos.

Estampilla postal de Ucrania de 2014, en el Bloque de “Bella y Grande Ucrania”, provincia de Volyn


Algunos años después de la cristianización de la Rus de Kyiv las personas comenzaron a fabricar también ángeles de paja, con sus alas desplejadas de color dorado, que pueden ser colgados en cualquier lugar de la casa y protegen contra espíritus malignos, además de dar belleza al hogar.

Animales como aves, caballos y otros sirven como objetos decorativos junto con Pysanky (enlace) para la Pascua, en las canastas con comida (enlace a “Tradiciones de Pascua”) que serán bendecidas el Domingo de Resurrección.


Ahora concentrémonos en los juguetes de paja. Especialmente en el sur y este de Ucrania, los juguetes de los chicos solían ser de paja de trigo o pasto seco.

Puesto que en este país se ha admirado a los caballos, e incluso aquí fue donde estos fuertes animales fueron domesticados hace miles de años, son unos de los juguetes favoritos. Son además símbolo de felicidad y buena suerte (enlace a “Simbolismo de algunos animales en Ucrania”).

La gente llama “caballos del sol” o “caballos dorados” a estos juguetes.

La fabricación tanto de un caballo como de una muñeca de paja se ilustra perfectamente en las imágenes adjuntas.

Atando haces de este material, doblándolos, dividiéndolos y agregando en cierta parte del proceso una varilla u otro haz, se logra fabricar todo tipo de figurillas. Actualmente, por medio de algún pegamento como la cola blanca, o con el uso de algún alambre fino de metal, se puede colocar la figura en una posición que semeje movimiento.

Como juguetes, son comunes figurillas de paja de animales como elefantes

Al caballo del sol se le puede agregar la muñeca, que lo lleva al abrevadero, o un kozako que lo monte.

Muchas personas se dedican como su oficio a crear estas figurillas, y ellas le aplican un barniz especial para que sea a prueba de humedad y mantenga su posición. Adjuntamos algunos videos explicativos.

Ángeles de paja

Videos

Videos de filmes animados con figurillas de paja

Telarañas y sus constructoras son un símbolo de buenas nuevas: el nacimiento de Jesús


Slideshow de tintas por la Artista Nairobi Prahl

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Slideshow de crayones por la Artista Nairobi Prahl

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Slideshow de acrílicos

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La bandera de Ucrania: los campos del dorado trigo y el cielo azul de fondo

Cuento Hutsul sobre la creación de la tierra

Dios y el Diablo – Un cuento folclórico Hutsul

Recopilado y traducido al inglés por Daniel W. Evanishen

Al principio no existía la tierra, solo el cielo y el agua. Un día, mientras Dios estaba en el agua en Su lancha, vio una balsa de espuma sobre la que iba el diablo.

  • “¿Quien eres? – preguntó Dios
  • Te diré si me subes a tu bote
  • Por favor, sube a mi bote
  • Yo soy Aridnyk

Ellos navegaron entonces en silencio por algún tiempo, y el diablo finalmente dijo:

Sería bueno que hubiese un poco de tierra, ¿no?

“Será asi, dijo Dios, Bucea al fonso del agua y trae contigo un puñado lleno de arena. De ella crearé la tierra. Y cuando tomes la arena del fondo, asegúrate de decir “Yo tomo esta arena en el nombre de Dios”.

Pero cuando Arydnik alcanzó el fondo del agua, tomó la arena con ambas manos, diciendo “Tomo esta arena en nombre de Arydnik” , y cuando retornó a la superficie, notó que sus manos estaban vacías.

Dios le dijo a Arydnik que volviera a intentarlo. Esta vez, al tomar la arena, dijo “Uo tomo esta arena en Su nombre”. Además ocultó alguna dentro de su boca.

Cuando regresó a la superficie, encontró sólo la arena que se le había metido entre las uñas.

Dios tomó entonces los pocos granos de arena de las uñas de Arydnik y creó algo de tierra, pero sólo pudo hacer una pequeña isla con el poco de arena que quedó entre las uñas del diablo.

Cuando cayó la noche, ambos se acostaron a dormir en la isla. Pero el celoso diablo quiso ahogar a Dios, lanzándolo al agua.

Arydnik empujó al agua a Dios, que dormía profundo, y surgió tierra. Y conforme lo iba arrastrando al agua, mas tierra iba surgiendo a su paso. Y se fue a un lado, y surgía tierra frente a él, y luego hacia la otra dirección, y lo mismo. Incluso la arena que Arydnik había ocultado entre su boca creció como tierra, y creció y creció; tanto, que lo forzó a abrir la boca, y los ojos se le saltaron, y no pudo respirar.

Entonces escupió, y donde quiera que escupía, surgían montañas, cada una más alta que la anterior, hasta que alcanzaron el cielo. Y hubiesen continuado creciendo si no hubiera sido porque mas tarde Dios les puso un conjuro, y desde entonces ya no crecen las montañas.

Finalmente el diablo cayó dormido.

Cuando Dios despertó, regresó al cielo y, tras Él, Arydnik. Los ángeles cantaban en multitudes para dar Gloria a Dios, y le daban la bienvenida al cielo. Pero Aridnyk se molestó por ver tanta adoración hacia Dios, y ninguna para si.

¿cómo podría yo tener una bienvenida asi? preguntó el demonio a Dios.

“Lávate, y con el agua con la que te lavaste, rocía el suelo frente a ti

Pero cuando Arydnik lo hizo, roció tantos pequeños demonios, que ya no cabían en el cielo.

Dios vio ésto y le pidió a San Elías que enviara una tormenta de rayos y truenos, y mucha lluvia. Y San Elías se puso muy feliz, y su tormenta rugió por 40 días y 40 noches. Y hubo tanta lluvia que los feroces diablitos comenzaron a resbalarse y caer a la tierra.

Cuando hubo menos diablitos en el cielo y fueron los ángeles los que empezaron a resbalarse y caer, ordenó Dios a San Elías que detuviera la tormenta.

Desde entonces, aun cada cuando se ven pequeñas flamas que caen desde el cielo a la tierra durante las tormentas.


Nota:
Son comunes las historias de Dios y los santos, quienes toman el lugar de los personajes originales, paganos. Los montes cárpatos ucranianos están llenos de ellas, en la región Hutsul. El nombre de Arydnik es del dialecto Hutsul.

Mas sobre los Hutsules

Los artículos listados a continuación amplían un poco la información sobre este grupo étnico de los cárpatos ucranianos:

La corona – Вінок – y simbolismo de varias flores en Ucrania

El pueblo ucraniano se ha mantenido desde miles de años en intimidad con la naturaleza. Los huevos escritos de Pascua, Pysanky, tienen su origen en la cercanía de las aves con los dioses y el sol, y sus ideogramas simbolizan distintos animales y plantas, asi como fenómenos de la naturaleza (Enlace al artículo sobre” Simbolismo en la Pysanka”), o en la Vyshyvanka (Enlace al artículo respectivo ).

Vinok de verano

Ya hemos hablado sobre el simbolismo de algunos animales (Enlace) y árboles, como Sauce, Tilo, o flores como Malva, o amapola, entre otros; de hecho, un gran número de artículos de Ucrania Fantástica han sido escritos de acuerdo a este tema (Enlace a la página recopilatoria).

Dentro de las costumbres del pueblo ucraniano (Enlace a página recopilatoria) encontramos tocados especiales que llevan las muchachas solteras en su cabello, llamadas VINOK (ВІНОК), y en la mayoría de lugares se cambia por una Ochipok, una Namitka o Peremitka (Enlace al artículo ) al contraer matrimonio y convertirse en señora.

Aunque este artículo no se enfoca en la Vinok, sino en el simbolismo de algunas flores, en la cantidad y color cuando se obsequian a amigos, amigas o parejas sentimentales, hablaremos a continuación algo más sobre esta corona tradicional ucraniana. (Este artículo es muy bueno).

Todas las tradiciones eslavas incluyen flores, especialmente durante la festividad de Ivan Kupala, pero Ucrania es el pueblo más profuso en esto, con una amplia simbología dentro de las distintas flores.

La corona ucraniana Vinok está fabricada con 12 distintas flores, la mayoría silvestres, recolectadas de forma tradicional.

Sin embargo, existen distintas clases de coronas: nupciales, de amor, de devoción, de Kupala, de esperanza, monásticas, por estación del año, etc.

La corona de amor no se usa sólo para ceremonias de matrimonio sino, increíblemente, también para ceremonias de divorcio. En la cultura de Ucrania antigua pagana, era usada por muchachas solteras y vírgenes, como símbolo de esta cualidad.

Actualmente, dentro de movimientos neopaganos y también dentro del pueblo en general que está recuperando las costumbres de sus ancestros, prohibidas durante la época soviética, y mas y más Vinoky estan siendo usadas por mujeres de todas las edades. La corona data de antiguas tradiciones de pueblos eslavos orientales, anterior a la cristianizacion del reino de Kyiv por San Volodymyr el Grande en el siglo X, y que continuaron durante mucho tiempo, fusionándose lentamente con las nuevas tradiciones cristianas.

Las flores son parte de todas las celebraciones, del folclore, del bordado artesanal, y hasta de las decoraciones externas e internas de sus Jaty (plural de Jata) . Marcan las estaciones.

Se recolectan a mediados de verano, pero no sólo para hacer las Vinoky, sino también como hierbas curativas y que llaman a la prosperidad. El perejil, chirivía, ligústico, mejorana, aciano y salvia son protectoras contra las sombras.

Una Vinok tradicional tiene 12 flores:

  • Amapola – Símbolo de fertilidad, belleza y la juventud.
  • Manzanilla – Símbolo de amor o afecto.
  • Girasol – Compromiso y lealtad
  • Malva – Fe y esperanza.
  • Menta – Salud.
  • Orégano – Amor maternal.
  • Lirio – Encanto de niña, pureza y virginidad.
  • Nardo – Fortaleza en la salud. Curación de llagas y heridas.
  • Cereza y manzana – Devoción.
  • Arándano – Belleza juvenil.
  • Lúpulo – Flexibilidad e inteligencia.
  • Campanilla – Aprecio y gratitud.

Antiguas imágenes de diosas femeninas vestían tocados de flores, pastos, hierbas y ramitas. Colocar tu corona en el cauce del río te decía tu futuro, y en el mar el destino de tu alma.

Vinok de primavera

De las flores, hierbas, cintas de colores y sus significados simbólicos

  • Corona Trenzada- símbolo de prosperidad y fertilidad.
  • Trébol: símbolo de fidelidad; tiene el mágico poder de reconectar
  • Enula campana – raiz de nueve fuerzas, fortalece y restaura la salud.
  • Helecho (Hierba de Rozmai) – atrae el amor(Artículo que amplía información sobre el Paporot o Helecho)
  • Ajo – protección, también tejido en trenzas en la corona nupcial
  • Pastos – el pasto es símbolo campos de cultivo sanos y abundancia.
  • Iris – Paz y vidalidad.
  • Krinov (lirio) – símbolo magico de la femineidad.
  • Kalyna, frambuesa y rosa – tres hermanas, acromonia como una forma de contacto mágico cuando hay un poco de sangre. Ayuda a superar obstáculos, tras los cuales viene el sueño mágico que conduce a la eternidad.
  • Loboda – simbolo de miseria y pobreza
  • Lyubka – simbolo de belleza y juventud
  • Ligústico – armonía, amor.
  • Girasol – fertilidad, crecimiento y fructificación.
  • Caléndula – belleza masculina
  • Narciso – protege la salud
  • Orégano – amor maternal y cuidado a los niños
  • Pensamientos – amor a la familia (ampliamos mas adelante)
  • Perejil – primavera
  • Paulina – amargura de la vida, es protector contra las sombras
  • Menta – guardián de los niños y su salud
  • Paeonias – floración de la madurez
  • Amapolas (rojas) – belleza, pureza y fuerzas mágicas de protección
  • Rosa – Símbolo de buena voluntad y prosperidad
  • Manzanilla – amor
  • Rouget (escaramujo, malva , ruda) – gloria
  • Ruda – tristeza y una vida mejor
  • Vasukko (calendulas) – ceremonias
  • Violetas – felicidad, dicha
  • Voloshky (aciano azul) – belleza y bondad, modestia y ternura
  • Lirio blanco – vida familiar
  • Corona de rosas – salud

Colores de los listones

Una corona de flores y también listones protege a la chica que la viste como un halo que tiene magia sobre su cabeza, que depende de la forma en la que estos se tejen en la corona, un secreto heredado de las bisabuelas a las abuelas y asi por generaciones.

Las coloridas coronas magicas representan la unión entre la Madre Tierra con el Espíritu del Cielo (el Sol) como un matrimonio divino en la poderosa creencia en la inmortalidad: el amor.

Por supuesto, cada uno de los colores entremezclados de las cintas tiene un significado especial:

  • Café claro – la Madre Tierra
  • Amarillo – el sol
  • Azul – el agua
  • Naranja – el pan
  • Púrpura – sabiduría
  • Carmín – sinceridad
  • Rosado – abundancia

En ciertos casos se coloca un listón blanco con otro, dorado, a su izquierda, en representación del sol, y a la derecha uno plateado que representa la luna.

Vinok nupcial

Una paleta del rojo (carmín, clavel, viburnum) indica sangre y fuego, encantos mágicos y adivinación. Y mientras se tenga en la mano derecha, ésta corona simboliza belleza, alegría y amor por la vida; pero si se toma con la zurda, es venganza y destrucción. El rojo se usa para encantos, pero es peligroso jugar con este color, pues tiende a convertirse en un hechizo mágico si no se hace con extremo cuidado.

El rojo es un color muy usado en huevos Pysanky, y también en Vyshyvanky (ver la leyenda de la vyshyvanka ), en rushnyky, con cuentas y abalorios, o hilos. La mejor forma de proteger niños pequeños y evitar que espíritus malignos los posean mientras sueñan, es atar algo rojo en sus muñecas.

  • El color verde simboliza la primavera, belleza de la naturaleza, transformación y envidia
  • Púrpura y verde son sabiduría y precaución
  • Rojo y azul son fidelidad y amor
  • Blanco y rojo son recompensa y respeto
  • El blanco en cintas y flores simboliza pureza, inocencia, alegría. Asociado con la luz del dia y la vida, en una relación con mundos divinos. Antiguos sacerdotes así como muchachas que llevaban túnicas blancas y se colocaban en círculo invocaban a los dioses pidiendo por una buena cosecha, y durante la primera cosecha se debía vestir una camisa totalmente blanca. Aunque el blanco se asocia también con la muerte, representada en los sudarios al entierro, y en representaciones de fantasmas.
  • Negro es noche, o antiguas mujeres-luna poderosas
  • El amarillo es el sol, sus rayos y el oro.
  • El azul es agua, eternidad, secretos del mundo. Simboliza la honestidad, buena reputación y lealtad. Usado en las coronas de las Rusalky.
    Vinok nupcial

    Veamos ahora el significado de algunas flores, usadas o no en las Vinoky

    1. Aster – Айстра

    Una leyenda dice que creció por primera vez en donde cayó una estrella y, supuestamente, si la escuchas detenidamente durante la noche, puedes escuchar cómo los ásters susurran a las estrellas.

    Es también un símbolo de amor puro y tierno y, como flor de otoño, simboliza el amor tardío.

    Una imagen de belleza duradera que la mantiene mientras otras (flores) comienzan a declinar. Cuando todos están tristes, el áster se mantiene alegre.

    En su similitud con las estrellas, se han originado algunas leyendas en torno a su origen, y simbolizan en algún momento la tristeza y melancolía, por la incapacidad de ascender al cielo en forma carnal.

    Procedente de la China, llegó a Europa en 1728, en 1750 ya se le conocía en Francia como “la reina de las margaritas” y Mykola Lysenko escribió su romance «айстри» – “Asters”, con versos de Alexander Olesya:

    Опiвночi айстри в саду розцвiли
    Умились росою, вiнки одягли,
    I стали рожевого ранку чекать,
    I в райдугу барвiв життя убирать

    I марили айстри в розкiшнiм пiвснi
    Про трави шовковi, про сонячнi днi,
    I в мрiях ввижалась ïм казка ясна,
    Де квiти не в’януть, де вiчна весна

    Так марили айстри в саду восени,
    Так марили айстри i ждали весни
    А ранок стрiвав ïх холодним дощем,
    I плакав десь вiтер в саду за кущем

    I вгледiли айстри, що вколо тюрма
    I вгледiли айстри, що жити дарма,
    Схилились i вмерли I тут, як на смiх,
    Засяяло сонце над трупами ïх!..

    Existe una leyenda de un nativo que prometió a su novia una estrella, a cambio de su mano en matrimonio. Mientras todos se cuestionaban cómo lo iba a hacer, el joven lanzó una flecha al cielo y una estrella se desprendió y cayó; pero esto no le gustó a Dios, pues pensó “si un hombre lo logró, todos querrán su estrella, y el cielo se quedará sin su belleza y luminosidad” y en vez de ésta, envió una gran tormenta; al día siguiente, todos se maravillaron al ver las colinas repletas de estas flores.

    Vinok de otoño

    La revolución húngara del 31 de octubre de 1918 se llamó “La revolución de los asters” por la similitud de la indumentaria de los manifestantes con estas flores.

    Барвінок – Vinca, Perivinca

    Por medio de este enlace se accede al artículo que nos amplía la información sobre el simbolismo de la perivinca

    Esta flor simboliza la eternidad, pues sobrevive al invierno, y es una de las doce que llevan las Vinok o coronas que llevan las muchachas solteras en Ucrania.

    La Vinca es adecuada para personas con carácter fuerte, y el nombre viene del griego “Ganador”. Se cree que siempre trae felicidad y amor verdadero.

    3. Братки – Pensamiento

El pensamiento o viola se llama “Hermanos” en ucraniano (Братки) y simboliza fidelidad, devoción y sabiduría.

Según leyendas muy antiguas, la violeta tricolor, o también “hermano y hermana” simboliza el fuego y el agua:

El rey del Fuego y la reina Voditsa (del agua) crearon el mundo.

Es incluso, según algunos estudiosos, el origen de los colores de la Bandera de Ucrania (enlace) , y estos elementos son celebrados el día de la creación del mundo: Ivan Kupala (enlace) . Antiguamente, durante tiempos paganos, se dice, eran sacrificados un hermano y una hermana este día de la creación del mundo y, en conmemoración de ello, las parejas saltan sobre una fogata para caer directamente al agua durante este ritual.

Aunque otra leyenda indica que el origen de esta flor reside en dos novios que se enamoraron sin saber que eran hermanos pero, al enterarse, decidieron morir para no vivir en pecado. ” Vámonos, hermana, internémonos en el oscuro bosque, y que nos devoren las bestias” dice la canción, pero los animales no los tocaron, y la tierra no los aceptó. Entonces se convirtieron en flores inusuales que florean con azul y amarillo al mismo tiempo, y que la gente nombró “hermanos”.

Vinok de otoño

4. Волошка – Aciano

También conocida como Васильки (Vasylky)

Esta flor simboliza confianza, lealtad y belleza espiritual, tierna; corrección y santidad, pureza espiritual, modestia y afecto; aunque muchos la relacionan con la inestabilidad y variabilidad, debido a su habilidad para cambiar de color.

El nombre de Vasylky, dice la leyenda, viene del nombre de San Basilio y las rusalky que jugaron en el campo durante las Fiestas verdes (enlace) . El se convirtió en esta flor y se le puso su nombre.

Se cree que las flores de Aciano tienen poderes mágicos contra espiritus o destino malignos, y protegen de la mala suerte. Por ello se cultivan extensamente en granjas y son consagradas junto con la amapola en las fiestas del Salvador (enlace) . Coronas de acianos se preparan para las Fiestas de la Semana Verde y se guardan luego durante año en casa.

Estas flores son particularmente fuertes para los jóvenes: las novias las pueden llevar en su bouquet para su boda; una infusión se rocía sobre los jardines donde los chicos celebran Ivan Kupala; o la misma infusión se aplica a las jovencitas para que su belleza no se marchite, pues es inaccesible a encantos malignos.

Su nombre “Basilka” o “Voloshka” se usa en distintas regiones del pais.

5. Гвоздика – Clavel

Гвіздь es “clavo” y гвоздити significa “clavar” por lo que, similar al español, el nombre de la flor tiene que ver con este utensilio.

De acuerdo con una leyenda cristiana, se originó al emerger de los ojos llorosos de la Virgen Maria mientras su Hijo Cristo sufría en La Pasión cargando la cruz; aquí nació su relación con el amor maternal.

El símbolo de pureza y amor, fascinación y distinción, gracia y libertad, honor y valor, aunque también depende de su color; el blanco es el amor, pureza y suerte; el amarillo es negligencia, el rayado es rechazo y el rojo es severidad, amor y afecto, aunque si es rojo claro es admiración; rosado es gratitud; púrpura simboliza al capricho, y en Francia es flor para funerales.

Abuelita usando Vinok

Indica que la belleza que reside en la simplicidad y rectitud es muy frágil y vulnerable.
Otra leyenda de su origen está en un mito griego, cuando Artemisa, diosa de la cacería, torció la mirada en señal de enojo hacia el pastor, pues su redil obstaculizaba la presa de la diosa. En este lugar aparecieron dos claveles.

El clavel es la flor de quienes han nacido en enero, y también la del primer aniversario de matrimonio ; la segunda flor de corte, detrás de la rosa, y la flor nacional de Eslovenia y España.

Aunque en Ucrania también se le llama asi al Clavo, Caryophyllus aromaticus, de 12 mt de altura, procedente de Indonesia; esta planta está en el listado de posibles curas del cáncer.

Гладіолус – Gladiola

Según una leyenda, durante una guerra entre romanos y tracios, la victoria fue de los primeros. El brutal comandante romano capturó a los guerreros tracios y ordenó que lucharan como gladiadores en Roma, para divertir al público.

Dentro de ellos había dos grandes amigos, Sev y Teresa, y el comandante lo notó, poniéndolos a pelear y hasta ofreciendo como premio al ganador la libertad y, en algunas versiones, también la mano de su hija.

Toda Roma llegó a ver el espectáculo. Cuando sonaron las trompetas, llamando a los fuertes gladiadores a pelear, éstos se rehusaron, ensartando sus espadas en el suelo y corriendo uno hacia el otro a abrazarse fraternalmente. La muchedumbre los abucheó y las trompetas volvieron a sonar exigiendo pelea.

Al rehusarse de nuevo, se mandó ejecutarlos. Pero, al no más caer los cuerpos, ya muertos, de las espadas que habían enterrado salieron raíces y unas bellas flores que fueron nombradas “Gladiolas” en su honor, y se convirtieron en símbolo de amistad, lealtad, nobleza y memoria.

Tras esto, los romanos comenzaron a usar bulbos de gladiola colgados de su pecho como amuletos que, no sólo los ayudaría a vencer al enemigo, sino también a protegerlos de la muerte.

La primera mención de estas flores se encuentra en el trabajo de Plinio, escritor romano del siglo I antes de Cristo, en donde explica que la etimología de la palabra tiene relación con “espada afilada”, al igual que la de “gladiador”. Se debe a la forma de sus hojas, similares a espadas afiladas, aunque muchos dicen que es por la espiga con botones.

Muchas especies fueron traidas a Europa desde Sudáfrica durante el siglo XVIII, donde crecen 103 variedades, 71 endémicas.

8. Конвалія – Lirio del Valle

Ternura, lealtad, felicidad, amor, afecto y pureza.

9. Латаття – Lirio de Agua

También водяна лілія.

Esta flor tiene también una interesante leyenda con respecto a su origen: anteriormente era una bella ninfa, que se enamoró desesperadamente de Hércules, pero él no le devolvió el sentimiento, por lo que ella, para quedar en la eternidad esperando al amor del semidiós, se convirtió en un lirio de agua.

Esta flor simboliza elocuencia, pureza, belleza y calma, sensatez.

10. Лілія – Lirio

Simboliza la perfección femenina, pureza del alma, libertad, paz.

Vinok de invierno

11. Нарцис – Narciso

La leyenda de narciso, que no solo dio origen al nombre de la flor, sino también al de una cualidad ondefexto de algunosseres humanos, catalogada incluso como un trastorno de la personalidad: Narciso era hijo del río Cefiso y de la ninfa Liriope. Se enamoró de su propia imagen mirándose en las aguas de una fuente, al fondo de la cual se precipitó y, en castigo por su egoísmo, fue convertido en esta flor.

Por ello, esta flor simboliza orgullo, egoismo, autoafirmación, exceso de seguridad en si mismo, pero no evita que signifique también amor, un matrimonio feliz, valor y fuerza.

12. Незабудка – Nomeolvides

Expresa fidelidad, memoria, amor y devoción, más que olvido del ser amado.

13. Ромашка – Manzanilla

Ternura, lealtad y buen humor. Una leyenda dice que la manzanilla es un paraguas, que sirve para que pequeños duendes se refugien de la lluvia.

Vinok neopagano

14. Троянда – Rosa

La reina de las flores y un símbolo clásico de amor, grandeza, el infinito, la eternidad. Pero en distintos países y religiones tiene otros significados. En la antigua Roma significaba tristeza, valor; en Japón es importante el color, rojo es amor, rosado es timidez, blanco es pureza del espíritu; pero en los pueblos eslavos antiguos simbolizaba el Divino Misterio, la misericordia, perdón Amor Divino, Victoria y Martirio, acompañando la alegría de las hojas, la tristeza y dolor de las espinas (martirio) y la Gloria Eterna de las flores.

15.Тюльпан – Tulipán

Símbolo de orgullo, majestuosidad, placer y nobleza. Muchos dicen que esta flor trae buena suerte.

Crece silvestre en las estepas de Ucrania, información que podemos leer en el articulo al que lleva este enlace.

16. Фіалка – Violeta

Modestia, encanto, buenos recuerdos, timidez y lealtad.

17. Хризантема – Crisantemo

Simbolo del sol en Japón y China, y de la inmortalidad.

El número de flores tiene un simbolismo también

Este artículo amplía esta información

El número de flores que se incorpora en un bouquet o ramo tiene un simbolismo también. Una, tres o cinco tiene energía positiva y armonía, y trece significa mala voluntad, aversión. Veamos esto en detalle:

  • 1 flor – Tu eres todo lo que tengo
  • 3 flores – voy contigo hasta el fin del mundo
  • 5 flores – amor
  • 7 flores – dadas el día del casamiento
  • 9 flores – te respeto
  • 10 flores – quiero hacer algo por ti
  • 11 flores – amistad
  • 12 flores – apoyo
  • 13 flores – odio
  • 14 flores – eres todo lo que tengo
  • 15 flores – te agradezco y te respeto

Fuente base
fuente de Vinok

Папороть – La flor del Helecho

La flor del helecho, o “Квітка пвпороть”, también Перуновий вогнецвіт, вовча трава, кочедижник, квітка щастя (la flor de la felicidad) , de acuerdo con la mitología, sale una única vez cada año: la noche de IVAN KUPALA . Esta flor, descrita como de color rojo, se abre durante apenas unos minutos, exactamente a la media noche, y pronto desaparece tras una llama azul.

Es una flor mágica pues, como muchos sabemos, los helechos no son gimnospermas, es decir, no florean produciendo dichos órganos reproductivos coloridos como llamamos “flores”, sino que por medio de esporas reunidas en órganos llamado “soros” en el envés de sus “hojas”.

Quien logre encontrar y tomar esta flor del helecho, logrará tener el conocimiento universal, entenderá el lenguaje de árboles y animales, y se convertirá en un clarividente. E incluso, si se conoce el método, podrá generar mayores poderes al incrustar la flor entre la piel de forma que esta se integre en la persona que la halló; claro que no somos egoístas y compartiremos el secreto: se debe realizar una pequeña cortada en la palma de la mano izquierda, e insertar la flor, como si la mano fuese un florero; inmediatamente esta se “cose” integrándose con la persona y otorgándole poderes inimaginables durante el resto de su vida.

Además el poseer la flor le dará al poseedor riquezas increíbles; tan fácil como lanzarla a algún punto al azar, trazar un círculo en donde cayó, y cavar un agujero, dentro del cual con seguridad se hallará un tesoro de gran valor.

Aunque claro es que esta flor no será nada sencillo de encontrar pues, el demonio, conociendo los poderes que tendrá el simple humano que la halle, intentará a toda costa evitarlo. De tal manera que quien la quiera, deberá primero derrotar al demonio y a sus ayudantes.

Como anteriormente indicamos, no somos egoístas y he aquí el método:

Se debe encontrar doce días antes el helecho que se prevé floreará, y se deberá levantar una cerca a su rededor, construida por uno mismo, tras lo cual, con un cuchillo, se trazará un círculo en el suelo, doce veces y sin despegar el cuchillo del suelo. Según algunas fuentes, un helecho no florea en lugares donde se escuche, aunque sea a lo lejos, el canto del gallo.

Luego se colocará un mantel, de mesa, también bendecido previamente (también el cuchillo) y, rociándolo con agua bendita, se recitará el Evangelio.

Ya en la novena noche de hacer esto, comenzará el terror, pues el demonio derribará árboles, utilizando su poder de Vyjor (enlace), lanzará grandes rocas, palos como lanzas y sacará los ríos de sus cauces con tal de destruir la cerca.

Exactamente al duodécimo día (la noche de Iván Kupala), el helecho floreará, y mágicamente la flor caerá sobre el mantel bendito. Esta deberá ser envuelta de forma inmediata y oculta en el bosque, además que el portador correrá a toda prisa sin voltear hacia atrás.

Sin embargo, sigue sin ser sencillo el asunto, o cualquiera tendría una flor así. Resulta que no es fácil de ver para cualquiera. Una de las leyendas narra cómo un hombre tuvo la suerte, inicialmente, de descubrir un helecho a punto de florear en el patio de su casa, y no le fue difícil realizar este procedimiento sin despegarse de la silla que montó para esperar el mágico momento; pero cuando éste llegó, no logró diferenciar la flor, por lo que no la capturó en el mantel bendito y se convirtió en una llama azul; el hombre perdió su casa, la cordura y todo lo que poseía.

En cambio, se cuenta que un campesino perdió su buey y, yendo al bosque a buscarlo, halló sin querer la flor. La cortó y se la cosió en la mano como ya describimos, tras lo cual adquirió tales poderes, que se estaba convirtiendo en el rey del mundo.
Pero de repente encontró por el camino a un caballero muy fino, quien le ofreció intercambiar las viejas sandalias del campesino por unas preciosas botas nuevas; el ingenuo campesino aceptó el intercambio, sin contar con que el caballero era el demonio disfrazado, y perdió todos sus poderes y quedó, según la leyenda, más estúpido de lo que era antes.

Fuente

Вихор – Vyjor – Torbellino

Vyjor es una manifestación de espíritus malignos dentro de las creencias folclóricas de Ucrania. Es una de las formas en las que el diablo se materializa.

Recibe también los nombres de вихрéнник, крутíль, крýтило, чи крýтало, крýча, о завíйниця.

Algunas veces es personificado en forma de un hombre oscuro con una gran capa negra de lana, con cola y alas y grandes garras en pies y manos. Aunque no existe un animal en él.

Los Vyjory se juntan en grupos y viven en el campo, en donde reciben el nombre de “kolalupami”. A pesar de vivir en campo abierto, no se pueden asentar en ningún lugar fijo, sino que deben estar moviéndose constantemente, especialmente durante la lluvia. Se dice que corren muy rápido y sin una dirección fija, pues huyen de los rayos, a los que les tienen mucho temor, ya que los pueden fulminar. Esto sucede únicamente durante la tarde y noche.

Cuando un Vyjor toca a una persona esta enferma irremediablemente, por lo que “cuando un Vyjor cruza la calle, es imposible atravesarla”. Hay que dar vía libre a los tornados.

Sin embargo, existe una fórmula para dominarlo cuando esto sucede: se debe escupir tres veces al suelo, y luego decir en voz alta y firme:

«Щезни, бідо, в озеро»

Lo que se puede traducir a:

¡Shchezny, miserable, vete al lago!

La única forma de vencer a un Vyjor es con un cuchillo: cuando este está a punto de ascender, la persona se debe parar frente a él y gritar “¡Kotolup”! y lanzarle el cuchillo. Si el arma lo atraviesa, el remolino fue asesinado.

Una creencia indica que hay que tener cuidado con ingerir huevos de gallinas que viven en el lugar en el que se generó un torbellino pues, ya que este es el demonio con una sola ala, este huevo posee realmente una larva de lucifer en su interior, y no un pollito o una yema de tal forma, quien ingiera el contenido de este huevo, quedará poseído por el demonio, y de él saldrá el hijo de éste cuando llegue a su madurez, habiéndose incubado en el interior de esta persona.

De acuerdo con otros relatos, especialmente los recolectados por Chubynsky (Trudy, I, 35), el Vyjor es realmente una serpiente con alas, que se arrastra por los campos al principio como un simple desecho durante 7 años; luego durante otros 7 años vaga con prisa por todo el lugar, y es hasta el tercer período de 7 años que adquiere las alas y la forma de serpiente, época en la que vive entre las rocas. Cuando sus alas ya están desarrolladas es que ya puede volar.

A veces sale a pasear, generalmente antes de tormentas, y al agitar sus alas crea fuertes vientos que rompen árboles y arrancan casas.

En la región de Kyiv se han registrado relatos en los que el Vyjor se relaciona con la historia dualista de la creación del mundo, en la cual Sataniel es uno de los ángeles de Dios, ayudándolo a crear el mundo, pero, cegado por su vanidad, intenta rebelarse y vencerlo.

El desenlace de esta historia tiene algunas variantes, y en varias se indica que la tierra se obtuvo del fondo del mar, de tal forma que Sataniel buceó dentro del agua para alcanzar el fondo, pero la superficie se congeló. Sataniel logró hacerse paso a través del hielo, pero terminó exhausto. Un ángel lo esperaba sobre el hielo y, con el objetivo de capturarlo, lo encerró en un bloque de hielo y se lo llevó a Dios.

Pero Sataniel, ya descansado, se liberó del hielo y atacó al ángel que lo capturó, a lo que éste reaccionó hiriéndolo en el ala derecha, según consejo de Dios, quien le gritó:

— Махни мечем, на праву сторону!

¡Majni con la espada, al lado derecho!

A partir de ello, el ángel Sataniel no puede volar de forma recta, ya expulsado del cielo y convertido en Satanás y, cuando lo intenta, se forma un tornado. (Chubinsky, I, Artículo 35).


Otra historia dice que en cierta ocasión el demonio se disfrazó de novia y quiso contraer matrimonio con un campesino, pero durante la ceremonia fue descubierto y al intentar huir creó un torbellino. De aquí fue que a los tornados se les llama “La boda del diablo”. (Prof. Sumtsov, 1890, 68-73).


В. V. Petrov publicó un artículo en el que afirmaba que existía una relación entre Vyjor y “La peste negra”. Se conserva en la colección Uton “VUAN en Kyiv (1927, libro III), y en esta publicación el autor realizó análisis médicos a esta enfermedad, en los que indica que, en apariencia, la enfermedad aparece de” un doble Vyjor”: el humano afectado desarrolla alucinaciones, pierde el balance y entra en locura.

En base a ello desarrolló descripciones de lo que hoy conocemos como “Epilepsia”, basándose además en creencias antiguas griegas, que rectificaban que, en casos, la locura era causada porque el afectado pudo ver el rostro del demonio dentro del torbellino, mientras que en otros era una consecuencia que éste lo hubiere tocado.

Creencias de la región oeste ucraniana, sobre todo de la cuenca del Dniester, aseguran que un tornado sale en lugares en donde se ha enterrado un feto producto del aborto, o un niño no deseado y asesinado, o alguna persona se haya suicidado. De estos lugares se ve luego del hecho siniestro que se forman tornados. Esto incluye cuerpos acuáticos y, quien se baña en estas aguas, contrae la enfermedad de la epilepsia.

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Блуд – Blud

Blud – блуд

Se conoce con este nombre a un espíritu sirviente de satanás quien, luego de ser expulsado del cielo, se congeló en el aire al Dios pronunciar la palabra “Amen” y por ello quedó en espera de alguien que pase cerca para “divertirse” perdiéndolo en el bosque, haciéndolo caminar en círculos hasta morir, o llevándolo a pantanos.

Aprovecha el momento, o lo crea durante el cruce por el camino de rebaños de ovejas, por ejemplo.

Blud tiene la capacidad de tomar la forma, de un ave, de una mujer (o un hombre, en cuyo caso atrae mujeres), un perro, gato o una luz. En base a este último, encontramos un paralelo de Blud en el espíritu “Fuego Fatuo” dentro de los Personajes de “La canción del bosque” por Lesya Ukrayinka (enlace) . De hecho, muchos autores los tratan indistintamente.

A lo largo del tiempo se desarrollaron técnicas o “remedios” para contrarrestar los engaños de Blud; veamos algunos:

  • Rezar
  • Recordar el día del bautismo y de cumpleaños
  • Recordar que día de la semana fue Navidad
  • Recordar quien estuvo a tu derecha durante el servicio religioso de Pascua
  • Recordar el orden en el que son servidos los 12 platos durante la víspera de Navidad
  • si son varias las personas perdidas, la persona a la derecha deberá dar vuelta a su camisa
  • llevar ajo u objetos metálicos con uno
  • colocarse al revés el sombrero
  • decir frases sin sentido, como “¿vendrás ayer?”
  • al ser Blud un espíritu maligno, cuando escucha el canto del gallo pierde por completo su poder

Blud es un Espíritu sin espíritu dice Antonina Kulish (fuente), nacida en la aldea de Sulis, en la provincia de Zhytomyr, , muchos lo conocen, pero nadie lo puede ver. Cualquier persona tomada por este espíritu camina sin rumbo, se sale del camino y pierde por completo la orientación .

Valentina Chuprina, 76, de Kiev, cuenta que mi abuelo, Hrihory Rahub, arrendaba la casa y tuvo que levantarse de noche a abrirle al propietario, pero se perdió en la estufa; no encontraba la puerta; por todos lados que buscaba, solo era pared y pared, ninguna puerta . Esto sucedió en la aldea Makoshin, en la provincia de Cherníhiv.

Existen relatos de varias personas. Nina Tinyachkin, de 66 años, procedente de Brokva, provincia de Zhytomyr, cuenta que su padre la educó para salvarse de los engaños de Blud:

Si te pierdes, vuelve al último punto que recuerdes y recuestate boca abajo sobre el pasto; toca la cruz tres veces y recita 3 veces el Padre Nuestro y Theotokos, y el camino de pronto aparecerá frente a tus ojos

.

También nos cuenta Anastasia Vinnichenko de la aldea de Poitiekva en la provincia de Zhytomyr, en 2004 (a los 68 años de edad) que en Pascua se perdió en el bosque, pero entonces se sentó en el pasto y se tomó el pie derecho, diciendo “mi caballo sabe a donde voy” tras lo cual se recordó del camino de regreso.

Obviamente este ser mitológico fue creado tras la experiencia que en español llamamos” no estaba en mis cabales”, “fuera de si (de mi)”, y también es equiparado, luego de la entrada del cristianismo, y según folcloristas, con uno de los pecados mortales: la lujuria.

De hecho, muchos diccionarios, actualmente, traducen Блуд, como “prostitución” o como “fornicación”. De esta manera, Blud es el espíritu que nos “hace perder el camino’, metafóricamente, pues caemos en tentaciones, sobre todo carnales, cayendo en la lujuria y la infidelidad. Por ello es que Blud es un espíritu maligno.

Sin embargo, diccionarios mas antiguos si anotan una relación con” perder el camino”, como en la fotografía anterior, чи тебе блуд напав? – ¿te has vuelto loco?, o la palabra блудило – fuego fatuo; también el verbo блудити – caminar perdido (por ahi), equivocarse; aunque vemos el adjetivo блудящий que se traduce como equivocado, y también como pecaminoso, pecador.

El Pájaro de Fuego – Жар Птиця

Жар-птиця es un ave brillante, en llamas, que proviene de tierras muy lejanas y es tanto una bendición como una maldición para su captor.

Algunos piensan que puede ver el futuro.

En cuentos folclóricos eslavos es la encarnación del dios del trueno. Proviene del “Decimotercer reino” que tiene una tierra increíblemente rica, en donde come manzanas de oro (todo es de oro en ese reino) que le dan juventud eterna, así como belleza e inmortalidad.
Vive en el jardín paradisíaco de Iria en una jaula de oro, y tiene la habilidad de salir durante la noche para iluminar el bello lugar con su fulgor. Esta característica llegó a oídos de los hermanos Grimm, quienes escribieron el cuento “El Pájaro Dorado” en donde sólo el hijo menor del jardinero del rey tiene la inteligencia para atraparlo.

La Strelitzia reginae se conoce como “Ave del Paraíso” y está relacionada con el ave de fuego, si bien se le dio este nombre por la reina Strelitz de Inglaterra

Cuando canta salen perlas de su pico junto con chispas de rayos, y sus canciones son acompañadas por truenos.

Sus plumas son tan bellas que cautivan a cualquier ser humano y, puesto que es un ave de fuego, brillan con destellos de plata y oro (en Ognivak son rojizas), sus alas son como lenguas de fuego y sus ojos brillan como cristales. Tiene el tamaño de un pavorreal.

En algunos otros cuentos eslavos orientales sus plumas brillan con una luz azul y las cañas son carmín, y pueden encender en llamas a cualquiera que las toque. Si eventualmente se le cae alguna, conservará sus facultades de brillar y dar calor durante mucho tiempo, y cuando se le acaban los poderes se convierte en oro.
El Pájaro de Fuego tiene el poder de hacer florear al helecho, y si un ser humano encuentra esta flor durante la noche de Iván Kupala (enlace) se dice que adquirirá la habilidad de ver todos los tesoros del mundo, por mas ocultos que estén.

Han sido escrita una buena cantidad de cuentos folclóricos en los que el Pájaro de fuego es el protagonista principal, también un ballet, y en varios actúa como zmiy (enlace) y secuestra toda una población, pidiendo un impuesto.

Generalmente asigna una difícil misión al héroe del pueblo para liberar a su gente. Esta tarea es inicialmente sencilla: encontrar una pluma caída, pero el héroe (como en el de los hermanos Grimm) decide que si una sola pluma es tan valiosa, deberá mejor capturar al ave. En ocasiones no es idea del héroe, sino por la ambición del rey o el padre.
La mayoría de los cuentos folclóricos que se conocen provienen de la Rus’ de Kyiv, actual Ucrania. Claro que también existen versiones bielorrusas, serbias y de otros pueblos eslavos orientales. No pueden existir cuentos folclóricos de la actual Rusia, pues el tema se basa en seres mitológicos paganos, y Moscú era un pantano entes de la cristianizacion de la Rus’ de Kyiv, y hasta Pedro I, mucho después de esta época.

Como sucede con los cuentos provenientes del folclore, al inicio eran transmitidos de forma oral, como el cuento de Ivan Tsarevich y el lobo gris.

Estatua en honor al cuento de Iván Tsarevich con el Pájaro de fuego y el lobo gris.

Dentro de versiones recientes de cuentos en los que aparece el Pájaro de Fuego como protagonista, encontramos uno de Suzanne Massie, en el que varía un poco la leyenda:
Una muchacha huérfana, amable y modesta, vive en una pequeña aldea.

La gente viene de todos lados a comprar sus bellas vyshyvanky, y muchos comerciantes le ofrecen empleo, que se vaya a trabajar con ellos. Pero ella les contesta que le que venderá lo que produzca, a cualquiera que encuentre bello si trabajo, pero que jamás se irá de su aldea natal.

Un día, el malvado hechicero Kashei el Inmortal escucha sobre la chica y sobre todo sobre su bello trabajo de bordado, y se transforma entonces en un joven mozo guapo y la visita.

Al nomás ver la belleza de sus bordados y con qué habilidad los hacía, se cegó por la ira y la envidia que un mero mortal pueda hacer mejor trabajo que el que el posee.

Intenta tentarla al ofrecerle hacerla su reina si ella borda solamente para él, pero ella insiste en que nunca dejará su aldea y rechaza su oferta.

Esto lo siente el hechicero como un grave insulto a su ego y convierte a Maryushka en un Pájaro de Fuego, y él se transforma asimismo en un gran halcón negro, la toma con sus garras y la saca de la aldea.

Pero la chica, ahora la bella ave, no quiere renunciar a la oportunidad de regresar a su amada aldea y deja caer unas plumas que le indicarán el lugar de su nacimiento y asi poder volver.

Cuando la última pluma cae, Maryshka muere entre las garras del halcón. Las plumas mágicas muestran sus colores únicamente a wuienes aprecian la belleza y están dispuestos a compartirla.


Irina Zheleytova presenta otra versión: el Pájaro de fuego y la Princesa Vasilisa.

En esta versión el arquero de un rey está de cacería, y halla una de las plumas de la mágica ave. El caballo del arquero, que posee el don de la sabiduría, le advierte a su jinete que no la toque, pues le sucederán desgracias. Pero el arquero, cegado, no hace caso a los consejos de su caballo y recoge la pluma, con el fin de llevarla al rey y soñando ser recompensado.

Cuando el rey ve la pluma, exige al arquero que le lleve el ave entera, o lo matará.

El arquero se queja con su caballo, quien le aconseja colocar maíz en un campo y esconderse, y cuando el ave baje a comer, poder capturarla. El plan del caballo da resultado y logran capturar al ave de fuego.

Feliz, el arquero presenta el ave capturada al rey, pero éste le exige ahora que le ayude a flechar a la princesa Vasilisa y así poder contraer matrimonio con ella, a costo de la vida del arquero si se rehusa.

El joven llega a las tierras de la princesa y la emborracha con vino, para poder llevársela al rey. Este se alegra y recompensa al arquero; sin embargo, al despertar, la princesa comienza a llorar.

Le pone al rey condiciones para acceder a casarse con él: solicita un vestido de novia que se encuentra bajo una roca enmedio del mar azul. Naturalmente el rey exige a su arquero que le resuelva este problema, y el joven le llora a su caballo, quien lo ayuda a cumplir esta nueva misión.

Le trae el vestido a la princesa, la que se enoja por haber sido vencida y se rehusa a casarse con el rey a pesar de tener ya el vestido solicitado, a menos que el arquero sea hervido en agua.

Este suplica ver a su caballo antes de ser hervido, y el noble amigo coloca un conjuro sobre su amo para protegerlo del agua hirviendo.

Cuando el muchacho es metido en el agua hirviendo, sale mas joven y como el mozo más guapo que nadie haya visto antes.

El rey quiere ser joven y guapo también y se mete en el agua hirviendo, pero muere hervido. Al arquero es elegido como el nuevo rey, se casa con la princesa y viven felices por siempre.


El concepto de un ave de fuego tiene paralelos en leyendas de Irán, también similareas a pares de Armenia, en las que el Hazaran Blbul, a diferencia de жар-птиця no brilla, sino que hace que toda la tierra floree al cantar.

En el folclore checo se llama Pták Ohnivák (Pájaro como fuego) y aparece en un cuento de hadas de Karel Jaromír Erben, también como objeto de una misión difícil de realizar.

Al inicio de este cuento, el ave roba las manzanas mágicas de oro del rey y es perseguida por sus sirvientes.

En otras versiones ucranianas el Pájaro de Fuego vuela en torno al castillo y baja por la noche para comer las manzanas doradas. Otros dicen que simplemente vuela por el reino, dando esperanza a quienes lo logran ver.

Existen leyendas un poco más complejas en las que el ave escupe perlas por su pico al cantar, que caen en manos de los campesinos para que intercambien por bienes o servicios.

En otras versiones, el rey logra capturar al ave pero ésta sigue comiendo las manzanas desde abajo. Estas manzanas dan juventud y fuerza al que las coma. Los hijos del rey fallan en capturarlo en otras versiones, pero logran quitarle una pluma, que brilla en la oscuridad e ilumina una habitación entera.

Está también el ballet de Igor Stravinsky, estrenado el 29 de junio de 1910 en París, en el que un mago malvado, Koshei, tiene cautivas a 13 princesas; Ivan captura mientras tanto al Pájaro de Fuego, y éste le ruega por su vida, mas el joven lo perdona. Koshei tiene su alma escondida en un huevo en el pantano, y envía a sus ayudantes a matar a Ivan, que se ha enamorado de una de las 13 princesas que intenta liberar. El ave ayuda a Iván a defenderse de los monstruos. El mozo finalmente encuentra el huevo mágico y lo destruye, con lo que mata al hechicero y son liberadas de los embrujos las princesas y todos los seres no-mitológicos de la obra.

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Cuento de DANILKO Y EL PÁJARO DE FUEGO

Hemos mencionado varias leyendas anteriormente, pero esta, de Podilia, llama bastante la atención :

En una aldea vivía una dama, que tenia un pequeño hijo llamado Danilko. El era muy inteligente, amable y atento. Danilko ayudaba en las labores del hogar, e iba a pescar o a cazar para llevar alimentos para él y su madre.

El joven crecía rápidamente, no en años sino en días se puso grande y fuerte, frente a los ojos de su madre.

Los aldeanos estaban muy esperanzados en este joven sobresaliente, pues veían en él un defensor de la ciudad, en la que todos eran o ancianos o muy pequeños.

Todo estaba bien: la gente cosechaba, festejaba y bromeaba. Pero súbitamente llegó un gran problema a la aldea: un gran Pájaro de Fuego estaba devorando todos los cultivos de trigo y centeno. La gente estaba deseperada, pues preveian una gran hambruna.

¿Que podian hacer? Los campesinos lloraban, y se reunieron a ver si se les ocurría algo, pero no podían. Un bello y fuerte joven entra de pronto a la reunión.

-Es Danilko, ¡Nuestro Heroe!, dijo la gente.

El chico se quitó el sombrero, volteó a ver a la gente, y dijo:

“Id a casa, yo os ayudaré”

Danilko tomó una jaula y fue por la noche al campo. Colocó esta escondida en el campo y el mismo se ocultó.

Súbitamente el campo se alumbró con un resplandor dorado, tanto que dañaba la vista.

-¡Pero es un ave de fuego!

Tan pronto el ave bajó a comer el grano que estaba dentro de la jaula oculta, Danilko halo la cuerda y la trampa se cerró.

-“¡He atrapado a esta paloma! ” gritó el joven.

El Pájaro de Fuego rogó a Danilko por su libertad, prometiendo nunca dañar a esta gente. El muchacho la dejó libre, y ella agradeció regalando oro a las personas de esa aldea.

La gente se volvió rica y recompensó a su salvador.

Videos

El Pájaro de Fuego – Ballet completo

Dibujos animados 1984 (en ruso) sobre al cuento de Iván Tsarevich y El Lobo gris

Danza acrobática en Ucrania sobre el Pájaro de fuego

Ballet

Música electrónica inspirada en el Ave mitológica

Жар птиця. Світлана Князєва та Анатолій Буртовий. Лірико-романтична пісня.

Artista Nairobi Prahl

Змій

Змій – Zmiy (Ojo: No Zmey)

Zmiy es el nombre de un dragón (o serpiente) dentro de la mitología ucraniana, contra quien luchó Mykyta Kozhumyaka en una épica batalla dura 3 días y 3 horas, y cuando este héroe estaba a punto de rendirse, recibió un mensaje del cielo y sacó fuerzas de la nada para finalmente derrotarlo.
Podemos leer más en este artículo

Pero leamos algo sobre el simbolismo de la serpiente y su pariente el dragón dentro de la mitología ucraniana:

Vipera nikolskii. Especie endémica de Ucrania

Las serpientes son reptiles, tienen sangre fría, están cubiertas de escamas, y habitan en el agua y en la tierra. Tradicionalmente se dividen en venenosas, llamadas coloquialmente “Víboras” y no venenosas, conocidas en español como “culebras”, y se dividen de esta forma por el uso de sus armas para cazar el alimento. No todas las serpientes son peligrosas, pero casi todas tienen mala reputación.

Las áreas con mayor número de serpientes son los montes Cárpatos, la península de Crimea, las estepas de Ucrania central y oriental, y la Polissia.

En religiones a lo ancho del mundo, las serpientes a menudo jugaron un rol cosmogónico o como un atributo de los dioses creadores de la tierra.

Por ejemplo, en la mitología escandinava, la serpiente Midgard mantiene al planeta en sus brazos, o la serpiente africana Arcoíris descansa su cola en el inframundo, en donde viven los muertos, y por otro lado también alcanza el cielo; el dios hindú Voshny reside en la serpiente de Anat, y el dios Indra mata a la serpiente de Caos del Viento para liberar las aguas que esta cuida; en la mitología norteamericana, un dios toma la imagen de un ave y una serpiente.
En la tradición cristiana se cree que las serpientes, como lobos, se originan de la sangre de Caín, y por consiguiente son dañinas para el ser humano. De acuerdo con las leyes de Moisés, ninguna serpiente está limpia sin importar si es venenosa o no.

Muy a menudo en el cristianismo se relaciona a la serpiente con el demonio, el mayor enemigo de Dios, y por su culpa el hombre perdió el regalo de la vida eterna en el Edén.
Las serpientes se han relacionado con la inmortalidad y con la regeneración y rejuvenecimiento, por su cambio de piel, y en ocasiones se les ve mordiéndose la cola y formando un círculo, o cuando copulan forman espirales, que también se convirtieron en símbolos de la misma alegoría.

La serpiente mordiendo su propia cola es conocida en mitología como Ouroboros, y tiene un simbolismo muy profundo dentro de varias culturas ; previene que el mundo explote en gajos según creencias Dahomeyanas, o reteniendo los mares según los egipcios.

La ouroboros representa el ciclo del año, la renovación de la vida cada primavera y la muerte de ésta cada invierno, la creación de la naturaleza.

En otras culturas las serpientes están presentes en la creación del mundo, del universo. La mitología hindú y china son ejemplos de ello.

El hecho que estos ofidios vivan en madrigueras bajo el suelo, han hecho que ciertos pueblos las relacionen con el inframundo: en la cultura pagana de Ios ancestros de los ucranianos, antes de la cristianización, se veneraba al dios Veles, quien cuidaba el inframundo. El era a menudo representado con la imagen de una serpiente (aunque también como un buey – enlace), o un dragón.

Artículo sobre el Buey, otra representación del dios Veles


El inframundo reside en las raíces del árbol mítico de la vida, que generalmente crecen entre el agua, es resguardado por Veles, el dios-serpiente.
También simbolizan la curación, por la renovación de la vida, y la falta de párpados en estos reptiles, hizo que los primeros humanos los tomaran como seres poseedores de una gran inteligencia y se relacionaran con la sabiduría. Un mito griego menciona al Auescalpius que, junto con sus similares, lamía por la noche las heridas de los enfermos, devolviendo su salud.
Pero retomando el tema de Veles, se ha encontrado una cantidad de frescos e imágenes que representan serpientes siendo veneradas por ser animales devotos al dios Perun (la contraparte de Veles); dichos reptiles habitaban las raíces de robles especiales considerados sagrados. La gente pensaba que poseían poderes mágicos.

En mitos y cuentos folclóricos son descritas como seres de fuego y habitantes de las montañas. Por ejemplo, el dragón Fafnir de la épica germana, vivía en una “casa de hierro” (una montaña), sobre su tesoro escondido bajo tierra. De hecho, el nombre de Zmiy Horynych significa “Serpiente de las montañas”
En Ucrania existía la creencia que las serpientes pasaban el invierno bajo el suelo, lamiendo una roca gris, y si una persona accidentalmente caía en esa cueva, podría salir hasta después de cierto tiempo. Esta creencia generó la costumbre de fabricar artículos de joyería, utilizando oro (especialmente), plata, hierro o cobre, como materiales extraídos de estas cuevas mágicas, y utilizarlos como amuletos con poderes especiales de protección.
Existe la creencia que si una persona se despierta durante la noche sobre una pila de oro, al amanecer se convertirá en un dragón.

Ouroborus

Bajo las raíces del Arbol de la Vida, generalmente un roble, habita el dios Veles, en forma de serpiente, quien vigila el inframundo

Una serpiente puede ser la materialización no sólo del fuego, sino también del agua. Ellas son las propietarias de las aguas terrenales, y también celestiales, otorgando los frutos a la tierra. Junto con estas representaciones se ve un sacrificio ritual de la serpiente que era llevado a cabo por muchas culturas durante tiempos de sequía. En la antigua Ucrania se creia que “Si matas una serpiente, lloverá”

Durante una sequía, los antiguos checos colgaban las serpientes con la cabeza hacia abajo, con lo que hacían que lloviera de arriba hacia abajo.
En Ucrania hay leyendas sobre brujas que roban la humedad celestial y la guardan escondida en vasijas en su ático. Un episodio relata que un trabajador se encontró una de estas vasijas y la abrió, y de ella salieron serpientes, ranas y culebras que ascendieron al cielo, y llovió.
La idea de relacionar uno de estos reptiles con las aguas celestiales es representada en forma de una serpiente-arcoiris.
En el folclore eslavo, la serpiente era relacionada con la fertilidad y simbolizaba el origen masculino. La imagen de este reptil se puede ver en representaciones de estatuillas de mujeres del periodo Tripiliano, sobre su abdomen y muslos. Y en ellas son plasmadas como figuras en forma de diamantes, triangulos, cruces maltesas o esvásticas. Incluso la concepción se relacionaba con la serpiente en la conciencia mitopoética de los eslavos orientales.
(Hablando de símbolos usados en el folclore ucraniano, aconsejamos leer “Simbolismo en la Vyshyvanka y también Simbolismo en las Pysanky )

De acuerdo con algunas creencias, si una persona era mordida por una serpiente venenosa, debía cortar su cabeza y lanzarla lejos del agua, pues es del agua que ellas obtienen sus poderes; de lo contrario, ella reviviría

Mi abuelo ha matado una serpiente, ha cortado su cabeza y la ha lanzado lejos del río, pues si ella toca el agua y bebe, revivirá.


Pero otra creencia afirma que ellas adquieren su poder de las piedras, pues al nacer las pequeñas víboras, la madre inmediatamente las devora, ya que aun no tienen veneno. Pero si las pequeñas se dirigen rápidamente hacia las rocas, nadie las dañará, pues las piedras les otorgan su fuerza ponzoñosa.
La costumbre en la región de los Cárpatos es de colgarlas de un arbol, o revivirán.

Molfar

(Enlace al artículo especial sobre Molfar
Según trabajo reciente de N. A. Mijailov, la palabra “molfar”, que se toma como “chamán” o “mago”, proviene de una palabra eslava antigua Molaver que significa serpiente, vibora, culebra. Pero en el folclore eslavo oriental, esta criatura es mas que un reptil ; es similar a un basilisco.
El molfar es entonces un ser humano que posee y domina los poderes de los basiliscos, y los aplican en sus rituales.
De aquí, la palabra “molfare” y “maleficus” significa “hacer el mal”, “el arte de la brujería” que puede ser explicado como un esfuerzo consciente por la iglesia de distorsionar lo sagrado (pagano) y otorgar un significado arcaico cono la palabra de Satanás, de mal y daño.

Lo mismo se aplica a la serpiente, a la que el cristianismo dió un sentido casi tabú, transformada en un ser demoníaco, la personificación de la amenaza, del peligro, de la oscuridad, caos y muerte.

De acuerdo con L. Musikhin:

Los magos de los Cárpatos son conocidos por la tradición de leer la fortuna por medio de cortar pan sobre una vibora, y para ello se internan en el bosque en días específicos, buscan ciertas víboras y las llevan a casa, encienden fuego en la estufa y lanzan la serpiente en él.
En esta hoguera también queman pan con una cuchara con sal, y ven signos de si la persona que solicita la visión esta destinada a vivir en pareja, según la forma como el pan se consume en el fuego; si es asi, deberá ir a la cama directamente sin hablar con nadie, y dar agua a aquel con quien ella quiere pasar el resto de su vida.


En la Hutsulshchyna el culto a la serpiente está conectado con un lugar místico: El Lago de las Serpientes.

De acuerdo con la leyenda, el planeta entero vive en él, eso es, los espíritus impuros de las almas de pecadores son mantenidas aquí, y suben a las nubes salpicadas por rocas que sueltan los cascos de los caballos negros de guerreros, y son transportadas luego y arrojadas sobre los pueblos en forma de granizo, para su desgracia. “


Se piensa en creencias populares hutsules que existe una serpiente blanca que puede hacer invisible a una persona, y le da el poder de ver lo que otros no pueden.

Si se corta la cabeza de la serpiente blanca y se ve a través de su craneo, por el ojo derecho, la persona se hará invisible, comprenderá el lenguaje de las aves, y si se untan los ojos con su grasa, la persona podrá ver todos los tesoros de la tierra, estén ocultos o no.

Algunas fuentes indican que la carne de cualquier serpiente dará el conocimiento de las hierbas curativas.

ZMIY HORYNYCH – ЗМІЙ

Es una criatura relacionada comúnmente con un dragón.
Pero la palabra “dragón” proviene del griego, y en este idioma significa “serpiente”. En muchas fábulas ambas palabras son sinónimos. De hecho, el nombre Змій en ucraniano, tiene relación con змія – Zmiya, que significa “serpiente”.

Al igual que las serpientes, los dragones son conectados con el mal, con el demonio, con la muerte.
Según los hutsules de los Cárpatos, son criaturas enviadas por los dioses para ver si los hombres rezan.
Pero leamos un poco sobre el dragón de los eslavos: este se divide en dos tipos, el eslavo oriental y el eslavo del sur.

El eslavo del sur puede a su vez ser dividido también en dos: el Zmaj, Zmij o Zmiy, y el Aždaja o Aždaha. Y el eslavo oriental, el ucraniano, que es llamado “Zmiy Horynych”.

Este último es el conocido en Ucrania. Tiene 3 cabezas y según algunas leyendas, estas pueden volver a crecer al ser cortadas, asi como las colas de las lagartijas o la Hidra de la mitología griega.
Esta cubierto de escamas verdes y camina sobre sus cuatro patas. Las frontales son mucho mas pequeñas que las traseras.
Posee la habilidad de respirar fuego, y este es letal, si lo logra alcanzar a uno.
Zmiy Horynych es malvado, pero no es muy inteligente, aunque lo suficiente para engañar a sus víctimas, pero no para escapar de una trampa obvia.

También tiene grandes alas, y la única forma de vencerlo es cortando las tres cabezas antes que vuelvan a salir. Y pueden volver a salir mientras quede una, o sea que hay que cortar las 3 de un solo tajo.
Zmiy Gorynych fue vencido, según el cuento folclórico, por Mykyta Kozhumyaka, conocido también como Dobrynya Nikitich (enlace) y solo fue luego de 3 dias y 3 horas de combate.

El dragón de los eslavos del sur, Smaj, Zmaj, tiene una gran influencia mongola, de la “Horda de oro” (enlace). Se puede encontrar en el folclore esloveno, y aparece en el escudo de armas de Ljubljana, su capital. Se les relaciona con las leyendas de San Jorge, y es similar a Zmiy. Aunque a diferencia de este último, estos dragones son muy inteligentes, pues tienen gran conocimiento del presente, futuro y pasado. También son benevolentes y no siempre dañan a los humanos, como por ejemplo el dragón que protege a Ljunljana, que protege la ciudad de sus enemigos.

El Zmaj respira también fuego, y también tiene poderes mágicos. Tiene gran fuerza y se dice que es muy rico. Guarda joyas, oro, y muchos bienes que conserva en un gran castillo.
Puede tener hijos con mujeres humanas, y muchos héroes de la mitología son producto de estas relaciones. Si una persona adquiría fama, era prontamente relacionada con este dragón.
Un ejemplo es Vlad III Dracula, quien era de la orden del dragón. Muchos héroes dragones combatieron contra invasores turcos, mongoles, u Otomanos.

El último dragón de la lista eslava es Aždaja, que no es considerado siempre como tal, sino exactamente lo opuesto. No es capaz de hacer el bien y está lleno de magia negra. Habita lugares formidables, oscuros e inhóspitos. Algunos folcloristas dicen que San Jorge no derrotó a un Zmaj, sino a esta criatura.
Aždaja también respira fuego y tiene entre 3 y 9 cabezas, según cada leyenda local.
Es lógico pensar que los dragones son la representación folclórica-poética del enemigo. Un dragón con tres cabezas podría representar un ejército enemigo que luchara desde tres frentes.

Gusanos, Larvas

Las larvas de dípteros que consumen los cadáveres de animales y humanos, las lombrices y larvas de insectos que habitan reservorios de aguas estancadas, y larvas que consumen los excrementos humanos y animales, eran consideradas por los humanos de las civilizaciones antiguas dentro del mismo grupo animal que las serpientes.
Por ello es que algunas creencias conectan a los ofidios con la muerte, la putrefacción y la maldad.
Se decía que la gota, una enfermedad que afectaba a millones de personas durante los siglos XVII y XVIII, era causada por un gusano llamado Fillan, o también la caries dental, que se decía que era producida por miles de pequeñas serpientes (larvas) que se introducían en los dientes.

Las serpientes, al ser de sangre fría, necesitan obtener calor y energía del sol para poder desenvolverse adecuadamente en su medio, y además viven en agujeros en la tierra; al mismo tiempo, un suelo fértil generalmente es abundante en lombrices de tierra. Por ello relacionaron las serpientes y lombrices con los dioses de la fertilidad, de la comida. Es decir que, para los antiguos habitantes de Europa Oriental, estos animales no eran siempre malos.

Enlace al artículo de “San Jorge Matadragones”

Video

Un video con las obras de la artista Nairobi Prahl inspiradas en el. Contenidonde este articulo

Fuentes

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http://gukr.com/article1148.html